domingo, 25 de mayo de 2014

Apuntes histórico-artísticos sobre la antigua iglesia de San Sebastián de Guadalcanal (3 de 3)


Por Salvador Hernández González. Revista de Guadalcanal

Por desgracia las obras mencionadas en estas noticias documentales han desaparecido, como todas las que se repartían por los muros del templo que nos ocupa. Gracias a un inventario de 1924[1] y a los trabajos del doctor Gordón Bernabé[2] y de los profesores  Hernández Díaz y Sancho Corbacho[3] podemos hacernos una idea de este patrimonio perdido y su situación en el templo.
Presidía el presbiterio el retablo mayor ejecutado por Mateo Méndez. Su estructura arquitectónica, muy clasicista, a tono con la sobriedad ornamental y rigor arquitectónico propios de la retablística de la primera mitad del siglo XVII, constaba de banco, dos cuerpos divididos en cinco calles y ático, distribuyéndose por sus registros tanto pinturas en lienzos encuadradas en cajas rectangulares como esculturas exentas cobijadas en hornacinas semicirculares. De este modo, en las hornacinas centrales del primer cuerpo figuraban el Titular, acompañado por San Joaquín y San Roque, situándose en el centro del segundo cuerpo la imagen de la Dolorosa, al tiempo que por las calles laterales se repartían diversas pinturas, como las de la Huída a Egipto, el Arcángel San Rafael y la Imposición de la Casulla a San Ildefonso.

Dentro del arco que daba acceso a la sacristía se ubicaba el retablo de San Juan de Dios, en el que figuraban un lienzo del Titular y una pequeña imagen de la Dolorosa. A la altura del arco toral - que daba acceso a la capilla mayor- se situaba el retablo de Animas, con lienzo de este tema y coronado por otra pintura con la Virgen de Montserrat.
La capilla del Sagrario se cerraba con reja de hierro forjado y albergaba un retablo de fines del siglo XVIII, dorado, presidido por la imagen de San José, más las efigies de San Rafael y Santa Catalina, situándose en el ático el Crucificado, acompañado por San Francisco de Asís y Santa Teresa de Jesús. El tabernáculo sacramental, flanqueado por dos esculturas del Niño Jesús, se ornamentaba con cornucopias y mostraba en su portezuela un cuadro de cristal con la Dolorosa. En otro retablo lateral dentro de la misma capilla recibía culto la primitiva imagen de Jesús Nazareno, acompañado por las de San Juan Evangelista y Santa María Magdalena, más otra efigie del Niño Jesús, denominado el Niño Perdido. Esta capilla fue al parecer fundada por Diego Ramos, natural de la localidad, quien en su testamento, otorgado el 31 de Octubre de 1573, dejó encargado que se hiciese la cubierta abovedada y que sobre su altar de piedra labrada se colocase un retablo, dejando para ello la suma de 1.000 ducados[4].
Siguiendo por el muro de la nave, el retablo de la Inmaculada mostraba una pintura de esta advocación mariana y una pequeña imagen de San Roque. A continuación se situaba el de Santiago, compuesto por tres pinturas que representaban al titular, San Lorenzo y la Virgen, respectivamente.

Ya en el muro contrario, una vez pasada la puerta del templo, se encontraba la capilla del Resucitado, cerrada con verja y con retablo integrado por tres pinturas: la Resurrección del Señor, Santa Ana y San Pedro. En los muros laterales y dentro de dos hornacinas se contemplaban las imágenes de San Diego de Alcalá y San Juan Nepomuceno.
A la altura del arco toral y haciendo pareja con el de Animas, se situaba otro retablo con la imagen de la Virgen del Reposo.
El retablo de San Antonio, con pintura de este santo, se ubicaba dentro de la pequeña capilla que vimos se comunicaba con el presbiterio, la cual podría identificarse con la perteneciente a Gonzalo Xuárez y sus herederos, que la compraron por 200 ducados con el fin de ser enterrados en ella[5].
Para finalizar, señalaremos que la parroquia contaba con algunas piezas de orfebrería de interés, como una interesante caja–copón de fines del siglo XV, un copón de principios del siglo XVII y la custodia procesional, de fines del siglo XVIII y compuesta por tres cuerpos con columnillas decoradas con motivos rocalla. Los fondos documentales del archivo parroquial de San Sebastián se conservan integrados -junto con documentación procedente de Santa Ana- en el de la parroquia de Santa María, arrancando su cronología desde mediados del siglo XVI[6].

