lunes, 28 de febrero de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 73


Por la noche, al amor de la lumbre de la chimenea de Jose­fa, nos sentábamos a conversar.
Irene solía decirme:
-"Señorita, cántese usted una copla."
-"¿Cuál?"
-"¡Ay! Aquella tan bonita."
-"¿Cómo se llamaba?"
-"No lo sé."
-¿Y cómo era la música?"
-"No me acuerdo."
Hasta que, a fuerza de tararear algunas canciones, encon­trábamos la preferida. Tenía mi público y como cantaba, es­cribía, dibujaba, me hice una aureola de gloria que me dio mucho prestigio. Me había llevado un gramófono «La Voz de su Amo», pero se nos estropeó y nadie en el pueblo supo arre­glarlo. Entonces descubrimos que era posible hacer girar las placas con un dedo y para protegerlo y que no resbalase sacri­fiqué un viejo guante. Pero no todos eran expertos en el arte de mover dactilarmente los discos. ¡Felices momentos! Una gran amistad, un enorme cariño nació entre aquellas buenas gentes y yo. Eran una familia para mí. A lo largo de muchos años compartimos muchas penas y alegrías. Un día, paseando con Rafael padre, le conté mis preocupaciones. No olvidaré nunca sus palabras:


-"Puede usted confiar en nosotros- y, con voz emociona­da, añadió- ¡le tenemos ley!"
Me fui interesando cada vez más por aquello. Convencí a mi padre de que debía comprar ganado y explotar directamente la finca. Así se hizo. Luego vinieron los años malos. Mi padre repetía siempre que no quería vender la finca porque había sido de su hermano, pero no le gustaba el campo y quizá habría acabado vendiendo. Estuvo casi a punto de hacerlo; yo lo impe­dí. Desde el punto de vista económico habría sido un buen negocio, pero aquello era la ilusión de mi vida.
En 1956 mi padre tuvo síntomas de parálisis, que resistió pese a sus setenta y cinco años. Le quedó una leve cojera y el corazón débil, pero podía valerse por sí mismo. En cierta oca­sión me contó un vecino que un día de lluvia se encontró con mi padre:
-"¿Cómo va usted con bastón y paraguas, mi general?" -"¿Que cómo voy? Si suelto el bastón me caigo y si dejo el paraguas, me mojo."
Todo menos quedarse en casa. Tuve que ponerme en plan de madre regañona. Un día que había ido por la mañana al dentista, al regresar al mediodía me encontré con que mi padre había salido.
-"¿Pero adónde ha ido don Luis?" -le pregunté a la chica.
-"Ha dicho que iba a tomar café."
Estaba diluviando.
-"Pues sí que está el día como para que salga solo."
Salí en su búsqueda, recorrí todos los cafés y cafeterías del barrio inútilmente; llamé a mi hermana por si se le había ocurrido ir a verla; pregunté a unos vecinos con los que tenía­mos amistad si estaba en su casa; todo en vano. A la media hora apareció él muy contento canturreando.
-"¿Era tan urgente lo que tenías que hacer en la calle como para tener que salir en un día así?"
-"He ido a tomar café."
-"Podías haberlo tomado aquí."
Durante toda la comida, pese a los esfuerzos que hizo por hacerme reír, permanecí con el ceño fruncido. Después del al­muerzo, como vi que con aire muy resignado se disponía a echar una cabezadita en su butaca, me apiadé.
-"¿Quieres que te acompañe al casino?"
-"No, hijita, yo me quedo aquí."
-"Si quieres salir te acompaño, lo que no quiero es que salgas solo."
Aquella tarde fui a un concierto con unos amigos, me acom­pañaron a casa y les comenté lo ocurrido en la mañana. Subie­ron a saludar a mi padre.
-"¿Qué tal, mi general?" .
-"Nada, hijos, aquí hecho un viejo. Ya no manda uno sobre sí mismo. Cuando no me riñe mi hija me riñe la muchacha. Esta mañana se me ocurrió ir, en mala hora, a tomar café con unos amigos y ¡Cristo divino, la que organizó! Se avisó a la Casa de Socorro, a la comisaría."

sábado, 26 de febrero de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 72


-"No quiero desilusionarte, hija mía -me decía Paco-, pero he de advertirte que aquello en esta época del año es muy frío, luego se torna muy caluroso; esos paseos que piensas dar vamos a ver si lo consigues, aquel terreno es muy abrupto; dices que quieres escribir, pues de noche se ve muy mal a la luz de un quinqué."
Algo similar me habían dicho mis amigos de Madrid.
-"Te veremos de regreso en un mes."
Un día, mi padre y yo fuimos a la finca. Quiso empezar, como buen militar, a dar las órdenes para mi instalación.
-"Tú déjame a mí."
-"¿Qué cama le preparamos, señorita?"
-"Un sommier al que le pondrán cuatro patas" (pensaba convertirlo en cama turca).
Durante los días que permanecí en el pueblo compré cre­tonas y botes de pintura; había encargado que pusiesen en la casa los diecisiete cristales que faltaban. Adquirí ropa de cama, cacharros de cocina, quinqués de petróleo. Me buscaron una chica joven como yo, sobrina de Josefa, la mujer de Rafael. Yo tenía veintiséis años, muchas ilusiones en el alma y muchos bríos. Aquella noche, a la luz del quinqué, en la enorme habitación que iba a servirme de dormitorio, sala de estar y comedor, amueblada con el sommier, una vieja camilla sin fal­das, un diván muy bonito de asiento de anea, dos viejas mece­doras y una silla que me servía de mesilla, escribí a mi padre: «Ya hay luz en el cortijo, ya hay dueño en San Miguel.»
Ya había vida, luego abrí la ventana y me asomé al balcón. Era una fría noche de primavera sin luna. En el cielo intensa­mente negro lucían las estrellas. Busqué en él aquel lucero que veía desde la cárcel de Sevilla. Aún recuerdo el frío con­tacto de la barandilla de hierro, que de tan fría parecía hú­meda. Fue uno de los momentos de emoción más intensa que sentí en mi vida. El huerto, los montes, el gran nogal, eran sólo sombras. Silencio absoluto. Paz inmensa de la naturaleza. Quizá tan sólo cantasen los grillos, croase alguna rana en el estanque invisible. Sobre mi cabeza, en el palomar, el leve arru­llo de unas palomas. Había realizado mi sueño. Levanté los ojos al cielo y yo, que no me he puesto de acuerdo conmigo misma para decidir si creo o no en Dios, dije: «Gracias. Gracias por haberme permitido realizar este sueño, gracias por esta paz, gracias por mis ilusiones, gracias por la nueva finalidad que voy a darle a mi vida.»
Un sueño, un bello sueña que con los años se derrumbaría pero que fue la razón de mi vida durante mucho tiempo. Luego fue como aquel cuento bobo que se les relata a los niños: «éste puso un huevo, éste lo coció... ». Todos contribuimos a arreglar la casa. Yo tan pronto cogía una aguja para hacer colchas y cortinas como una brocha para pintar puertas y ventanas. Anto­nio, el hijo menor de nuestro encargado, era quien me ayudaba en este trabajo. Hicimos incluso de carpinteros con una sierra prehistórica y un martillo que parecía hecho para clavar esta­cas. Antonio me acompañaba en mis paseos, pues Josefa y Ra­fael tenían miedo de que me pasase algo si iba sola. Sufría unos despistes tremendos.
-"¿Dónde estamos?" -me preguntaba Antonio.
-"¿Dónde?"
-"Sí, ¿dónde está el cortijo?"
-"Hacia allí."
El chico se echaba a reír:
-"Vuélvase usted" -señalaba.
Y detrás de mí aparecía, muy cercano, el cortijo. Caminábamos, trepábamos los cerros, incansables. Años más tarde tuvimos caballos y abandonamos la gloriosa infantería. Recordábamos entonces con cierta nostalgia.
-"¿Te acuerdas cuando trepábamos los cerros sin can­sarnos? ¡Cuánto paseábamos!"
-"¿Somos aún capaces de hacer lo mismo?"
-" ¡Ya lo creo! "

jueves, 24 de febrero de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 71

Capilla de la finca San Miguel de la Breña en Guadalcanal. (fotografía cedida por Emilio Rivero)

