miércoles, 27 de agosto de 2014

SEGUNDO TEXTO DE RAFAEL GARCÍA-PLATA RELACIONADO CON GUADALCANAL (2 de 3)

Cierre de cristales deslustrados como dice el autor, en la actualidad
Y con esto queda demostrado que nadie debe conservar rencores políticos, pues la mayor víctima fué Adelardo; quien no dejó en Guadalcanal rastros de su influencia por circunstancias que voy a referir.

En el pueblo vivía D. Ignacio Sánchez Martínez, poseedor de gran fortuna y adversario político de D. Adelardo. D. Ignacio fué un solterón espléndido[1], gozó por tanto de popularidad y dió lugar a lo de siempre: la lucha entre el talento y el dinero, los dos grandes potenciales. Pero ¿quién negará que el poeta sentía honda pena por no haber merecido el epíteto de «Padre del pueblo?». Bien lo prueba la Epístola á Arrieta, aquella sincera confesión de grandes tristezas. Recuerden los flacos de memoria estas cuatro octavas reales.
«En esta humilde y escondida estancia,
Donde aún resuenan con medroso acento
Los primeros sollozos de mi infancia
Y de mi padre el postrimer lamento;
Esclarecido el mundo á la distancia
A que de aquí le mira el pensamiento
Se eleva la verdad que amaba tanto;
Y, antes que afecto, me produce espanto;
   »Aquí, aumentando mi congoja fiera,
Mi edad pasada y la presente miro.
La limpia voz de mi virtud entera,
Hoy convertida en áspero suspiro,
Y el noble aliento de mi edad primera,
Trocado en la ansiedad con que respiro,
Claro publican dentro de mi pecho
Lo que hizo Dios y lo que el mundo ha hecho.
  »Me dotaron los cielos de profundo
Amor al bien y de valor bastante
Para exponer al embriagado mundo
Del vicio vil el sórdido semblante;
Me parece que el hombre en voz confusa
Me pide el robo y de ladrón me acusa.
   »Y estos salvajes montes corpulentos,
Fieles amigos de la infancia mía,
Que con la voz de los airados vientos
Me hablaban de virtud y de energía,
Hoy  con duros semblantes macilentos
Contemplan mi abandono y cobardía,
Y gimen de dolor, y cuando braman,
Ingrato y débil y traidor, me llaman.
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         Consideren mis paisanos si las calladas torturas, que asesinaron á Ayala, son suficientes á redimirlo del pecado de haber sido político y del sonsonete de «nada hizo por el pueblo». Tengan presentes que los grandes genios de Dante, Göethe, Shakespeare, Calderón etc, sintieron el concepto de universalidad, tuvieron un alma cosmopolita como nuestro Adelardo..¡Ayala-político!.. Separemos para siempre el adjetivo del nombre, y en éste veamos al Calderón del siglo XIX, pues como él pensó muy alto, sintió muy hondo y habló muy claro... Doña Concepción Arenal y Trueba, TUVIERON paisanos...¿No ha de TENERLOS Ayala?
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Para Badajoz, para Sevilla y para Guadalcanal escribo esta nota á vuela pluma y las dos provincias sin rivalidades negativas, debían trabajar para elevar la estatua en ... Guadalcanal. Perdone mi egosimo  la ilustre y noble Comisión ejecutiva pacense: el caso presente es excepcional.  Ayala perteneció á las dos provincias, y si en Extremadura dejó gratos recuerdos no fueron menores los que quedaron en Sevilla. Y ya que á Badajoz pertenece el honor de la iniciativa, aumente sus laureles con un rasgo  propio de antigua y buena madre de Guadalcanal; ensanche el círculo de sus nobles proyectos  invitando al Ateneo hispalense y al alcalde del indicado pueblo, mi fraternal amigo D. Adelardo López de Ayala y Gardoqui, sobrino del eximio autor de El tejado de vidrio y persona de sólida y envidiable cultura. Asimismo puede pretenderse del Sr. Romero Robledo, que tanto quiso al poeta, el bronce oficial,  por otros disfrutado, y la reconocida influencia de este hombre público.

         En Guadalcanal, el lindísimo pueblo mudejar, hay sitio donde colocar el monumento sin empequeñecerle. Figuraos un espacioso  cuadrilátero y en su centro un óvalo perfecto limitado por naranjos, cuyos azahares aromatizan al moderno y elegante palacio del Ayuntamiento, y á la Iglesia de Santa María, que enseña su portada del Renacimiento y su mochada torre romano-gótica...

         Además con este hermoso motivo, el día feliz de la inauguración podrían exponerse en el amplio salón de sesiones del Ayuntamiento las coronas y reliquias de nuestro llorado Adelardo, existentes en un emocionante gabinetito de la casa que honraran las Musas... ¡Emocionante!, dije... He pasado muchas tardes en aquel gabinete proclamador de la inmortalidad del genio: pinturas admirables y valiosos caprichos de marfil, modelos de la paciencia de los hijos del Sol-Naciente, publicaban las exquiciteces de Ayala; y entre otras coronas, una de esmalte y oro se me representaba cual fonógrafo  guardador de aplausos delirantes al autor de El tanto por ciento y más allá el cierre de cristales deslustrados que da paso al corredor, donde aún parece resonar la potente voz del poeta, leyendo á sus amigos las recién compuestas escenas de uno de los actos de Consuelo, y que para mi ilusión fuera completa, en un ángulo de la estancia reía la varonil efigie de Adelardo, con sus ojos entre dulces é irónicos, salida del magistral pincel de Madrazo...¡Oh, el retrato!... López de Ayala y Gardoqui charlábamos largamente de literatura; yo, de cuando en cuando, miraba al retrato de su tío pretendiendo la sugestión de una frase  y... el lienzo se animaba y con misterioso poder vertía en mis oídos pensamientos como estos:




[1] Entre otras cosas, pagó de su bolsillo la construcción del actual edificio del Ayuntamiento, para lo que aportó 48.000 reales, es decir, 12.000 pesetas. Está enterrado en la iglesia de Santa Ana, donde se conserva su lápida. (Nota del editor)

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