 



[1] ARCHIVO GENERAL DEL ARZOBISPADO DE SEVILLA, sección IV (Administración General), serie Inventarios, legajo 693.
[2] GORDON BERNABE, Antonio: “La Iglesia de San Sebastián”, en Revista de Guadalcanal (1985), s.p.
[3] HERNANDEZ DÍAZ, José; SANCHO CORBACHO, Antonio: Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla. Sevilla, 1937 Págs. 126-128.
[4] FLORES GUERRERO, Pilar: ”El arte del Priorato...”,  pág. 482,
[5] ídem, pág. 481
[6] V. V. A. A. .Catálogo de los archivos parroquiales de la provincia de Sevilla, Banesto, Sevilla, 1992, Vol. I, págs. 561-574.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Apuntes histórico-artísticos sobre la antigua iglesia de San Sebastián de Guadalcanal (2 de 3)


Por Salvador Hernández González. Revista de Guadalcanal

      Otra capilla, que en su día fue la del Sagrario, se abre al primer tramo de la nave, vecino del arco toral que conduce a la cabecera del templo. De planta cuadrada, su cubierta es también una bóveda estrellada con terceletes, cuya plementería todavía muestra restos de la decoración pictórica barroca con la que se la enriqueció en una reforma posterior, tal vez del siglo XVIII, a la que también debe corresponder la bóveda de medio cañón con arcos fajones que cubre la nave lateral.
     En definitiva, nos encontramos en el templo de San Sebastián con una combinación de elementos estilísticos del gótico, mudéjar, renacimiento y barroco. El esquema de nave única articulada por medio de arcos transversales apuntados y cubierta con techumbre de madera es muy representativo no sólo de la arquitectura medieval de la comarca, sino también de otras zonas vecinas, como las sierras de Huelva y Córdoba, teniendo en Guadalcanal otra buena muestra del mismo en la parroquia de Santa Ana, de la que nos ocuparemos en otra ocasión. De construcción rápida y barata por los materiales empleados -ladrillo y madera-, este modelo de templos serranos, todavía mal estudiados y que parecen ponerse de moda a partir de 1400, se va a extender a otras zonas, como las comarcas levantinas y las tierras del reino de Granada, zona esta última donde a raíz de la reconquista y bajo la iniciativa de los Reyes Católicos se van a levantar iglesias de estas mismas características. Otro elemento muy habitual en este tipo de templos de la sierra es la torre -fachada-, cuyo fuste o caña arranca sobre el ingreso situado a los pies de la nave, componiendo un imafronte de gran verticalidad de líneas al unir visualmente con gran sentido ascensional la entrada y el campanario, aunque en el caso de la iglesia de San Sebastián las transformaciones sufridas por dichos elementos han acabado por desdibujar el modelo originario[1].
Por su parte, la estética gótica, en su fase más tardía y decadente, prolongando el agonizante estilo ojival hasta prácticamente los años centrales del siglo XVI, se manifiesta en las ya descritas bóvedas estrelladas del presbiterio y capillas laterales. El Renacimiento aparece tímidamente en la decoración heráldica de las nervaduras de la capilla mayor y en las ménsulas e impostas de las que arrancan y finalmente, el barroco asoma, aparte de la decoración pictórica de la antigua capilla del Sagrario, en la portada del edificio, compuesta por sencillo vano adintelado encuadrado entre pilastras y coronado por frontón recto y roto. Las reformas barrocas trajeron de la mano otras intervenciones, de cuya visión nos han privado los avatares sufridos por el templo, como la reparación del artesonado de la nave y la construcción de unas puertas nuevas para la capilla bautismal por parte del carpintero Jerónimo Espino en 1778, fecha también en la que el alarife Francisco de Ávila contrata la ejecución de la bóveda de dicha capilla y otros reparos[2].

3. EL DESAPARECIDO PATRIMONIO ARTÍSTICO.
La antigua parroquia de San Sebastián fue cobijando entre sus muros un completo patrimonio artístico integrado por retablos, esculturas, pinturas, piezas de orfebrería y ornamentos sagrados de diferente época y estilo, en su mayoría destruidos en los lamentables sucesos de 1936.

Ya desde los mismos días de la construcción del templo la Orden de Santiago se fue preocupando de dotarlo del correspondiente ajuar litúrgico. Así, la Visita Canónica de 1494 nos proporciona un minucioso listado de vasos sagrados y ornamentos, al tiempo que se señala la existencia de dos altares: el mayor, presidido por la escultura del Titular, «hecha de bulto, de madera», y otro dedicado a la Virgen, «de bulto, con su hijo en brazos, de madera, bien pintada e dorada»[3] .
Ya en el siglo XVI se anotan algunos encargos de obras para esta iglesia. Entre 1514 y 1515 el pintor Antón de Madrid se ocupa en la realización de un retablo[4], seguramente el mayor, que en la Visita de 1549 se describe como de talla dorada y valorado en 17.000 maravedís[5]. Años después, entre 1565 y 1566 el escultor Juan de Valencia, activo en Llerena, ejecuta una nueva imagen de San Sebastián, cuyo pago aún no se había producido en su totalidad en 1571[6].