Años más tarde creí amar (nunca he estado segura) a otro hombre. Lo dejé por otro amor más imaginativo que real. Lue­go quise a un chico más joven que yo. El también me quería, pero lo asusté, temía que le hiciese sombra.
Pasaron los años y me enamoré de un hombre diez años mayor que yo. Si el primero estaba marcado por huellas de mujeres de poca calidad moral, éste lo estaba por un matrimo­nio desgraciado.
Queda cierta añoranza, el recuerdo de una mirada llena de ternura, el brillo de unos ojos a la luz de la luna. (Cuando el campo a nuestro alrededor era color madreselva, y olía a to­millo, a romero, y se escuchaban los grillos.) Quedan unas pre­ciosas cartas de amor que un día se rompen, sin olvidar su contenido.
Llegó la primavera de 1953 y con ella mi segundo desengaño amoroso, del cual nada supo mi padre. Sólo sabía que una vez más estaba mal de los nervios y quería volver a San Miguel de la Breña. Yo había visitado la finca en 1949 por última vez. Paco nos había aconsejado que no nos instaláramos allí, pues ' eran los años «huidos» en los que se raptaba a las personas y un clima de terror reinaba en el campo.
-"Es una imprudencia dejar en San Miguel a Lolita:"
Pero una tarde, previo aviso a la Guardia Civil, de acuerdo con el consejo de Coca de la Piñera a mi padre, fuimos a la finca. Yo había estado allí de niña, probablemente a nuestro regreso de Marruecos. Había pasado la tarde pendiente de un pajarito. Recordaba vagamente la capilla, sabía que había en ella una estatua de la Virgen con unos pastores delante. Llegamos en el coche de la cuñada de Paco y acompañados por ella. A la entrada del carril nos esperaba Rafael, el encar­gado. Era primavera. Una primavera que había sido fértil en lluvias. El campo estaba precioso, la hierba alta, cuajada de flores. San Miguel de la Breña había sido un convento de la orden de los Basilos hasta la desamortización de Mendizábal. Del convento sólo quedaba la iglesia convertida en vivienda y quizá la capilla adyacente. El retablo de la Virgen era segura­mente posterior. Todo estaba abandonado. La casa, saqueada por unos y por otros; los primeros se llevaron lo que pudieron y los segundos lo que quedaba. Después logramos recuperar cuatro muebles, más rotos que los de Madrid. Saqué un croquis del campanario, me paseé por la casa destartalada y vacía, me acerqué a la alberca, aquella bella alberca grande como una piscina de agua purísima y helada a la sombra de una hermosa encina. Aquel día me enamoré de todo aquello y no paré de soñar con la finca. Dibujé el plano de la casa y ya veía cómo la arreglaría. Tuvieron que pasar cinco años...
Una noche me armé de valor y hablé con mi padre; le pedí que me dejase marchar a la finca.
-"¿Pero qué harás tú allí? La casa está abandonada." -"La arreglaré."
-"Tú arreglas mucho. Además, ¿qué van a pensar de una señorita que se encierra en una finca con los gañanes?"
-"En primer lugar, no estaré sola, está Rafael con su mujer y sus hijos y, en segundo lugar, si lo que va a pensar la gente te importa más que la salud de tu hija, me quedo en Madrid y enfermo."
Al día siguiente me dijo:
-"No he podido dormir en toda la noche, he estado pen­sando en lo que me has dicho. Te vas a ir a la finca."
-"¿Por cuánto tiempo?"
-"Por el que tú quieras."
Me dolía separarme de él, pero necesitaba irme por muchas razones. Me sentía menos unida a él que en los años en que estaba detenido. Las desgracias unen mucho. Necesitaba que me echase de menos.
Fuimos juntos a la boda de la hija de Paco que, aunque vivía en Sevilla, quería casarse en Guadalcanal, donde se había criado. Paco nos dijo que hasta pasada la Semana Santa era inútil ir a la finca, todos los trabajadores se iban al pueblo. Los días que estuvo en Guadalcanal mi padre se hospedó en casa de Paco; yo, por falta de sitio; lo hice en la fonda, pero todos los días iba a verlo y comía a menudo con ellos.

miércoles, 23 de febrero de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 70

El General Castelló con sus hijas María Luisa y Dolores Ana y su nieto Vladimiro en brazos, en la alberca de la finca San Miguel de la Breña en 1955. (fotografía cedida por Isabel Krsnik Castelló)

Al salir mi padre de Prisiones Militares vivimos un tiempo en un hotel de la Gran Vía. Fue entre los años 1947 a 1950. Por aquel entonces la promoción de mi padre organizó una comida en Toledo. El era el único que había estado en zona republicana en la guerra.
-"Mira -le dijo al organizador- que no quiero indirectas, que si no, no voy."
-"No te preocupes."
Algunos de ellos se habían seguido viendo, otros no se veían desde hacía diez o veinte años y otros desde los tiempos de la Academia, unos cincuenta años.
-"Tú... ¿quién eres? ¡Chico, qué viejo estás!"
En Toledo, el Gobernador, Coronel Villalba, les enseñó las ruinas del Alcázar. Se celebró una misa:
-"Señores Jefes y Oficiales, a formar fila y entrar marcan­do el paso como cuando eran cadetes."- Y todos aquellos viejos se sintieron rejuvenecer y entraron en la iglesia mar­cialmente.
Mi hermana se casó. Como su marido era croata, apátrida entonces, emigró a Venezuela, donde era más fácil que en Es­paña conseguir la nacionalidad y encontrar trabajo. Pero mi hermana añoraba nuestra tierra y acabaron regresando. Vino a España para tener a su primer hijo y ya no se marchó. En 1950 vino su marido. Entonces decidimos poner casa. Desde Francia mi padre se había informado si el piso de Madrid había sido bombardeado. Al saber que seguía en pie escribió al dueño y le propuso realquilarlo a una amiga suya, quien le pagaría el alquiler. El dueño, que era militar y franquista, rehusó.
Cuando abandonamos España ocupó nuestro piso, por or­den del Gobierno, un médico y su familia que venían huyendo de la zona de guerra. Al salir de la cárcel el dueño de la casa se presentó en el piso y pistola en mano les dijo a sus ocupan­tes que eran unos rojos indeseables y que les daba 48 horas para desalojar la vivienda. (Estos señores hicieron un inventa­rio de todo lo que quedaba en ella y años más tarde, al saber que habíamos regresado, se lo entregaron a mi padre.) Se ins­taló el dueño en nuestro piso y luego se llevó algunos de los muebles a un hotel que tenía en la misma casa. Cuando decidió venderla metió los muebles en el sótano y allí estuvieron hasta 1950. Los hallamos en un estado deplorable. Lo más di­fícil de recuperar fue el fajín de mi padre y un ajedrez filipino de marfil. Mi padre comentó esto con el Comandante Camino.
-"No se preocupe, que estos objetos los recuperaremos" -le dijo. Y le envió al dueño de la casa, que ocupaba un alto cargo en Logroño, una carta muy sutil en la que le decía que, aprovechando que una pareja de la Guardia Civil debía ir a esa ciudad y regresar a Madrid, podía, por su intermedio, enviar el ajedrez y el fajín, los que llegarían a manos de su propietario, el General Castelló. No se atrevió a negarse.
Hubo que retapizar todos los muebles, encolar algunos, comprar ropa de cama. (¿Para esto guardabas, madre, tus pre­ciosas sábanas sin atreverte a usarlas?) Cuando hicimos la mu­danza la gente se detenía a observar en la calle, con una mezcla de asombro, burla y pena.
Mi hermana, su marido y el niño vivieron unos años con nosotros y luego pusieron casa. Mi padre y yo continuamos vi­viendo en Hilarión Eslava. Con el transcurso de los años le fui quitando el mando de la casa y convirtiéndome en una especie de madre regañona.
Vivíamos felices, sin grandes discusiones. Más que cariño, sentía adoración por mí. En cierta ocasión me dijo:
-"Me gustaría que te casaras antes de que yo muriera, pero otras veces pienso ¿y yo?"
-"¿Tú crees que no lo he pensado, padre?"
-"Tú serás el báculo de mi vejez" -solía decirme, medio en broma, medio en serio.
Y yo, tras muchas contrariedades, me quedé soltera. Prime­ro me enamoré o creí enamorarme de un hombre veinticinco años mayor que yo. Me quería, pero era terriblemente descon­fiado, probablemente debido a sus anteriores experiencias con mujeres de poca calidad moral. Me hizo sufrir mucho. Inter­vino mi padre y, furioso, me dijo que debía dejarlo y olvidarme de él porque se estaba riendo de mí. Marchamos a Sevilla. Fue cuando descubrí la finca de San Miguel de la Breña.

NOTICIAS DE GUADALCANAL EN INTERNET - 36


Un historiador moderno de la tierra de Serena de Vicente Barrantes


Designado por el Excmo. Sr. Director para emitir informe acerca de las obras presentadas á la Academia por D. Nicolás Pérez Jiménez, si bien una sola de ellas, sin duda, por omisión involuntaria, acompañaba al oficio de remisión, puedo emitirlo con tanta mayor facilidad cuanto que al presentarlas todas su autor, según debe constar en el acta, me favoreció también á mí, como á otros señores académicos, con las que por ahora (excepto algunos trabajos científicos), constituyen su modesta é interesante colección. Fórmanla los libros siguientes:
Estudio físico, médico y social de la comarca de la Serena en general y de la villa de Cabeza del Buey en particular; impreso en Badajoz, en 1888. En 4.º
Muñoz Torrero y su época, con el retrato, facsímil y dibujo de la casa donde nació en Cabeza del Buey; impreso en la misma ciudad en el mismo año.
Y Perfiles biográficos de Quintana, Ayala, Moreno Nieto, Balmaseda y Jiménez; 250 páginas, en 4.º, por la misma imprenta.
Llevan estas obras el título genérico de Historia general de la comarca de la Serena y particular de Cabeza del Buey, que el autor tiene por lo visto en publicación, y que es de desear que la termine, porque estas monografías ofrecen á la historia muy eficaz ayuda.
De la primera obra existe ya con carácter público un examen solemne y autorizado, como que procede de la Sociedad española de Higiene, la cual declaró en su sesión de 18 de Marzo último que el Estudio físico-médico social de la comarca de la Serena, por D. Nicolás Pérez Jiménez, es una obra de utilidad práctica y reconocido mérito, tanto científico como literario, digna de ser consultada por los médicos y leída por todos los aficionados á este linaje de estudios, tan poco frecuentes en nuestro país, que rara es la comarca que los posee. En efecto, por lo que toca á Extremadura, antes que la Sociedad española de Higiene, había lamentado el que suscribe la carencia casi absoluta de obras especiales ó siquiera de monografías que faciliten el conocimiento, hoy más que nunca interesante al historiador y aun á todo hombre público, de la formación geológica de las comarcas, de su paleontología, su orografía, su flora, su fauna, su meteorología, y en fin, del cuadro general de las ciencias naturales en que tan poderoso auxiliar encuentra la historia para elevarse al conocimiento del carácter de las razas y poder apreciar su participación en los grandes sucesos de la humanidad. Las páginas que dedica el Sr. Pérez Jiménez, á los vicios y enfermedades que reinan en esa fértil llanura de Serena, que fué quizás en lo antiguo una sola latifundia romana, de que conserva por decirlo así un carácter moral más pronunciado si cabe y más visible que las ruinas de sus monumentos públicos y los vestigios de sus explotaciones mineras, páginas ilustradas con curiosas y bastante completas estadísticas, son seguramente el primer trabajo de este género que existe en Extremadura. El infrascrito, por su parte, que cree conocer á fondo aquella bibliografía, solo recuerda en este momento algunos apuntes sobre plantas y hierbas medicinales de Hornachos, que contiene el manuscrito del P. Tobar, Partidos triunfantes de la Beturia túrdula, el capítulo que el médico Villaescusa consagró á la Flora de Alange, en su monografía de aquellas celebradas termas, y dos ligeras Memorias de D. Eduardo Boscá, extractos del tomo IX de los Anales de la Sociedad de Historia natural de Madrid, acerca del Alytes cisternassi, y la Hyla Perezzi, especies nuevas halladas entre Mérida y Alange la primera, y en Magacela y Cabeza del Buey la segunda… "

