viernes, 31 de octubre de 2014

GUADALCANAL Y EL GANADO MERINO (3 DE 6)

Cayetano Yanes Durán, profesor Universidad de Sevilla

En las referidas ferias (del comercio lanar y ganadero), se intercambiaban productos del pastoreo con provisiones y productos artesanales de la época y oriundas de la región: el intercambio era a base de, lanas, quesos, aceite, vino, cereales, harinas, pan, tijeras, cencerros, calderería, caballerías, cordales para redes, y en general todos los productos que intervienen en las producciones pecuarias. Hasta hace poco, los restos de esta tradición comercial se conservaban, en alguna medida, en la feria de Zafra, donde se vendían utensilios pastoriles y de cocina rural, hasta la década de los ochenta-noventa. Hoy, en las ferias, todo está desvirtuado por la presencia de la economía global y la entrada de los productos procedentes de China.
Las ferias surgieron para controlar legalmente el comercio de ganados, aprovechándose de inmediato para la venta de mercancías; con dicho comercio se intentaba evitar la venta de ganado robado, ya que estaban más controladas, incluso desde el punto de vista censal y fiscal, de este modo con los controles de la trashumancia se evitaba la exportación no permitida de las merinas a otros países interesados. Las ferias en el siglo XIX cambiaron sus finalidades, y al mismo tiempo, las transacciones comerciales se efectuaban durante todo el año, no necesariamente durante las ferias. Algo parecido ocurre hoy respecto a los motivos de diversión, antes cuando cambiaron las ferias desde un carácter comercial a tener un carácter festivo, era “la fiesta” del año, el gran acontecimiento de diversión, de convivencia, de música, de espectáculos. Hoy día el espectáculo y la diversión transcurren todo el año, no hay que esperar tiempos concretos para ello.
La agonía de la Mesta que fue rápida, entró en crisis por los decretos de Campomanes y Floridablanca en tiempos de laIlustración, a finales del XVIII, en la década de 1775-85, y al poco desapareció en el primer tercio del XIX, lo que supuso un declive de las ferias relacionadas con el intercambio de mercancías derivadas del movimiento de los ganados trashumantes. Pero la crisis era anterior, ya desde los años 30 del siglo XVIII, 1730, que se autorizaron las exportaciones de ganados merinos, a Suecia en 1720 y posteriormente a Francia, concretamente a Rambouillet, a Sajonia en Alemania y a Italia. Ello supuso el fin definitivo de la organización, luego vino el desastre administrativo citado de Campomanes por el cual desaparecen los privilegios. Curiosamente pocos años después y unido a la casi desaparición de la ruta del mercurio, desviada hacia el recién creado camino de Despeñaperros, muere la Feria en Guaditoca para asentarse definitivamente en el pueblo; se había tomado conciencia que la historia había cambiado el curso de los aconteceres, la vida se había vuelto más urbana y consecuentemente, también la feria que nos ocupa. Posteriormente aparece el ferrocarril, cambiándose el orden largamente establecido en los transportes.
Hemos de decir que la crisis de la Mesta lo fue también del Antiguo Régimen. Ya había sucedido la Revolución Francesa, en España la invasión napoleónica –con la llegada del ejército británico, que fue el origen del descubrimiento del “primitivo cercano” y de la facilidad del expolio del patrimonio artístico de España, ya iniciado por los franceses, y no olvidemos otro aspecto de importancia posterior para la comarca, como es, la introducción de la banca Rothschild en España, financiadora de dicha guerra de la Independencia-, y al poco de la misma, después de la gran mengua de las cabañas por la guerra, la desaparición de la Mesta fue la crónica de una muerte anunciada.
Existe la teoría de que la Mesta, además de constituir una organización de tipo que podíamos denominar económica, cubría una función de control político sobre los deseos autonomistas de las distintas regiones de España, significando un control del poder central, con su legislación, su policía, sobre los distintos territorios o reinos que constituían el reino unificado por los “reyes católicos”, lo que trajo consigo una lucha abierta entre las economías locales, los ganaderos locales o estantes y el control de los pastos con los trashumantes, controlados por la Mesta y por el “Alcalde General” que controlaba los asentamientos, suponiendo la existencia de unas “diferencias” adicionales entre agricultores cerealistas o labradores de la tierra y los ganaderos del norte. El siguiente dicho da fe de lo que relatamos:dos santas y un honrado tienen al pueblo agobiado.