En la Visita Canónica de 1575 se consignan diversos pagos al platero Alonso Pérez el  Mayor y se señala que el rejero Domingo Hernández, avecindado en Guadalcanal, tiene cobrados más de 100.000 maravedís, importe de la reja que hizo para la capilla de Diego Ramos en el propio templo[7]. Dentro de este campo de la rejería habría que recordar la reja de la capilla del clérigo Melchor Suárez, obra del segundo tercio del Quinientos y que, procedente de este templo, se halla colocada hoy día en la parroquia de Santa María, cerrando la capilla del primer tramo de la nave derecha o de la Epístola[8]. Y a fines del siglo, el 20 de agosto de 1587 Alonso Ramos en representación del difunto Fernando Ramos y con destino a la capilla funeraria de este último, concertaba con el escultor Juan Bautista Vázquez el Mozo, la ejecución de un retablo compuesto por banco, un cuerpo y ático, presidiendo el conjunto un grupo escultórico del Calvario y situándose en las calles laterales las efigies de San Juan Bautista y San Benito[9]. De este desaparecido retablo proceden, en opinión del profesor Palomero Páramo, dos relieves con las figuras de los citados santos y un Crucificado que hoy día forman parte de un retablo compuesto por elementos de acarreo y situado a los pies de la nave en la parroquia de Santiago de la vecina localidad de Llerena[10].
El siglo XVII contempla la ejecución de un nuevo retablo mayor, contratado en 1639 con el escultor Mateo Méndez, de la citada localidad de Llerena, quien también ejecutó el de la parroquia de Santa María y el del convento del Espíritu Santo en nuestra villa[11].




[1] ANGULO IÑIGUEZ, Diego: Arquitectura mudéjar sevillana…, pág. 157

[2] VILLA NOGALES, Fernando de la; MIRA CABALLOS, Esteban: Documentos inéditos para la Historia del Arte en la provincia de Sevilla, 1993. Págs. 14 y 67
[3] MUÑOZ TORRADO, Antonio: “Visitas hechas a los pueblos…, pág. 91; MENDEZ VENEGAS, Eladio: “Una Visita de la Orden de Santiago al Provisorato de Llerena de la Diócesis de Mérida-Badajoz: aspectos artísticos e ella señalados”, en Memoria Ecclesiae, vol  XVII (Arte y archivos de la Iglesia, II). Oviedo 2000. Pág. 452.
[4] SOLÍS RODRÍGUEZ, Carmelo: “Escultura y pintura del siglo XVI” en Historia de la Baja Extremadura, vol II. Badajoz, 1986. Pág. 604.
[5] FLORES GUERRERO, Pilar: “El arte del Priorato…” pág. 481.
[6] SOLÍS RODRIGUEZ, Carmelo: “Escultura y pintura…” , pág, 582.
[7] TEJADA VIZUETE, Francisco: “Artes suntuarias en la Baja Extremadura en los siglos XVI y XVII”, en Historia de la Baja  Extremadura, op. cit., págs. 782 y 804,
[8] ídem, pág. 806; MATA TORRES, Josefa La rejería sevillana en el siglo XVI. Diputación Provincial de Sevilla, 2001. Págs, 297-298.

[9] LOPEZ MARTÍNEZ, Celestino: Desde Jerónimo Hernández hasta Martínez Montañés. Sevilla, 1929. Págs. 120-121.
[10] PALOMERO PARAMO, Jesús Miguel: El retablo sevillano del Renacimiento: análisis y evolución (1560-1629). Diputación Provincial de Sevilla, 1982. Pág. 339.
[11] MENSAQUE URBANO, Julia: “El mecenazgo artístico del indiano Alonso González de la Pava en Guadalcanal”, en Andalucía y América en el siglo XVII. Actas de las III Jornadas de Andalucía y América. Sevilla, 1985. Vol. II, pág. 64. 

domingo, 18 de mayo de 2014

Apuntes histórico-artísticos sobre la antigua iglesia de San Sebastián de Guadalcanal (1 de 3)

Por Salvador Hernández González. Revista Guadalcanal


1.  INTRODUCCIÓN.

Como es de todos conocido, el mercado de abastos de Guadalcanal cuenta con la particularidad de hallarse instalado en el inmueble de la antigua parroquia de San Sebastián, edificio de gran interés arquitectónico pero de poco conocida historia y hoy totalmente vacío de su primigenio patrimonio artístico a raíz de los desgraciados sucesos de la Guerra Civil.
            Siguiendo nuestra línea de puesta en valor del elenco monumental de la localidad queremos trazar en esta ocasión una visión panorámica de la historia y el arte de este templo, engarzando una serie de datos sobre sus vicisitudes históricas con la descripción de sus valores arquitectónicos y la evocación de las piezas artísticas desaparecidas que ornamentaron su hoy vacío interior, que a pesar de todo constituye una destacada muestra de la arquitectura medieval de la comarca de la Sierra Norte.
            