“… Cuando el biógrafo vuelve los ojos á D. Adelardo López de Ayala, no esperamos que se contente con la pintura de sus facultades oratorias que hizo el libro de Los oradores de 1869, porque siendo él médico distinguido y en tal concepto depositario de los temores de la familia acerca de la salud del gran poeta, á quien reconoció y asistió alguna vez en Cabeza del Buey, pudo y debió avalorar mejor que nadie «aquel esfuerzo profundo que le costaba la oratoria», según el libro citado, y la oportunidad de aquellas otras frases: «su estómago trabaja más que el pulmón». Tales frases no expresan bien el padecimiento interno que le imponía esfuerzos y precauciones dolorosas al hacer uso de la palabra. Hasta su proverbial pereza atribuye el Sr. Jiménez á su estado achacoso, sin explicarnos las causas que destruyeron aquella constitución verdaderamente atlética y aquella actividad de sus años juveniles que produjo tantas obras inestimables; explicación que de su pluma tomaría más valor científico y literario, haciéndonos patente cómo el abuso de una de sus cualidades físicas, que entre otras varias y por añadidura á sus dotes de altísimo poeta le concedió la naturaleza para marcar su descendencia en línea recta de los forzudos Monroyes y Paredes, le adelantó por vanidades de mozo y por gallardías semejantes á la de Alonso de Céspedes cuando levantó en alto la pila de una iglesia para ofrecer á su dama agua bendita, el fin de una carrera que solo Dios sabe adonde habría llegado.
Cuéntase, en efecto, que en sus días de galán y poeta más hermosos, paró, con solo aplicarle el esfuerzo de su mano férrea, el coche que conducía á dos apuestas damas de Madrid, comenzando á sentir desde entonces heridas misteriosas en lo más interesante y recóndito de su pecho. Los que le hayan visto, como nosotros, hacer todavía en sus últimos años alardes con su musculatura verdaderamente increíbles, hallarán muy en su lugar aquella especie de consulta médica que el autor describe en la pág. 77. Regresaba en 1879 S. M. D. Alfonso XII del viaje inaugural del ferrocarril directo del Guadiana, en que le había acompañado Ayala hasta Badajoz; pero no pudo menos de detenerse á la vuelta en Cabeza del Buey, abrumado por fatigas que en otro tiempo hubieran sido placeres para él.
Dice, pues, su médico y biógrafo, que después de reconocerle, para levantar su espíritu mortificado, más que por el mal, por la impaciencia en que le tenían los reiterados telegramas de Cánovas llamándole á la corte, «-Tiene V. un pecho muy desarrollado, le dijo, es la constitución de un atleta», y Ayala, con acento melancólico, le replicó:«-Sí, señor, de un elefante arruinado. No quieren algunos creer en mis males, porque me encuentran grueso y al parecer, robusto; pero desgraciadamente se equivocan; hace muchos años que estoy delicado y aun enfermo.»
A pesar de las breves dimensiones de esta biografía y de que no es el propósito del Sr. Jiménez presentarnos la figura del autor del Panegírico de la reina Mercedes en sus tres principales aspectos de poeta, orador y político, los toca y resume todos con oportunidad y acierto, principalmente el primero, donde ofrece á la historia literaria la novedad de seis composiciones inéditas del Sr. Ayala pertenecientes á su época estudiantil, si bien nosotros creemos que ha de ser muy posterior el soneto verdaderamente precioso, como todos los suyos, que se titula En su ausencia, y cuya inspiración es indudablemente hija del mismo amor á quien debemos aquel otro:
«Me parecen tus pies, cuando diviso que la falda traspasan y bordean, dos niños que traviesos juguetean, en el mismo dintel del Paraíso.»
Amor é inspiración de Ayala que ha dado origen á alguna anécdota curiosa relacionada con los pies diminutos de la dama de sus pensamientos. Véase ahora el soneto inédito que publica el Sr. Jiménez:
«Ya no siento los pasos deseados de los pies que me hicieron sus despojos, ni de la voz que calma mis enojos escucho ya los ecos regalados. No percibo en alientos perfumados el ámbar dulce de sus labios rojos; ni me alegran el alma aquellos ojos que tengo en mis entrañas dibujados. De espaldas con tu ausencia me combates; vuelve, mi bien, aunque en mi daño seas, y toda la esperanza me arrebates; vuelve por Dios, que si mi fin deseas, quiero vivir en donde tú me mates, quiero morir en donde tú me veas.»
Aunque son verdaderos juguetes las otras poesías que el señor Jiménez da á conocer, revelan el estro vigoroso del que había de recordar andando el tiempo en el teatro á Calderón y en la lírica á Argensola. El epitafio de Doña Concepción Moreno en 20 de Octubre de 1890.Obtenido de "
http://es.wikisource.org/wiki/Un_historiador_moderno_de_la_tierra_de_Serena"

lunes, 21 de febrero de 2011

EL 23F EN MI MEMORIA


El periódico El País se hacía eco el pasado domingo, del intento de golpe de estado que el 23 de febrero de 1981, se produjo en España. En una de las hojas del citado artículo, aparecen los comentarios de algunos personajes, que lo son ahora o lo fueron en aquéllas fechas.

Por nuestra parte quisiéramos compartir con los lectores de nuestro blog y que ellos a su vez nos comentaran, que les ocurrió aquél día 23 a partir de las 18:20 horas y hasta el desalojo del Congreso de los Diputados.

En mi caso, por aquellas fechas trabajaba en Madrid, aunque mi domicilio era en Alcalá de Henares. Ese día como casi todos, había sufrido el correspondiente atasco para entrar en Madrid y me había dirigido a mi lugar de trabajo en la calle Recoletos, esquina a la calle Cid, donde por cierto existe una de las mejores pescaderías de Madrid: La Coruñesa.

Habíamos bajado a tomar el café de la tarde a un bar que había en la misma esquina, estábamos echando la correspondiente partida al “Tetris”, cuando entró un taxista y nos dijo: La guardia civil acaba de entrar en el congreso y se han oído un montón de tiros. En esos momentos no sabíamos si la guardia civil había entrado detrás de alguien o qué pasaba. Inmediatamente entró otra persona toda asustada diciendo que habían dado un golpe de estado y lo estaban televisando en directo.

Rápidamente nos subimos a las oficinas de nuestra empresa para llamar por teléfono a nuestros amigos y familiares, pero fue imposible de coger línea ya que estaban todas saturadas.

Tomamos la decisión de marchar para nuestros respectivos domicilios para estar con nuestra familia, antes que la situación empeorara y mañana ya veríamos.

Yo por mi parte, cogí el Seat 127 que tenía e intenté dirigirme a las N-II dirección Alcalá de Henares. Me sorprendí lo fácil que fue llegar a la citada carretera y la congoja (por no llamarle miedo) que pasé todo el viaje, ya que en cualquier momento podía aparecer un control de tráfico, que me impidiera llegar a Alcalá de Henares donde estaba mi esposa y mi hija, con poco más de dos años.

Cuando me quise dar cuenta estaba entrando en Alcalá y ni me acuerdo a la velocidad que hice el viaje, pero precisamente me crucé con los coches de los GEOS que tenían su cuartel en Guadalajara, así que se pueden figurar.

Al llegar a casa me encontré a mi primo José Antonio que estaba haciendo la mili en Alcalá, tranquilamente durmiendo en el sofá del salón, le desperté y le dije: Vete para el cuartel que seguro que os están localizando.

A partir de ese momento, hice lo que todos los españoles, poner la televisión y oír la radio para estar informado de lo que iba ocurriendo y esperar el anunciado discurso del rey Juan Carlos.

A la mañana siguiente acudí normalmente al trabajo.

En la fotografía me pueden ver el día de mi boda, acompañado por la madrina, embutido en un “bonito y moderno" traje de la época.

NOTICIAS DE GUADALCANAL EN INTERNET - 35

Emigrantes a la isla Española en 1506
Juan Gil
Universidad de Sevilla

Guadalcanal.
4: Alfonso Rodríguez. Francisco de Heredia. Gonzalo Jiménez. Juan Rodríguez Berrueco.
23. Alfonso Rodríguez, natural de Guadalcanal. Véase Juan Sánchez Calatrava.
111. Francisco de Heredia, natural de Guadalcanal. 26-8: 9 castellanos a
Francisco López (11.1506).
136. Gonzalo Jiménez, natural de Guadalcanal. Véase Juan Sánchez Calatrava.
175. Juan Rodríguez Berrueco, natural de Guadalcanal. Véase Juan Sánchez
Calatrava.
178. Juan Sánchez Calatrava, natural de Fregenal, y Juan Rodríguez Berrueco,
Alfonso Rodríguez y Gonzalo Jiménez, vecinos de Guadalcanal: 36 castellanos
a Diego Rodríguez por los cuatro (4.1506, 2, 443r).
http://estudiosamericanos.revistas.csic.es/index.php/estudiosamericanos/article/view/27/26

Probaron su nobleza ante la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid, en los años que se indican: Diego Yanes, vecino de Palencia, en 1773, y Pedro Yanes de Abraido, vecino de San Martín de Villaborúz en 1734.
Francisco Yanes Camacho, natural de Guadalcanal (Sevilla), presbítero, probó su nobleza para ejercer el cargo de Comisario ante el Santo Oficio de la Inquisición, en la Corte, en 1780.
http://heraldicahispana.com/ApA/yabar-yza.htm

domingo, 20 de febrero de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 69