Estas luchas tuvieron su mayor enfrentamiento en los levantamientos (locales y espontáneos la mayor parte de las veces) de los comuneros, en este punto, hemos de decir que Guadalcanal luchó a favor de los denominados “comuneros” perdiendo por ello sus murallas que fueron mandadas derribar en tiempos de Carlos I (V). En cierta forma, se trataba de territorio recién conquistado a los reinos islámicos sobre los cuales se erigieron tres poderes para su control: (a) el reparto de tierras a los nobles conquistadores, (b) las órdenes militares y (c) la creación de la Mesta. El conjunto de las tres, desde el punto de vista económico, suponía la existencia de controles foráneos que impedía la tradicional explotación de las tierras como se venía haciendo bajo la dominación islámica en connivencia con el control económico de los judíos. Todo cambió con la reconquista y la expulsión de los judíos y más tarde con la de los moriscos (en número de 360.000 según algunos autores, en el reinado de Felipe III, 9 de abril de 1609, ahora en 2009, cumple el cuarto centenario). Dicha expulsión tuvo relevancia en Extremadura[1] (Hornachos, Rivera del Fresno), de forma que ya en 1609 el extremeño Pedro de Valencia sugirió siete alternativas distintas aparte de la expulsión, reconociendo en los moriscos una plasticidad política y cultural, una capacidad de adaptación, que podía conjugarse con los cristianos en el marco de una España tolerante, que localmente la hubo, aunque no por el poder central.
En el siglo XIX, el antiguo régimen medieval, basado en el poder de los nobles y la iglesia, como estamentos en estrecha connivencia, pasó a ser sustituido por el poder de una clase emergente, la burguesía, comercial, industrial y que accedía con fuerza a la propiedad y a los medios de producción. Había nacido la revolución liberal. En estas circunstancias, surgió la Desamortización (que no es el caso tratarla en profundidad en este momento), la cual no dio los frutos esperados, suponiendo una acumulación de tierras en manos de los que ya las tenían y que eran, según se pensaba, quienes las podían comprar, aunque se dio la paradoja que en la mayor parte de los casos las compraron a crédito, lo que supuso la no consecución de uno de los objetivos buscados como era la obtención de afectivos económicos por parte del Estado. Otros sectores de la burguesía no los pudieron comprar al no tener acceso a los créditos, los cuales eran controlados y concedidos esencialmente con motivos políticos. La citamos porque las tierras públicas de los alrededores de Guaditoca fueron todas desamortizadas (Historia de Guadalcanal de Andrés Mirón).
En la España agraria, que era casi toda, la burguesía emergente compró tierras posteriormente, a lo largo del siglo XIX y parte del siguiente, a los nobles, que se aprovecharon en su día, de la desamortización de las tierras, y que por los demás nunca fueron explotadas bajo las directrices de la denominada revolución agraria del XIX (a la sombra de la revolución industrial, e inexistente en España, respecto a los países anglosajones y Norteamérica). Con este motivo, la no aparición de técnicas modernas de producción agraria y las existentes relaciones de poder dieron lugar al nacimiento del caciquismo y el estancamiento de la situación rural, con las consecuencias conocidas de los acontecimientos del siglo XX. Una postura de cambio supuso la de los Regeneracionistas, con Joaquín costa a su cabeza, en el primer tercio del siglo XX, orientada esencialmente a la modernización de la agricultura y la construcción de embalses para la creación de regadíos. Lo que dio lugar al “Plan Nacional de Obras Hidráulicas” promovido por el socialista Indalecio Prieto (1933), donde se incluían, entre otros, proyectos como el “Plan Badajoz” y otros en el valle del Guadalquivir (Plan de Riegos del Viar,…).



[1] Próximo a Guadalcanal existían importantes asentamientos como los citados de Hornachos y Rivera del Fresno, que fueron frutos de la expulsión, pero que algunos de ellos, conversos, se refugiaron en los alrededores, sobre todo en las regiones montañosas de Sierra Morena que a la vista estaban. Podemos comprobar cómo desde el término de Guadalcanal se ve la sierra de Hornachos, igual a la inversa. En algún lugar he leído que eran esencialmente hortelanos, por lo que es probable que llevasen su oficio a los nuevos asentamientos y también lo es, que el gran número de huertas existentes en el término de Guadalcanal tuvieran ese origen.

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