2. DESCRIPCIÓN ARQUITECTÓNICA.

Tal como ha llegado a nuestros días, la arquitectura de la Iglesia de San Sebastián revela las diferentes etapas por las que atravesó su construcción y los estilos en boga en cada una de ellas, en un largo proceso que arrancando de las postrimerías de la Baja Edad Media llega a alcanzar incluso el Barroco, determinando por ende la combinación de elementos de distinta cronología y filiación estilística.

Las noticias documentales más antiguas que conocemos nos hablan de su fundación por el maestre Don Alonso de Cárdenas en torno a la década de los ochenta del siglo XV y muestran el templo en obras ya en los años finales de la centuria. En efecto, el informe de la Visita Canónica de 1494 señala que el templo se está construyendo con las limosnas de los vecinos y el dinero procedente de la asignación de sepulturas, quedando por cubrir una parte de la iglesia, que constaba de tres naves separadas por medio de arcos de ladrillo y cal; cuyas techumbres eran a base de madera tosca con cañas y barro y teja encima, situándose en la cabecera el presbiterio, cubierto con bóveda[1]. En definitiva, un edificio que seguía la tipología gótico-mudéjar de templo basilical cubierto con techumbre lignaria en las naves y capilla mayor abovedada, modelo al que obedece en la misma localidad la parroquia de Santa María.
Sin embargo, a mediados del siglo XVI se van a acometer importantes obras, responsables de buena parte de su fisonomía actual, por cuanto las tres naves que componían la iglesia de San Sebastián se van a reducir a una sola, al tiempo que se levantará un nuevo presbiterio o capilla mayor. En 1549 se está cubriendo la nave con techumbre de madera de castaño, con vigas talladas y racimos dorados[2], siguiendo los modelos mudéjares de la denominada carpintería de lo blanco, especializada en levantar los genéricamente denominados «artesonados» tan propios de la arquitectura española y que se hallan presentes en no pocos de nuestros templos y palacios. Por su parte, la capilla mayor se construyó a mediados del siglo, hallándose ya abovedada en 1575, año en que no sólo se levantó la sacristía que se techó con madera de pino y ladrillos por tabla, sino que también se abordó la ampliación del templo, empeño en el que se tropezó con la falta de espacio y que pudo solucionarse mediante la incorporación del solar de un antiguo hospital vecino, espacio en el que se incluía una pequeña capilla puesta bajo la advocación de Santiago y en la que celebraba sus cultos la hermandad del mismo nombre[3].

En definitiva, estas intervenciones quinientistas son las responsables del templo que nos ha llegado a nuestros días[4]. Construido en mampuesto y ladrillo, su nave principal a la que se le adosa otra lateral en el lado izquierdo o del Evangelio, de gran elegancia a causa de su gran elevación, se divide en cuatro tramos el primero desviado del eje del edificio por medio de arcos transversales apuntados de gran luz que apean sobre pilastras adosadas al muro, muy esbeltas y con capiteles muy sencillos, cubriéndose hasta hace unos años con techumbre de madera, sustituida por la cubierta actual, dispuesta a dos aguas y que mantiene el recuerdo de la primitiva en la utilización de los maderos. Por su parte, el presbiterio, igualmente desviado en relación al eje longitudinal de la nave y al que se accede a través de arco toral o triunfal apuntado y perfilado por dos sencillos baquetones, se cubre con bóveda estrellada, compuesta por dos nervios diagonales que al unirse entre sí por medio de otros nervios secundarios -los terceletes- dibujan una estrella de cuatro puntas, dentro de la que se inscribe un círculo . Las nervaduras que componen la bóveda que acabamos de describir muestran en sus uniones una serie de rosetas decoradas con interesantes temas heráldicos que, no hemos podido estudiar debidamente por su gran altura, pero que tal vez aludan al Priorato de San Marcos de León y a la Orden de Santiago, arrancando dichos nervios de ménsulas decoradas con relieves que representan los símbolos de los Evangelistas, unidas entre sí por medio de sendas impostas que recorren solamente los muros laterales del presbiterio, desapareciendo en el muro del testero a causa de la colocación del retablo que en su día ocupaba su superficie. En uno de dichos muros laterales se abre el ingreso a una pequeña capilla, cubierta igualmente con bóveda estrellada pero de diseño mucho más simple, parecido a dos puntas de arpón unidas por sus vértices.