Cortijo y capilla de la finca de San Miguel de la Breña en Guadalcanal (fotografia cedida por Emilio Rivero)
Nos trataban con mucho cariño y gracias a ellos un verano pudimos huir del calor sofocante de Madrid para ir con toda la familia a una casa en el campo, en Orusco. Allí, por las tar­des, me sentaba a escribir bajo un manzano del huerto, y lo agradable del lugar y las ricas manzanas me producían un gran bienestar.
Tuve otras alumnas, Carmen y Luchi. Esta última, nieta de Miguel Maura, había nacido en Francia y, debido a la facilidad con que los niños aprenden y olvidan los idiomas, su madre temía que olvidase el francés. Por eso quería que una señorita fuese dos horas al día a jugar con la niña y hablar al mismo tiempo en francés. Al comienzo las dos horas se me hacían penosas, pero luego me acordé de aquellas muñequitas de papel que recortaba de pequeña y con ellas y otras que tenía la niña, y una casa de muñecas, inventé para ella innumerables histo­rias que antes creaba para mí. Acabé divirtiéndome tanto como ella.
La finca de San Miguel de la Breña estaba en condiciones lastimosas. El arrendatario había procurado sacarle el mayor provecho posible gastando lo mínimo en cuidarla. Recibió or­den de devolverla, pero no lo hizo. Mi padre resolvió ver al Gobernador Civil de Sevilla, para lo cual Castejón lo proveyó de una carta de presentación. Lo recibió como lo que era, un perfecto caballero.
-"En este momento no es el ex-General que viene a ver al Gobernador de Sevilla. Es el Capitán Coca de la Piñera que se pone a las órdenes del General Castelló."
Mi padre le explicó a Fernando Coca lo que ocurría con la finca de San Miguel. Además de haberla heredado de su her­mano, era suya en parte por haberle ayudado a pagarla, dinero que mi tío no le había reintegrado. La casa del pueblo, así como otras fincas de menor importancia; se vio obligado a ven­derlas para hacer frente a las deudas contraídas con los amigos, los Derechos Reales y la multa política. Don Diego Hidalgo aceptó la devolución del dinero adelantado, pero se negó a acep­tar honorarios.
-"Dejaría yo de llamarme Diego Hidalgo si le pasase a usted honorarios."
Coca de la Piñera citó en su despacho al arrendatario, y como este hombre era falangista y Coca Jefe de la Falange, le recriminó:
-"Le han dado a usted orden de entregar la finca a su dueño y no lo ha hecho. Le doy 24 horas para que la desaloje. Personas como usted son las que deshonran a nuestro partido."
El arrendatario esperó a mi padre en el pasillo y le rogó que le dejase recoger la cosecha de trigo.
-"Recoja usted esa cosecha que ha sembrado y márchese después" -fue su respuesta.
Estando mi padre en Prisiones había recibido su visita, pues enterado de la pésima situación económica en la que nos en­contrábamos fue a poner a nuestra disposición unos miles de duros. Mi padre le dijo que tanto él como sus hijas estaban acostumbrados a pasar calamidades. Agradeció su oferta pero la rechazó.
Mi padre vendió la casa del pueblo a Paco, el sobrino de su cuñada. Aquél se ofreció a llevar la finca de San Miguel de la Breña. Mi padre aceptó. Fue una pena, porque era un hom­bre de acción y necesitaba una ocupación. Pero no se le puede reprochar a un hombre que había sufrido tanto como él que en esos momentos no tuviese ánimos de hacerlo por sí mismo. Y esto, en definitiva, lo perjudicó física ,y espiritualmente. Re­dujo su vida a sus partidas de bridge y de tresillo. Se hizo socio del Círculo de la Unión Mercantil, ya que para reincorporarse al Casino Militar se requería someterse a una votación y no quería exponerse a un fracaso. Cuando no tenía bridge con sus amigos iba allí. Llevaba una vida demasiado sedentaria para un hombre que, pese a sus años de padecimientos, estaba bien de salud y se conservaba estupendamente. Comía con exceso; se lo advertimos:
-"Es peligroso comer tanto, sobre todo de noche." Con su buen humor y su gracia andaluza contestaba:
-"Quisiera yo veros cuando lleguéis a mi edad, eso si lle­gáis, ya que lo más probable es que os quedéis a mitad de camino."

sábado, 19 de febrero de 2011

NOTICIAS DE GUADALCANAL EN INTERNET - 34

XXVII. Juan de Castilla nacido hacia 1470 que fue rico mercader en Guadalcanal y casó con María Gavilán (su profesión y el apellido de su esposa, así como la ausencia del tratamiento de Don, parecen confirmar un medio converso)Primo cuarto del Rey Don Enrique IV y de la Reina Doña Isabel la Católica= = =XXVIII. Diego de Castilla Gavilán, nacido en Guadalcanal h. 1500 casado con Elvira Ramos de León nat. de dicha villa.= = =XXIX. Rodrigo de Castilla Ramos, Regidor de Guadalcanal nacido h 1530= = =XXX. Diego de Castilla Ramos, Regidor de Guadalcanal, nacido alli hacia 1560 y casado con Doña María Freyre, de una familia hidalga de la villa.= = =XXXI. Don Rodrigo de Castilla Freyre, nacido en Guadalcanal el año 1581, recuperó al parecer la hidalguía; casado en Guadalcanal en 1614 con su prima hermana Doña Isabel de Castilla y Almonte.= = =XXXII. Don Juan de Castilla Freyre y Castilla, nacido en Guadalcanal 1616 casado con Doña María del Salto Villarreal Monroy.= = =XXXIII. Doña María del Salto de Castilla Freyre y Villarroel Monroy nacida en Guadalcanal en 1635 y casada allí el 2 febrero de 1651 con Don Juan de Casaus de la Fuente, bautizado en Alanís, el 18 de julio de 1626, Alcalde de Guadalcanal en 1665.= = =XXXIV. Doña Ana Petronila de Casaus Castilla Freyre de Monroy y el Capitán Don Pedro Antonio de Figueroa Manjarrés y de la Cerda Morillo
10) Diego de Figueroa Manjarrés, nacido en Llerena 1633 casado en 1665, en Llerena y María de la Granada Muñoz Gómez de Tamayo Morillo, nacida en Guadalcanal(También llamados, en la línea de los Figueroas,=VII. Diego de Figueroa de la Cerda y María Muñoz Morillo)
http://sangrerealdecastilla.blogspot.com/2008/01/ua-lnea-de-la-descendencia-de-los.html



En la representación del secretario Sebastián Piñuela únicamente se hace referencia a dos Secretarías, aportando la lista de los secretarios de este periodo: «Los secretarios de las Ordenes de Santiago, Calatrava y Alcántara son tan antiguos como ellas (...). Luego que los senores Reyes Católicos tomaron posesión del Maestrazgo de Santiago conservaron en la Secretaría de él al comendador Juan de la Parra, que lo había sido del último gran Maestre D. Alonso de Cárdenas. Después, habiendo vacado la dicha Secretaría, nombraron para ella los mismos Seiiores Reyes a Miguel Pérez deAlmazán, señor de la villa de Maella, comendador de Beas y Irece de la misma Orden. Recayó por muerte de éste, en Jitan Pérez de Almazán, hijo y posehedor del mismo señorío y encomienda. Sucedió a éste en dicha Secretaría, por nombramiento del señor Emperador Carlos 5=,Juan Fiázquez de Molina, comendador de Guadalcanal y trece de la propia
Orden. a quien después el Señor Felipe 2.» le concedió facultad de nombrar teniente que
sirviese por él en el Consejo.
http://www.ucm.es/BUCM/revistas/ghi/02144018/articulos/CHMO9494110297A.PDF

D. Gregorio Piquero-Argüelles y Ramos del Valle, de calidad Noble, nació en Llanes el día 24 de abril de 1782. Hijo de D. José Piquero-Argüelles y Rodríguez (Noreña, 1755) y de Dña. Antonia Ramos del Valle y Roza (Oviedo, 1760). Estaba casado con Dña. Gertrudis del Busto, hermana de D. José María, Juez 1º de Oviedo.
1810
Acción de Aracena el 20 de Mayo. En la de Cantaelgallo el 11 de Agosto. El 21 de Diciembre entre una y dos de la madrugada sorprendió con 250 Cazadores de la vanguardia de la 3ª División, la del General Girard compuesta de 4.500 infantes, 500 caballos y 6 piezas de Artillería que se hallaba acampada en Guadalcanal de la Sierra. En la acción del Castillo de las Guardas.-------------------------
http://www.arhca.es/v1/Arguelles.htm

viernes, 18 de febrero de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 68

Casa heredada de su hermano José Castelló en Guadalcanal y que posteriormente vendió a los Urbano

«Más tarde apareció Beluca, por quien mi padre siente franca debilidad. Ella, que no visita a nadie, ha ido muchas veces a verlo a Prisiones.»
«Nuestra última visita fue a casa de los Vega. No estaban. La única que estaba en casa, además del servicio, era la madre de Hilde. Papá se la encontró en el pasillo al ir a hacer otra lla­mada telefónica y le dijo quién era, pero ella no se enteró, pues era alemana, y se limitó a sonreírle. Entonces las mucha­chas, con muchos gestos, le explicaron de quién se trataba.»
-«" ¡Ah! -dijo con fuerte acento alemán-. Una alegría, una gran alegría" -y con un limitado francés comenzó a hablar con mi padre. La cocinera se presentó a papá»:
-«"Yo lo conozco a usted, general, estaba en casa de los señores antes de la guerra".»
«Y mi padre se puso a hablar con esas buenas mujeres que lo escuchaban como en éxtasis. No tardaron en llegar Hilde y Manolo. Su alegría fue enorme.»
-«"Además, ¡hay que verte! -dijo Vega-. ¡Pareces otro vestido de persona!".»
«Al día siguiente fuimos a misa juntos, una misa de acción de gracias.»


XI

Lo peor ya había pasado. Un año tardó aún mi padre en recuperar sus bienes por habilidad de su abogado don Diego Hidalgo, que años antes se había trasladado a Sevilla para evi­tar que hicieran la pública subasta de las fincas para pagar las contribuciones atrasadas. Consiguió la devolución de sus bienes antes de que le fuese rebajada la pena de treinta años por la de doce. Tuvo que pagar una multa y los Derechos Rea­les con recargo de la herencia de su hermano.
Castejón intervino en su ayuda una vez más ante Franco:
-"Si no quiere devolverle sus bienes al General Castelló, devuélvale el usufructo a sus hijas, que ya se encargarán ellas de dárselo a su padre."
En cierta ocasión, el General Franco le preguntó a Castejón:
-"¿De qué vive el General Castelló?"
-"Pues mientras le devuelven sus haberes pasivos, en trá­mite, da clases de bridge a unas señoras."
Por lo visto, esto le hizo mucha gracia a Franco y se echó a reír.
Era verdad, una señora amiga le había buscado alumnas entre sus amistades y mi padre, con su característico sentido del humor, comentaba:
-"He logrado la ilusión de mi vida, vivir a costa de las mujeres."
Mi hermana tuvo que dejar su puesto de institutriz en Dai­miel porque su pequeño alumno, al terminar la guerra, regresó a Francia con sus padres. Más tarde consiguió una colocación en la Embajada de Francia como taquígrafa y mecanógrafa. Yo seguía dando clases a los Camino.
A fines del año 1942 mi padre tuvo que ser operado de una hernia. Fue conducido al Hospital Militar de Carabanchel. El Comandante de la Guardia Civil a quien designaron para acom­pañarlo era Camino, a quien había conocido en Marruecos. Le preguntó a mi padre qué hacíamos nosotras. Nuestro padre le comentó que nos dedicábamos a dar lecciones de francés. Ca­mino le dijo que precisamente necesitaba una profesora de francés para que sus hijos perfeccionasen el idioma que apren­dían en el Liceo Francés. No sé si realmente la necesitaban o hicieron esto para ayudarnos. Nos repartimos los alumnos, mi hermana se encargó de la hija mayor, Carmen, y yo de Nines y Miguel. Nines era encantadora, pero como alumna era un desastre. Jamás tenía tiempo para hacer los deberes que le dejaba como tarea.

jueves, 17 de febrero de 2011

NOTICIAS DE GUADALCANAL EN INTERNET - 33

Guzmán de Alfarache – Mateo Alemán

Una vez me aconteció un donoso lance, que como mi amo trajese a casa otros amigos cofrades de Baco, pilotos de Guadalcanal y Coca, y quisiese darles una merienda.....

http://www.classicistranieri.com/cs-guzman.pdf

Escritura de pago que García Fernandez, vecino de la ciudad de Huanuco, en nombre y en voz de Catalina Martínez, viuda de Francisco Yanez, madre legítima y heredera de Francisco Yanez, difunto, vecina de la villa de Guadalcanal en los reinos de España en la provincia de León en el maestrazgo de Santiago, y por virtud de su poder que le sustituyo Hernando Gonsalez vecino y regidor de la ciudad de los Reyes, otorga a alonso Romero, morador en dicha ciudad de Huanuco, de quien ha recibido 1000 pesos de plata corriente los cuales son de resto y a cumplimiento de 3670 pesos y 2 tomines de plata corriente que debía a la dicha Catalina Martínez como heredera del dicho su hijo Francisco Yanez. En el poder que esta incluido se encuentra inclusa una probanza de la dicha Catalina Martínez.

http://www.regionhuanuco.gob.pe/data/publica/dar/presenta.php

3.- Ángel Antonio Spínola y de la Cueva, nacido el 30-I-1729 en Madrid, fallecido en 1789 allí. Marqués de Montevelo, Caballero de la Orden de Santiago y Comendador de Guadalcanal en la dicha, Gentilhombre de Cámara de S.M. con ejercicio, Caballero de la Orden de Carlos III 1779 (Exp.2477), Teniente General de los Reales Ejércitos.
http://www.abcgenealogia.com/Spinola00.html#OtraR
8.- Juana de la Cerda y Aragón, testó el 27-VI-1711 en México ante José de Ledesma. Casó el 6-II-1684 en Madrid con Francisco Fernández de la Cueva, Duque de Alburquerque, Virrey y Capitán General de México, Comendador de Guadalcanal en la de Santiago, y de Befayán en la de Alcántara, Caballero del Toisón de Oro; nacido el 17-XI-1666 en Sicilia. Padres de:
http://www.abcgenealogia.com/delaCerda00.html

En los siglos XII y XIII se llamó la Orden Milicia de Cáceres. Fue fundada en tiempos del rey de
Castilla Fernando II., con la aprobación y confirmación del pontífice Alejandro III en 1175. La suprema
autoridad es el “maestre” y la provincia formaba en lo eclesiástico el Priorato de San Marcos de León. El
territorio perteneciente a la Orden de Santiago en Extremadura se extendía desde el SE de la ciudad de
Cáceres, a partir de la Sierra de Montánchez, cruzando luego longitudinalmente por el Centro-Oeste de la
provincia de Badajoz, a partir de las tierras de Mérida y Hornachos, ensanchándose luego por el Oeste,
hasta muy cerca de Portugal, por Jerez de los Caballeros y Oliva de la Frontera, por el E. hacia la
provincia de Córdoba, por Berlanga y Azuaga, terminando al S. por la sierra de Tudía, Monesterio y
sierra de Guadalcanal.. Todo este territorio formaba la “provincia que se dize de León”, y “es en
Extremadura, en que ay muchos y buenos pueblos, muchos dellos principales ciudades, villas grandes y
de gente noble y rica y pueblos granados”. (J. Fernández Nieva y M. Caballer Navarro. Las Ordenes
Militares en la Extremadura Moderna, en “Revista de Estudios Extremeños. Tomo XXXVIII, num. I.
Año 1982) El traje de ceremonia de los santiaguistas era una capa blanca con una cruz roja en forma de
espada,
www.telefonica.net/web2/manueldominguezmerino/WEB/LITERATURA/NOGALES/CAPITULO%2007.pdfrdelisada en la empuñadura y en los brazos.
XXVI. Don Luis de Castilla, nacido hacia 1440, Prior de Aroche en la Orden de San Juan de Jerusalén, Presidente del Consejo Real de Castilla, f. 1 de noviembre de 1506 y una amante de Guadalcanal (no se guarda memoria de su nombre, probablemente porque era judía. Un siglo antes, vivió en Guadalcanal la bella judía llamada "la Paloma", amante de Fadrique Alfonso de Castilla, 1354-muerta en el Monasterio de Guadalupe, 1429)

miércoles, 16 de febrero de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ 67


«Hace unos meses el Jefe del Estado ha dado un indulto. Papá lo leyó y vio que podía acogerse a él y de inmediato em­pezó a hacer las gestiones necesarias. Los periódicos han anun­ciado el indulto con bombo y platillo. Pero no ha habido una entrada masiva de exiliados políticos. Sólo han entrado algu­nos. Dicen que muchos han sido detenidos provisionalmente para ser depurados.»
«Hace aproximadamente dos meses que papá gestiona su puesta en libertad, la que ya ha sido aprobada y firmada por el Capitán General.»
«Esperábamos pasar las Navidades juntos, pero ésta es la Navidad más triste de mi vida, pues no sólo no ha sido puesto en libertad, sino que nadie nos invitó a compartir las fiestas.»
«En la pensión todos habían salido. Mi hermana y yo pusi­mos la radio y abrimos la botella de jerez, regalo de mi alumna Luchi, dispuestas a coger una mona triste. Comimos el turrón que teníamos y a las doce, no pudiendo soportar más el abu­rrimiento, nos fuimos a acostar. Al día siguiente llevamos algo de comer a Prisiones Militares y almorzamos con papá. Luego nos enteramos de que el yerno de doña Pepita, la dueña de la pensión, que había ido a cenar la noche anterior con su hija y él, al enterarse de que estábamos solas quiso llamarnos, pero como la pensión no tiene teléfono llamó a una vecina que no le dio la gana avisarnos. Así pasaron las Navidades. Ya llega fin de año. Esta noche es la última de 1945 y papá sigue dete­nido. Aún podrían ponerlo en libertad pero no lo harán, sería demasiado hermoso que así fuese. Otro sueño que se va a pique... Otro castillo en el aire o en la arena, otro castillo que se derrumba. ¿Por qué? ¡Ay! ¿Por qué?»

6 de enero de 1946.

«La víspera de Reyes llegué un poco más tarde a casa. Noté que corrían a abrirme y que todos estaban muy sonrientes. Me dirigí a mi cuarto. A la mitad del pasillo oí una voz que me llamaba»:
-«" ¡Lolita! "»
«¡Era mi padre! Nos abrazamos felices y emocionados. ¡Al fin estaba libre! Libre tras tres años y nueve meses sin contar el tiempo del Fuerte del Há de Burdeos.»
«Después de almorzar le recorté el bigote, le corté el pelo y le arreglé las uñas. Se vistió decentemente y se dedicó a hacer visitas. Salió con María Luisa a casa de los Cassan. Mi herma­na estaba de institutriz de un niño francés que vivía con sus abuelos en Daimiel. Eran unos señores estupendos; se portaron muy bien no sólo con ella, sino con mi padre. Monsieur Cassan puso en sus manos un cheque en blanco»:
-«"Cuando se tienen amigos ricos no se deben pasar cala­midades. Ya me devolverá usted este dinero cuando pueda" -le dijo.»
«Luego mi padre y yo fuimos a casa de los Peña. Desde allí llamó a todas sus amistades para anunciarles la buena nueva.»
«En un sitio aceptó una comida, en otro un café, en otro una merienda. Luego nos fuimos a casa de los Uña. Encontramos a Juan dormitando en una butaca junto a la camilla. Papá se sentó a su lado sin hacer ruido. Cuando se despertó y lo vio se puso de pie y lo abrazó profundamente emocionado.»
-«"¡Luis! ¡Luis!" -y en su emoción sólo podía balbucir palabras entrecortadas.»
«De allí nos dirigimos a la casa de los Varela Radio. Cuando vio entrar a papá en el salón Isabel se puso en pie como im­pulsada por un resorte y abrió los brazos. Varela estaba en su despacho, al poco abrió la puerta que lo comunicaba con el salón. »
-«"He oído su risa y la he reconocido enseguida. Ahí está Castelló, me dije. ¡Qué alegría! ¡Qué alegría! Todo llega".» «Isabel descorchó una botella de Champagne y sacó unos dulces. Manolo, le dijo entonces a su madre»:
-«"Lolita y yo merendaríamos muy a gusto de tenedor".»
«Y nos sirvieron una espléndida merienda en el comedor.»