[1] MUÑOZ TORRADO, Antonio: Visitas hechas a los pueblos de Andalucía, León y Extremadura de la referida Orden (de Santiago), en Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, tomo IX, n.º 47     (1925), pág. 91.
[2] FLORES GUERRERO, Pilar: El arte del Priorato de San Marcos de León de la Orden de Santiago en los siglos XV y XVI: arquitectura religiosa. Universidad Complutense, Madrid, 1987. Vol. 1, pág. 480.
[3] Ídem, págs. 480-481
[4] HERNÁNDEZ DÍAZ, José; SANCHO CORBACHO, Antonio; COLLANTES TERÁN, Francisco: Catálogo arqueológico y artístico de la provincia de Sevilla, Vol. IV Sevilla, 1955. Págs. 220-223; V. V. A. A.: Guía artística de Sevilla y su provincia. Diputación Provincial de Sevilla, 1981. Pág. 582-583; Inventario artístico de Sevilla y su provincia. Madrid, 1982. Vol. 1, pág. 160; Edificios de tradición mudéjar en Andalucía. Consejería de Cultura, Sevilla, 2000. Págs. 85 -86; ANGULO IÑIGUEZ, Diego: Arquitectura mudéjar sevillana de los siglos XIII; XIV y XV Ayuntamiento de Sevilla, 1983. Pág. 130.

jueves, 15 de mayo de 2014

Documentación sobre Guadalcanal en el archivo de la Real Chancillería de Granada (2 de 2)

Por Salvador Hernández González  – Revista Guadalcanal 2008


Otra fuente de conflictos fueron las relaciones entre el Concejo y el Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla, institución a la que en 1540 el Emperador Carlos I vendió la mitad de las rentas de la encomienda de Guadalcanal y la totalidad de las que les correspondían a la Mesa Maestral[1]. De esta forma en 1544 el hospital sevillano litigaba con el Ayuntamiento de nuestra villa a propósito de la gestión del oficio de escribano público [2]. Tres años después, ambas instituciones volvían a enfrentarse sobre la pretensión que tenía el hospital de cobrar cuatro celemines de cebada por vecino[3]. Y a fines de la centuria, en 1574, el tema objeto de conflicto volvía a ser el arancel que cobraban los escribanos públicos[4].

La citada institución de la encomienda de Guadalcanal está también presente en los autos judiciales de la Chancillería granadina. De este modo, en 1501 Don Fadrique Enríquez, comendador de la Orden de Santiago en Guadalcanal, litigaba con Alonso Ortega sobre un molino propiedad de la encomienda[5]. Cinco años después, el mismo comendador demandaba a Juan Jiménez de Lacallalengua [sic], vecino de dicha villa, por cierta renta [6].

Igualmente son numerosos los casos de conflictos entre particulares, especialmente sobre temas económicos y propiedades inmuebles. De este modo, entre 1528 y 1534 se desarrolla el litigio iniciado por Juan Jiménez y Teresa de Ortega contra Francisco López sobre la propiedad del agua de una fuente[7]. En la siguiente centuria menudean las denuncias. Así en 1604 Rodrigo Castillo Ramos, vecino de Guadalcanal, demandaba a los marqueses de Villanueva del Fresno a cuenta de los retrasos de los intereses de un censo o tributo[8]. Tres años después, el ya citado Alonso Ramos el Rico demandaba a Jerónimo Ortega Valencia sobre el cobro de la cantidad principal e intereses de un tributo[9]. Por último, en 1782 Juan Sánchez Romero, vecino de Guadalcanal, litigaba con Diego Sánchez Romero sobre el pago de unas casas[10].

Una institución tan típica de la época como fueron los mayorazgos aflora en estos autos judiciales. En este sentido, tenemos el pleito de 1737 de Rodrigo Guillermo Aranda Castro y Sotomayor, contra Francisco de Maeda, sobre parte de los bienes del vínculo y mayorazgo que fundaron Francisco Jiménez de Sotomayor y su mujer en 1646[11]. Y en la misma línea, en 1764 Doña Rafaela Villalobos Ortega, marquesa viuda de la Vega, vecina de la villa de Guadalcanal, obtenía una Real Provisión en el pleito que mantenía, en representación de sus hijos, con Doña Antonia Micaela Tobalina Dávalos, vecina de Badajoz y abuela paterna de éstos, sobre el pago de alimentos correspondiente a unos mayorazgos[12].

Por último, habría que referirse a los numerosos pleitos de la sección de Hidalguía, incoados por aquellos vecinos que querían probar su condición de hidalgos para así lograr no sólo ventajas fiscales al ser eximido del cobro de impuestos, sino también el reconocimiento de su nuevo status social como miembros de la baja nobleza. El afán pleitista de los siglos de la Edad Moderna inundó el tribunal de la Chancillería de un océano documental de probanzas, reclamaciones, etc., que constituyen una fuente documental de gran valor para el estudio de la genealogía y la historia familiar. Muchos vecinos de Guadalcanal participaron de este prurito de ennoblecimiento al iniciar autos de hidalguía en el tribunal granadino. Sus nombres se pueden localizar en el catálogo de la sección específica elaborado por Pilar Núñez Alonso[13], a donde remitimos al lector interesado para no desbordar los límites de este artículo, con el que hemos pretendido, en definitiva, llamar la atención sobre las posibilidades que para la investigación de la historia de Guadalcanal ofrece este archivo granadino de tan abrumadora riqueza documental.