martes, 15 de febrero de 2011

NOTICIAS DE GUADALCANAL EN INTERNET - 32

Es por este crecimiento por lo que Cazalla, desde época temprana, envía una numerosa emigración a las Indias. Ofrecemos a continuación una muestra de la pro­lija nómina de cazalleros que viajaron al nuevo continente:

— FRANCISCO SÁNCHEZ, hijo de Hernán Martin de Guadalcanal y Juana Martín de Abad (1513)

http://www.benbaso.com/descargas/cazalla.doc

Volviendo a nuestro camino, su trayecto fuera del valle lo encontramos descrito en una obra editada por esos mismos años. En la edición de 1775 del Itinerario español de Joseph Mathías Escribano figura el siguiente camino “Madrid para Sevilla, el Almadén y Guadalcanal. Camino de herradura”: Ciudad Real
[15], Corral de Calatrava, Villamayor, Venta de Carneros (sic), Venta del Zarzoso, Torrecampo, Torremilano (Madoz nos informa que tras unirse a la localidad de Torrefranca, se denomina desde entonces Dos Torres), Lancha, Valsequillo, La Granja, Azuaga, Malcocinado, Convento de Alanís, Cazalla, Venta del Pedroso, Cantillana, Brenes, Casaluenga, Solares y Sevilla (ESCRIBANO, 38). Desde Azuaga, este itinerario coincide con el que González Tascón et al señalaban como camino de herradura para el trasporte por recuas de mulas del azogue de Almadén a Sevilla.
Sobre el trayecto de este camino por la zona del Valle, sabemos que a la venta de Carnereros se llega desde Villamayor accediendo por el “Paso de Ganados o Camino de la Plata” de IG 809-Tirteafuera 1953 Almodóvar. Entre la venta de Carnereros y la de Zarzoso, es obvio su paso por el puerto de Viñuela, pero desde aquí existe una multiplicidad de opciones; bien por el puerto de Veredas o bien por trayecto más directo: por el puerto de Tres Ventas. Aunque el trayecto más probable de este camino dentro del Valle sería: Puerto de Veredas, Bienvenida y Zarzoso. Un testimonio de 1960 sobre el paso de este camino por La Bienvenida nos lo da D. Edistio-Silvestre Sancho quien dice que aquí se cruzan “dos caminos antiguos: el antiguo de Almadén a Veredas [...] y el que va a Andalucía por la Venta del Zarzoso y Puerto Mochuelos” (SANCHO, 38).
Por otra parte, salvo por la mención que hace el Alcalde Mayor a la aldea de Veredas como paso del Camino de Sevilla, parecería que el tránsito entre las ventas de Carnerero, Bienvenida y Zarzoso está mejor alineado cruzando por el puerto de Tres Ventas que por el de Veredas. El “camino que del Puerto de las tres Ventas ba a la Vienbenida” está documentado en 1774 (GASCÓN, 1994, 578) y rotulado en IG 809-Tirteafuera 1953 Almodóvar, aunque ya no figura en SGE 809-Tirteafuera 1995 Almodóvar del Campo. También en el Libro de la Montería de Alfonso XI se menciona el “camjno que va de Almodouar a las Tres Ventas” (vers 9.265). Lo que no se compadece con la lógica de este camino es su hipotético paso por la venta de “Manuel Lozano”, en el caso de que ésta se correspondiera con la del Molinillo.
A estas dos ventas de Bienvenida y Zarzoso, Gascón asigna un significado preferentemente trashumante. Pero, aunque es obvio que la de Zarzoso está situada sobre el principal trazado pecuario
[16] que cruza el Valle - entrando también por Puerto Veredas y saliendo también por el puerto Mochuelo -, lo que tampoco cabe duda es que no será por esta vía pecuaria por la que los viajeros lleguen a esta venta desde puerto Veredas. En efecto, el trazado pecuario carece de lógica caminera mientras que está lleno de lógica pecuaria: acercándose a los pastos más frescos al tener un trayecto a los pies de la falda septentrional de la Sierra de la Umbría de Alcudia. Para los viajeros, en cambio, supone dar un injustificado rodeo [17]. Así pues, pensamos que esta denominación de “Ventas de Trashumancia” (GASCÓN, 1994, 188) difumina su esencial sentido viario, pasando de tener un significado incardinado en el sistema de caminos públicos a tener un sentido al servicio de actividades pecuarias. Sentido viario que está claro cuando las RFII de Almodóvar, al mencionar la venta Zarzoso, dicen que “está en el camino real que va a los Pedroches y Extremadura”. En un documento de 1717 las propietarias de esta venta, una comunidad de monjas de Pedroche, se refieren a ella como “una venta de hospicio para los caminantes y traxinantes [...] por ser el camino de las tierras de Castilla a las de Andalucía, reynos de Sevilla, Puerto y Cádiz [...]” (GASCÓN, 1994, 544).
Como hemos dicho, este itinerario hacia Sevilla que cruza por el Valle también ha sido aprovechado también para conectar Córdoba con Toledo. Para cuya demostración contamos con el trayecto que siguieron en 1362 los embajadores navarros en su ruta a Sevilla para entrevistarse con Pedro I: “Toledo, Malagón, Ciudad Real, Caracuel, Villamayor, Pedroches, Villaharta, Córdoba, Posadas, Peñaflor, Lora y Sevilla” (VEAS, 193). Hasta el 11 de noviembre por la tarde estuvieron los embajadores en Toledo, cenaron en Diezma, seguidamente por Yébenes y Darazután (comida) a Malagón (cena el 12); estancia en Villareal (comida y cena el 13), Caracuel y, sin pasar por Almodóvar, “prosiguieron pasando por una serie de ventas como la Venta de la Nava de la Grúa”
[18] (cena el 14), luego Pedroche, Venta del Vado y Villaharta hasta llegar a Córdoba para cenar el 16 de noviembre (VEAS, 233). Ruta que, entre Ciudad Real y Villaharta, también vemos individualizada en el s. XIX; es el caso de un itinerario descrito por Pérez de Rodas, que numera con el nº 802 y denomina “Ciudad Real a Villaharta por Almodóvar del Campo y Pedroche. (139 k.—C.ª)”: Ciudad Real, Poblete, Torrecilla, Río Jabalón, Caracuel, Río Abenójar o de la Vega, Almodóvar, Retamar, Brazatortas, caserío, Río Guadalmez, Torrecampo, Pedroche, Pozoblanco, Río Cuzna, Río Guadalbarto y Villaharta” ( donde enlaza con otro itinerario a Córdoba) (PEREZ DE RODAS, 327).
Por algún motivo que desconocemos, la variante de este camino Sevilla-Madrid, que utilizaron los embajadores navarros de 1362, no era –dos siglos antes- preferida a la ruta por Belalcázar.
http://valledealcudia.webcindario.com/caminos%20publicos,%20caminos%20con%20historia%20-%202.htm

lunes, 14 de febrero de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ 66



«Tengo miedo. Presiento que algo va a ocurrirme; no sé si será bueno o malo pero, como siempre ante un cambio de mi vida, temo lo peor. Tengo miedo.»

10 de abril.

«Hoy hay gran efervescencia en el ambiente; se dice que la guerra acabará pronto. En Londres, a los Ministros que es­taban de vacaciones se les ha informado que deben estar a la espera de la noticia de la firma de la paz. La conferencia de San Francisco ha sido aplazada, pues los asuntos a tratar no podían ser los mismos una vez acabada la guerra. El mundo ya casi se ha acostumbrado a vivir en guerra como si fuese el estado normal de la humanidad.»

29 de abril.

«¿Y si fuese cierto? ¿Por qué no iba a serlo? He estado almorzando con los González. Durante la comida escuchamos las noticias que daba la radio; dejaron para el cierre, como si acabaran de recibir la información, que los alemanes han pe­dido la paz a los Estados Unidos y a Inglaterra y que piensan continuar la guerra con Rusia. Por haber estallado una revuelta en Munich y estar Hitler enfermo, se ha solicitado la paz a Himmler. Anoche no había forma de encontrar un periódico; a los vendedores se los arrancaban de las manos. Había colas ante los quioscos y por todas partes se oían comentarios.»
«El Duce ha sido fusilado por los propios italianos, colgado luego por los pies como si fuese un animal, quizá por los mismos que antes lo aclamaron. Pese a todos sus errores y probablemente injusticias, no creo que mereciese semejante muerte. »
«En Francia, el Comité de Defensa Nacional ha pedido la muerte del Mariscal Petain; Dios quiera que esto no se lleve a cabo. ¿Puede decirse que colaboró de buen grado con los alemanes? ¿Que fue traidor a su patria? ¿Quién sabe cómo se habrían desarrollado los acontecimientos sin él? Ya sé que parecía invitar al colaboracionismo. Pero ¿era acaso totalmente libre en sus actos y sus palabras?»
«Cuando fui a ver a papá me lo encontré en el pasillo.»
-«"¿Sabes la noticia? -me preguntó-. La guerra ha ter­minado".»
«Nos abrazamos muy emocionados.»
«No maldigo los sufrimientos que he pasado; quizá hayan sido necesarios para que se formase mi carácter. La vida que ahora llevo tiene también su encanto. Más tarde, cuando la me­moria haya borrado los detalles tal vez aparezcan aquéllos.» (Nota de 1977: «No, no tenía encanto alguno aquella vida. Lo único positivo que había en ella era la esperanza. Es verdad que los sufrimientos me hicieron más humana y comprensiva, ¡pero a qué precio!».)
«Morimos una sola vez en la vida. Las circunstancias nos hacen cambiar y nos convierten en personas diferentes de las que éramos. Es otra manera de morir, pero es una muerte que llega tan en silencio, tan insensiblemente, que apenas si senti­mos su golpe.»

Diciembre de 1945.

«Esta noche es la última del año. Lo dejo marchar sin pena y recibo el otro sin excesiva alegría. Me siento un tanto escép­tica en cuanto al porvenir. Noto que me acompaña aún la in­certidumbre, la melancolía.»
«Había esperado que papá estuviese a nuestro lado en estos días tan especiales y estas fiestas familiares hubieran sido más dulces por hacer tanto tiempo que no las pasamos los tres juntos.»
«A papá le tiene sin cuidado salir de una manera o de otra de la cárcel. Esperaba que al salir recobrara, si no su puesto en el Ejército, al menos sus bienes. De otra manera, como dice él en broma, sólo le quedará el recurso de colocarse en la puer­ta de una iglesia con un cartel que diga "Ex Subsecretario y Ministro implora su caridad". Sin derecho a retiro, sin bienes, sin trabajo. Ciertas colocaciones, en centros oficiales por ejem­plo, le estarían prohibidas. No es fácil encontrar trabajo cuan­do se ha pasado de los sesenta años.»

domingo, 13 de febrero de 2011

NOTICIAS DE GUADALCANAL EN INTERNET - 31

21. -Cédulas de C. V nombrando Comendadores: de Monreal, a don García Fernández Manrique, Conde de Osorno: de Membrilla, a D Enrique de Toledo: de Reyna, a D. Luis de Ávila: de Oreja, a D. Diego Cardona, Duque de Maqueda: de Peñaranda, a D. Juan Vázquez de Molina: de Guadalcanal, a D. Juan Frías Manrique, Marqués de Aguilar: de Calzadilla, a D. Ant.° de Roxas: de Monasterio, a D. Diego Sarmiento de Mendoza, Adelantado de Galicia: de Caravaca, a D. Luis Fajardo, Conde de Molina: de los Santos de Maimona, a D. Francés de Beamonte, y de la Sagra, como Administrador, a D. Liego Ladrón.

http://www.cervantesvirtual.com/historia/CarlosV/1539.shtml

Plano por Internet de Guadalcanal

http://www.mundivideo.com/php/localizador.php?tp=2&pais=60

Juan Vázquez de Molina, Comendador de Guadalcanal

http://www.elanillo.com/documentos/Molina_Carrillo.pdf

Paso por Guadalcanal de Fernando El Católico

http://www.dpz.es/ifc/libros/2584/libro4.pdf

Yanes o Yanez
Este noble y antiguo linaje tuvo diferentes casas solares en Galicia, León y Portugal.Hernando Yanez Machado pasó de Portugal a la conquista de las Islas Canarias y se halla citado por Antonio de Viana como una de las personas más conocidas que acompañaron en su segunda expedición a Tenerife al Adelantado Alonso Fernández de Lugo.Probaron su nobleza ante la Sala de los Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid, en los años que se indican: Diego Yanes, vecino de Palencia, en 1773, y Pedro Yanes de Abraido, vecino de San Martín de Villaborúz en 1734.Francisco Yanes Camacho, natural de Guadalcanal (Sevilla), presbítero, probó su nobleza para ejercer el cargo de Comisario ante el Santo Oficio de la Inquisición, en la Corte, en 1780.
ARMAS
Los Yanes, de Galicia, traen: En campo de azur, una muralla, de plata, almenada y mazonada, de sable.Los Yanes, de las Montañas de León, y los Yanez, de Castilla, usan: Escudo partido: 1º. En campo de gules, una torre de plata, y 2º, en campo de oro, un árbol, de sinople, terrasado de lo mismo.
BIBLIOGRAFIA:
- Diccionario Hispanoamericano de Heráldica, por Endika de Mogrobejo.
Compilación documental por cortesía de D. Antonio Sánchez Sánchez
http://heraldicahispana.com/ApA/yabar-yza.htm

sábado, 12 de febrero de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 65


«Días después, y acompañado por ese mismo brigada, tuvo que ir mi padre al dentista en el Hospital Militar. Había un pelmazo que tardaba en la consulta; cuando salió vio que era Vega:
-"¡Hombre, tú tenías que ser!"» «Y Vega se encaró con el brigada»:
-«"A usted tenía yo ganas de verlo. ¿De manera que para dejarme entrar a ver a mi querido amigo el General Castelló necesita usted preguntarme quién soy? ¿Usted cree que con esta cara y estos bigotes puedo ser barrendero? A mí se me mira y se dice uno: este señor tiene que ser General".»
-«"Usted perdone" -repetía el brigada, que luego comentó a mi padre»:
-«"¡Qué genio tiene su amigo!".»

23-11-44.

«Papá me ha comunicado una gran noticia: ¡ha sido indul­tado de la pena de muerte!»
«Esta mañana lo llamó el General Borbón»:
-«"Luis, estás en libertad".»
-«"¿Quién ha intervenido en esto?".»
-«"Asensio y yo, con la aprobación de Franco".»
-«"Pues decidle a Franco que le estoy profundamente agra­decido, pero como he pasado de la condena al indulto y la pues­ta en libertad, saldré de la cárcel con mis bienes confiscados y sin derecho a retiro".»
-«"¡Tienes razón! Voy a ocuparme de este asunto. Iba a firmar tu puesta en libertad".»
-«"Pues no lo hagas".»
«Las tres cuartas partes del sueldo que papá había solicita­do le han sido denegadas. Me siento llena de una suave sere­nidad, quizá la conformidad ante mi destino. Esto lo supe ayer leyendo la carta que me entregó para don Diego Hidalgo, a quien no le ha extrañado lo ocurrido.»
-«"Es una injusticia, pero era de esperar esta resolución. ¿No está demasiado desesperado tu padre?".»
-«"No, está muy tranquilo, aunque me bastó verlo para comprender que algo no iba bien".»

Noche del 15 de febrero.

«Esta noche es mi cumpleaños. Esta noche tendré dieciocho años. Esta noche, con mucha calma, evoco todos mis sueños destruidos; esperaba cumplirlos en otras circunstancias. ¡Mis dieciocho años! En mis años de adolescente triste y torpe, me veía convertida en una chica que habría recuperado la belleza de la infancia, una chica rica y feliz en su hogar. Esto me ayu­daba a soportar sufrimientos y amarguras. ¡Dios mío! ¿Es que no tengo derecho a ser feliz? Contemplo el porvenir, y una voz débil, la de la esperanza, parece decirme: "espera" y otra más fuerte, la de la razón, me dice que mire el presente y me atenga a él. En todo caso, cuando llegue la felicidad, la habré pagado muy cara. Nueve años de sufrimientos creo que es bastante para mi edad. Quizá dentro de dos años... Me van a parecer interminables.»
«El reloj del tiempo tiene sus caprichos, hace parecer los días tristes muy largos.»
«Los sufrimientos y las amarguras producen reacciones opuestas y contradictorias; a fuerza de haber sufrido mucho, cualquier pequeña felicidad parece inmensa, o bien a fuerza de haber soñado para soportar el presente amargo, cuando llega la felicidad, ésta nos parece pálida al lado de lo que habíamos esperado.»
«A veces vale más que los sueños no se realicen para que no pierdan su encanto.»
«La otra noche tuve una pesadilla. Caminaba por el campo y de pronto me encontré con una cuerda con sábanas tendidas.»
«Miraba hacia la derecha y hacia la izquierda y sólo lograba ver aquella hilera de sábanas que se perdía en el horizonte. Le­vanté una sábana y detrás había otra y otras, secas y cru­jientes.»
«También soñé que caminaba por los aires, vestida con una especie de túnica griega de tela ligera. De pronto me encon­traba con una puerta que flotaba en el aire entre nubes de tormenta. La puerta estaba abierta. Quería avanzar y no podía, una fuerza invisible me retenía, Quería gritar y no salía grito alguno de mi garganta. Me desperté sobresaltada. El mismo sueño se repitió noches después.»

viernes, 11 de febrero de 2011

NOTICIAS DE GUADALCANAL EN INTERNET - 30

C1244/1

Cartas y facturas de Inocencio Fernández sobre las Minas de Plata de Guadalcanal (Sevilla).

C1244/2

Cartas y facturas de Inocencio Fernández sobre las Minas de Plata de Guadalcanal (Sevilla).

1914-9/1918-2

MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL

C1244/4

Dosier titulado "Antonio Aura Boronat" formado por antiguos títulos y escrituras de propiedad de las Minas de Plata de Guadalcanal adquiridas por dicho señor a Eleonor Elena Beck y Leivis y de otros antiguos propietarios.

1882-2/1900-7

C1245/4

Dosier titulado "Guadalcanal" formado por informes, estudios y copias de artículos de revistas especializadas sobre las Minas de Plata de Guadalcanal.

1910-5/1915-3

C1245/1

Dosier "Extractos de cuentas de conformidad" formado por detalles de cuentas periódicas de lo invertido por Inocencio Fernández en la mina "Pozo Rico" de Guadalcanal (Sevilla).

1911-12/1915-4

C1245/3

Dosier titulado "Copias de varios originales" formado por copias de informes, compromisos de explotación, presupuestos, correspondencia y de un inventario general.

1911-4/1918-1

C1245/2

Dosier titulado "Originales de compromisos" formado por contratos y compromisos de explotación y de préstamos establecidos entre Inocencio Fernández y Antonio Aura Boronat para Minas de Plata de Guadalcanal, así como otros documentos aclaratorios de la situación del negocio común.

1911-4/1918-4

C1245/6

Dosier titulado "Almacén" formado por registros de salida de Almacén de las Minas de Plata de Guadalcanal.

1914-1/1914-12

1913-8/1914-9
http://tematico.asturias.es/cultura/ridea/Fondos/Inventarios/Inventario%20Inocencio%20Fernandez%20Martinez.htm

don Antonio de Ortega Guillén, natural de Guadalcanal (Sevilla), que llegó al Nuevo Mundo en 1.540, y tomó parte en la pacificación de la Nueva Galicia, avecindándose después en la ciudad de Puebla, donde se casó, fundando otra línea de la familia Ortega.

http://www.mjhispano.com/printthread.php?t=12789&pp=10&page=2

Torre, Juan A. de
Guadalcanal (Sevilla). Siglo XIX
Poeta y escritor. Desterrado en Málaga por sus escritos. Esposo de la poetisa Aurora Fuster.

Suum cuique
No, no maldigas tu infelice suerte
porque al fin nos separen, alma mía;
merecido es el mal que Dios envía,
y yo sé que merezco el de perderte.