  




[1] MALDONADO FERNANDEZ, Manuel: “Economía y sociedad en Guadalcanal durante el Antiguo Régimen”, en Revista de Guadalcanal (2003), págs. 37 – 38.
[2] Caja 1487, pieza 7.
[3] Caja 117, pieza 13.
[4] Caja 1515, pieza 5.
[5] Caja 548, pieza 18.
[6] Caja 5394, pieza 1.
[7] Caja 1922, pieza 10.
[8] Caja 1810, pieza 5.
[9] Caja 2080, pieza 27.
[10] Caja 1787, pieza 2.
[11] Caja 732, pieza 8.
[12] Caja 9124, pieza 10.
[13] NUÑEZ ALONSO, Pilar: Archivo de la Real Chancillería de Granada. Inventario de la Sección de Hidalguía. (2 vols.). Real Maestranza de Caballería de Granada, 1985.

lunes, 12 de mayo de 2014

Documentación sobre Guadalcanal en el archivo de la Real Chancillería de Granada (1 de 2)

 Salvador Hernández González  – Revista Guadalcanal 2008


El Archivo de la Real Chancillería de Granada conserva entre sus fondos un importante volumen de documentación de interés para la historia de Guadalcanal, dada la extensión territorial de la jurisdicción judicial ejercida por dicho organismo durante el Antiguo Régimen. Por ello, para entender la presencia de estos documentos en este archivo radicado en la capital de la Alhambra, conviene que tracemos una semblanza de la historia de este organismo judicial de tan amplia extensión territorial [1] .

El tribunal de la Real Chancillería de tuvo su origen en el denominado Tribunal de Oidores, que era itinerante en principio. Los Reyes Católicos intentaron poner fin al desorden que la administración judicial había padecido Castilla, por lo que la Real Chancillería se estableció de manera definitiva en Valladolid, rigiéndose para su gobierno con las ordenanzas dadas en Medina del Campo en 1489. Como la jurisdicción de este órgano judicial era muy grande, se creó otro tribunal similar en Ciudad Real, dotado con ordenanzas propias en 1494. La jurisdicción de cada uno de estos tribunales  venía separada por el río Tajo, correspondiendo los territorios situados al norte de este curso fluvial al tribunal de Valladolid y los del sur al de Ciudad Real. Sin embargo, por real provisión del 20 de septiembre de 1500 se ordena el traslado a Granada del Tribunal de Ciudad Real, lo que no se ejecutó hasta 1505. La que a partir de ahora se conocerá como Chancillería de Granada tenía una amplia jurisdicción, que se extendía a toda Andalucía, Reino de Murcia, La Mancha, Extremadura y Canarias. Y al mismo tiempo le fueron concedidos grandes prerrogativas y privilegios extraordinarios, confirmados y ampliados por distintos monarcas en épocas posteriores. Era el Tribunal Superior de Justicia en el que se conocía en apelación todas las causas de los jueces de provincia que estaban dentro de su distrito y, privativamente, de los de hidalguía y bienes de los Mayorazgos. A finales del siglo XVIII la creación de la Real Audiencia de Extremadura, con sede en Cáceres, desgajó del tribunal granadino la jurisdicción judicial sobre los territorios extremeños, a los que como es sabido perteneció Guadalcanal hasta el siglo XIX.

La historia del Archivo va de la mano con la propia institución. Como parte inherente de la Chancillería compartió hasta la extinción de este organismo en 1834 sus ubicaciones, primero en Ciudad Real y desde 1505 en Granada, donde pasó por diversos emplazamientos hasta ocupar finalmente el edificio renacentista de la Plaza Nueva. El gran volumen de documentación generado por este organismo judicial, con la consiguiente necesidad de tratamiento archivístico de sus fondos, hizo que en 1906 este archivo judicial pasase a ser atendido por el Cuerpo Facultativo de Archiveros. Sin embargo, lo obsoleto de las instalaciones motivó su traslado en 1963 a la remodelada Casa del Padre Suárez, inaugurándose esta nueva sede en 1966. Pero pronto estas instalaciones revelaron sus carencias y problemas, solucionados con una profunda intervención en el edificio en el año 2000, que dio como resultado un edificio de nueva planta que reproduce en su aspecto exterior la fachada del antiguo, del que perduran sólo algunas dependencias de especial interés artístico. Con motivo de estas obras los fondos se trasladaron a una sede provisional, compartida con el Archivo Histórico Provincial de Granada, hasta que recientemente han vuelto a la remodelada Casa del Padre Suárez, donde este rico depósito documental goza ahora de unas magníficas instalaciones.

Pasando ya al comentario de los fondos relativos a Guadalcanal, el grueso de la documentación se centra obviamente en la sección de Pleitos, dada la naturaleza judicial de la institución que originó esta documentación. Dentro de estos densos autos judiciales podemos establecer dos grandes bloques temáticos en función de su naturaleza: los pleitos eclesiásticos y los pleitos civiles.

Pleitos eclesiásticos.

El afán legalista de las instituciones eclesiásticas del Antiguo Régimen en la defensa de sus intereses les llevaba a iniciar actuaciones judiciales que en muchas ocasiones desbordaban el marco de la propia justicia eclesiástica y sus organismos propios – curias diocesanas, provisoratos, etc. – para desembocar en el la jurisdicción civil, a quien se le pedía la última palabra sobre las cuestiones planteadas. Este es el caso del litigio de 1646 entre el Provisor y Vicario General de la Orden de Santiago, residente en la vecina localidad de Llerena, y el Concejo de Guadalcanal, a cuenta de ciertos bienes pertenecientes a frailes adscritos al convento de San Marcos de León, de la propia orden militar santiaguista [2].

Otras veces sucedía a la inversa, cuando los particulares pleiteaban contra las instituciones eclesiásticas, especialmente en relación con la propiedad inmobiliaria. Así en 1566 Alonso Gálvez litigaba con la Iglesia Mayor de Santa María de Guadalcanal sobre la sucesión y propiedad de unas casas vinculadas al mayorazgo fundado por el cura Juan Muñoz [3]. Y en 1761 Diego de Morales y Tejedo, como marido de María de Arjona Boza, demandaba a los conventos de monjas de la localidad a propósito de una herencia [4].


Pleitos civiles.

El Concejo de Guadalcanal se revela como decidido valedor de los intereses de la villa, especialmente en lo que afecta a las rentas y bienes municipales [5]. Así en fecha tan temprana como 1529 el Ayuntamiento litigaba con Alonso de Cárdenas, Conde de la Puebla del Maestre, sobre el aprovechamiento de pastos [6]. En 1544 los capitulares guadalcanalenses se enfrentaban con los alguaciles de la Provincia de León, de la Orden de Santiago (jurisdicción a la que como sabemos perteneció nuestra localidad hasta el siglo XIX) sobre la elevación de la cuantía de los derechos de las ejecuciones judiciales [7]. Dos años después el Ayuntamiento litigaba con Diego López de Zúñiga para que en las exenciones de impuestos de algunos vecinos de la villa no se cobrasen derechos superiores a seis maravedís [8]. En relación con este último asunto, en 1552 el Concejo iniciaba autos contra los alguaciles Alonso de Goni y Francisco de Espinosa, para que no pudieran llevar más de seis maravedís por cada sentencia que ejecutasen en la villa, lo cual iba en contra de las provisiones y sentencias a favor de la población[9]. Y algo antes, en 1548, el regidor Alonso Hernández y sus compañeros se enfrentaban con el Fiscal del Rey sobre el reparto de impuestos y cargas concejiles[10]. Ya en el siglo XVII, concretamente en 1608, los oficiales concejiles litigaban con Alonso Ramos el Rico, conocido personaje de la historia local, sobre el cobro de unos censos o tributos[11]. Cuatro años después, en 1612, Isabel Ramos de Leiva, vecina de Sevilla, pleiteaba con el Concejo de Guadalcanal a cuenta de bienes de propios[12]. En el siglo siguiente, en 1754, José Vélez Moro, alcalde de Guadalcanal, demandaba al Juez de la Provincia de León, de la Orden de Santiago, sobre el cumplimiento de la testamentaria de Ignacio Gálvez[13].

El propio desarrollo de la política municipal también destapaba fricciones. Así en 1572 se inician autos en la Chancillería a cuenta de cabildos municipales de varios años[14].

Por el contrario, otras veces eran los particulares los que demandaban al Ayuntamiento en defensa de sus intereses, especialmente en el ámbito del uso y explotación de la propiedad agraria. Para nuestro caso, podemos citar el pleito, desarrollado entre 1546 y 1552, entre Pedro Martín Freile y el Concejo de Guadalcanal sobre el aprovechamiento de una dehesa[15]. Poco después, en 1548, Francisco Batallanes, vecino de Guadalcanal, se enfrentaba con dicho concejo sobre asunto de aguas[16]. Y en 1562 Cristóbal Sánchez de Cortaza demandaba al Ayuntamiento y a los dueños de varios molinos sobre la propiedad de aguas[17]. Con igual intensidad el cobro de los impuestos se convirtió en foco de reclamaciones judiciales. De esta forma en 1532 Francisco Ramírez demandaba al Concejo de Guadalcanal sobre el cobro de alcabalas [18].




[1] En este punto sintetizamos lo expuesto por NUÑEZ ALONSO, Pilar: Archivo de la Real Chancillería de Granada. Guía del investigador. Madrid, 1984. Págs. 11 – 13.
[2] Caja 5309, pieza 21.
[3] Caja 505, pieza 5.
[4] Caja 1327, pieza 6.
[5] MALDONADO FERNANDEZ, Manuel: “Gobierno del Concejo de Guadalcanal bajo la jurisdicción de la Orden de Santiago”, en Revista de Guadalcanal (2001), págs. 97 – 105.
[6] Caja 1347, pieza 6.
[7] Caja 529, pieza 2.
[8] Caja 1098, pieza 8.
[9] Caja 2470, pieza 25.
[10] Caja 1867, pieza 13.
[11] Caja 1576, pieza 12.
[12] Caja 620, pieza 9.
[13] Caja 642, pieza 10.
[14] Caja 1839, pieza 9.
[15] Caja 414, pieza 1.
[16] Caja 644, pieza 9.
[17] Caja 1603, pieza 7.
[18] Caja 1976, pieza 2.

sábado, 10 de mayo de 2014

ROMANCE DE LA MAR AUSTRIAL (10 de 10)


 



Un Episodio Guadalcanalense por Jesús Rubio

                X

EN LAS PRIMERAS JORNADAS
en el viaje de regreso
descubrimos otras yslas
deste archipielago estenso
al que llaman Salomon,
mas no era del todo cierto
queran tierras ricas de oro
pese a como nos dijeron
yndios de Guadalcanal
a mi y al dicho Gallego
havia sonbras de duda
despues de decir todo esto
que eran estas mismas tierras
a donde haçe mucho tiempo
venian las naos del rei
famoso por su intelecto;
por no cansar a quien lea
muy paciente atienda esto
solo nonbrare unas pocas
que marcaron mi recuerdo.
Tres Marias, San Christobal
aquella do trona el cielo,
Treguada, San Bernardino,
donde ya huvimos mal viento; [1]
en Todos los Sanctos iba
el cosmografo Sarmiento
pues en Los Rreies viajaba
Mendaña con el Gallego;      
penso alguna de la jente
que este trueque de puestos
si ordenado por Mendaña     
maquinado por Gallego
por dejar a la deriva
a todos los descontentos
quen los Sanctos marcharían
conmigo y con el Sarmiento,
que no equivoco las fechas
pues tuvimos mui mal tiempo
pues se tomasse la derrota
al norte del emisferio;
nada mas mudar al norte
casi nos dimos por muertos,
se separaron las naos
y no volvimos a vernos,
quel demonio es quien dirije
de aquellos lares los vientos,
y el mar tan pronto bramaba
como que se estaba quieto
y Sarmiento maldecía
de los nuestros conpañeros
pues era opinion la suya
que estábamos mui maltrechos
por culpa del otro barco
que quitonos los bastimentos;
rronpimos todas las velas
y se nos varo el velero
e ivan todos los hombres
mui famelicos y enfermos,
los frailes les atendian
llegado el ultimo aliento,
y tamen los mis criados
travajaron con denuedo
en curar aquella jente
o en echar a aquel mar fiero
a todos los infelices
que espiravan bajo el cielo,
yo mismo me vi malo
y reuni a todos mis deudos
pues mui pronto me iva a ver
bajo el mar junto a los nuestros;
y de un golpe de fortuna
volvio a ser recio el viento
y los barcos començaron
a barloventar de nuevo
gracias a que colocamos
como ordeno Sarmiento
una frazada por vela
que nos dio un buen provecho;
pero yo ya consentía
en que no veria puerto
pues tan alta era la fiebre
que me ronpia los huesos
y de un gran golpe del mar
nos llego el agua al cuello
hasta el punto de que todos
nadavan qual en mar fiero;
y pasaron las jornadas
una y otra sin mas remedio
y todos alli pensamos
que no se contara aquello
y la jente alli rezaba,
pedia favor del cielo:
que fuera vista la tierra
o que finase el infierno
pues sin comida los hombres
y sin velas los veleros
solo una mano divina
enmendara aquel entuerto;
mas fuertes fueron las lagrimas
y aun mas fuertes los rezos
el caso es que como se ha dicho
Dios guia a sus marineros
cierto es que vimos por fin
metidos ya en año nuevo
la línea clara de costa
se perfilava a los lejos;
mui grande fue nuestro jubilo
mas grande aun el revuelo
el caso es que eramos salvos
y tamen todos enteros,
y dimos gracias a Dios
y lloramos por los nuestros
y muchos se abraçavan
a nuestro Pedro Sarmiento:
quien para el que esto lo lea
con aquel pulso de hierro
dio en Mexico con la nao
en Salagua a su gran puerto; [2]
pero si grande era la dicha
mas grande aun el revuelo
cuando vimos a Los Rreies
que allí fondeado eniesto
esperava ha tres jornadas
volviesen sus conpañeros;
como se ha relatado
debe ser algo mui cierto
como bien repite siempre
el común rumor del pueblo
que el Creador cuida y guía
a los suios marineros.


JESÚS RUBIO
Guadalcanal-Toledo, 1995.
Olías del Rey, Toledo. Abril de 2014



[1] Ninguna conserva el nombre que le dieron los españoles.
[2] En enero de 1569. Las fechas difieren según las relaciones. Llegó primero la nao capitana y después la almiranta, en la que iban Sarmiento, Ortega, Muñoz Rico y Juan de Ortega.