Buscando una razón a mal tan fuerte
así, loco de amor, yo discurría
y encontrar en mis culpas pretendía
la triste causa de mi triste suerte.

Mas no le queda al mísero consuelo
de encontrar en las faltas del pasado
una razón en su presente duelo.

Yo seré con justicia condenado:
¿pero no sabe al fin, el justo cielo,
que tú sufres también y no has pecado?

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/45707398762381652154679/p0000046.htm

La Orden Franciscana en Guadalcanal : noticias sobre sus conventos a traves de un informe del año 1646. HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Salvador

http://www.institucioncolombina.org/archivo/bibliografia.htm

jueves, 10 de febrero de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 64


«Miércoles. Me levanté temprano y fui a dar un paseo. Ca­miné hasta la Colonia de El Viso. Este barrio me agrada, pues me recuerda San Juan de Luz. El otro día me dio incluso la sensación de que estaba allí. Dejé atrás las casas y me encami­né hacia el campo. Seguí una carretera al borde de la cual ha­bían plantado minúsculos árboles rodeados de cemento. A mi derecha veía sembrados de trigo cuyas espigas doradas y verdes mecía el viento. Me detuve un instante para contemplar el mo­vimiento tan bonito del trigal, que me recuerda el oleaje ma­rino. Caminé por la vereda del trigal. El conjunto de espigas apretadas semejaba un bosque ecuatorial. Cogí amapolas y me senté un momento en el borde de un pequeño monumento de piedra que tenía forma de pirámide. ¿Una tumba? La idea de un campesino enterrado en su trigal es bonita. Al final acabé perdiéndome y llegué hasta Ciudad Lineal.»
«Ayer fuimos a almorzar con los Peña. Un matrimonio ruso exiliado vino a tomar café con ellos. La noticia de la invasión produjo un gran alboroto en Francia, según nos contó Merce­des. En cuanto a los alemanes, les sorprendió hasta el punto -de desorientarlos. Siempre habían creído que la invasión era un bulo. La radio inglesa no dijo nada el primer día; la radio alemana anunció que había tenido lugar una invasión en el norte de Francia. Seguramente esperarían que llegara por ese lugar, pero tal vez les pareció tan simple la idea, que la desecha­ron. Por otra parte, creían tener una barrera costera infran­queable que les hacía pensar que si el desembarco tenía lugar, las tropas enemigas no podrían permanecer en las costas más de 24 horas. Todos los soldados alemanes recibieron la orden de marchar hacia los alrededores de París. Actualmente sólo quedan en San Juan de Luz algunos oficiales, unos soldados no muy jóvenes, otros de catorce años recientemente moviliza­dos y algunos prisioneros rusos escogidos entre los que no hablan francés y visten uniforme alemán. Los que hablan es­pañol lo ocultan. Sólo llega un tren a París cada cinco días y tras un viaje de treinta y dos horas. En París el gas y la elec­tricidad sufren frecuentes cortes y en algunos barrios sus ha­bitantes tienen que comprar el agua, pues los depósitos y ca­nalizaciones han sido destruidos. Mercedes nos contó que su equipaje fue minuciosamente registrado. Las tropas de ocupa­ción no se han vuelto groseras ni brutales por el revés sufri­do, tienen una tristeza resignada. El bombardeo de Biarritz fue efectuado por bombas de poca potencia; pese a ello, las casas de las calles que dan al Port Vieux han quedado muy deterio­radas. El dique construido por los alemanes ha quedado com­pletamente destruido. Los prisioneros rusos son empleados en trabajos de reconstrucción, trabajo duro que realizan con una sola comida al día, pero la población francesa encuentra la ma­nera de socorrerlos.»
«Con emoción me he enterado de la liberación de Francia. Todos esperábamos que con ella terminase la guerra, pero ahora los más optimistas creen que durará aún varios meses.
«A veces siento un desaliento enorme; tan sólo el recuerdo de mi padre me sirve de apoyo, ya que sé lo mucho que me quiere y que algún día se apoyará en mí. Me siento reconfor­tada cuando al salir de la visita diaria ambos hemos estado muy animados, mientras que cuando hemos permanecido silen­ciosos me siento hastiado de todo y me parece que tengo algo que reprocharme, pues debo hacer un esfuerzo por distraerlo.»
«Continúan visitándolo sus buenos amigos Juan Uña Varela y su hija, José María González, Vega, Diego Hidalgo; incluso algunas señoras organizaron en su cuarto partidas de bridge. A don Juan Uña, que era un señor muy guapo de estatura me­diana pero con un gran porte, barba y cabellos canos, lo to­rnaban por un General retirado y los soldados se cuadraban para saludarlo. Uña, complacido, se llevaba la mano a la frente y esbozaba un leve saludo militar. El General de la Vega tam­bién era un señor de muy buena presencia. Generalmente no preguntaban a las visitas quiénes eran ni a quién iban a ver. Pero un día, el brigada de guardia se lo preguntó a Vega.»
-"¿Que quién soy? ¡El General de la Vega y Zayas! ¿Que a quién vengo a ver? ¡A mi gran amigo el General Castelló!"
-¡A sus órdenes, mi General!"

miércoles, 9 de febrero de 2011

NOTICIAS DE GUADALCANAL EN INTERNET - 29

Los metalúrgicos Españoles en América

http://www.ateneodemadrid.net/biblioteca_digital/folletos/Folletos-0068.pdf


GUADALCANAL
Según unas Noticias históricas que escribió Antonio Muñoz Torrado, y que recoge en un artículo el investigador Salvador Hernández González, en 8 de octubre de 1691 el Prior del convento de Santo Domingo de Llerena, a cuya jurisdicción pertenecía la villa, aprobó las primitivas Reglas de la Cofradía, aunque ya en las primeras décadas se detecta decadencia. Es entonces cuando surge la figura carismática del venerable Simón el Ermitaño, que reactiva la devoción del Rosario y su corporación, fruto de lo cual fue la edificación de una capilla dedicada a San Vicente Ferrer, que se acabó de construir en 1739. Todo parece indicar que ya entonces se organizaría una congregación o hermandad dedicada al uso del rosario de la aurora por las calles, distinta de la cofradía dominica, aunque se considerara continuación de aquella. Esta congregación aprobó nuevos estatutos con su carácter formal ya de hermandad diocesana en 1792.
La capilla fue abandonada y hoy en día es sede de una peña deportiva.
http://www.rosarioensevilla.org/hermand_rosario/provincia.htm


El 20 de diciembre de 1646 Zurbarán hizo público reconocimiento de haber recibido el importe de la pintura y dorado del retablo9 y el siguiente día veintitrés lo dieron por definitivamente puesto «en su lugar y honestamente dorado» el Provisor de la Provincia de León D. Diego de Baños Salgado y Don Pedro de la Fuente Moreno, cura también de la iglesia10. El Mayordomo de la Fábrica de la Virgen lo era Francisco de Castro y, en aquella fecha, Prior de la provincia de León Toribio Posada y Valdés.
A Zurbarán se le pagaron 17.050 reales «por el dorado y pintura del retablo». De ellos se le habían entregado 550 al contratar el retablo en 1639. El resto se le pagó después en dinero y con la entrega de una lámpara de plata11.
Junto con los dineros entregados a Zurbarán, por el retablo también se pagó a Juan Rodríguez, albañil «de sacudir la Yglesia, traer la cal y blanquear la capilla maior para asentar el retablo nuevo de la dicha Yglesia»; al pintor Manuel Rodríguez (A Tejada Vizuete se deben las escasas noticias que se tienen de este pintor Manuel Rodríguez. Discípulo de Diego de Duelas y autor del retablo mayor del convento del Espíritu Santo, de Guadalcanal (Sevilla), Manuel Rodríguez, además de haber tomado parte corno pintor en el retablo del altar mayor de la Granada, colaboró con Velázquez para obras de pintura análogas a las que habían sido ejecutadas en Llerena.)
«por dorar dos atriles y las varandillas del altar maior» así como por ayudar asentar el retablo como tal pintor»13.
El importe económico del retablo fue costeado por los vecinos de la ciudad -se recaudaron dos mil trescientos sesenta y un reales de vellón y ochenta y cuatro reales de plata-, por la propia parroquia de la Granada, que para ello vendió una lámpara de plata, de dieciocho marcos y medio menos media onza -valorada en mil sesenta y cinco reales-, por el Consejo -donada por el indiano Miguel Nuñez Santiago, que a tal fin había mandado desde América un barretón de oro, valorado en tres mil cincuenta y nueve reales y un cuartillo de vellón.
http://www.dip-badajoz.es/publicaciones/reex/rcex_1_2004/estudios_03_rcex_1_2004.pdf

martes, 8 de febrero de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 63


X

Diciembre de 1943.
«Ya está aquí el invierno. Este año llegó antes de lo espera­do con su cortejo lúgubre de viento y frío.»
«Ayer fui a ver a los Uña. Están muy fastidiados con sus achaques y las escasas noticias que reciben de Inés. Este año no nos invitaron a almorzar, pues la casa está muy triste.»
«Los escaparates de las tiendas comienzan a engalanarse. Las fiestas navideñas llegarán pronto. ¿Cómo será la Navidad para mí este año? Papá cree que la guerra y nuestra situación tendrán fin. ¡Con tal de que las Navidades de 1944 estemos los tres juntos en nuestra casa! ¿Cuándo dejará la vida de darme amarguras? Siempre se siente alegría al comenzar un año nuevo... y al mismo tiempo cierta nostalgia cuyo origen des­conocemos.»
«Sigo estando triste. ¡Ay, qué año! ¡Ay, qué vida! ¿Qué me traerá 1944?»
«La vida no está únicamente formada por los hechos exte­riores, existe una vida interna más intensa que la otra. Resulta agradable una existencia que nos gustaría vivir. Vivir de sueños es a veces mejor que seguir el cauce monótono de la vida. No sólo de ellos está formada la existencia, están también los pen­samientos, las ideas. Todo un mundo extraño y a veces contra­dictorio.»
-«"Analizas y profundizas todo demasiado para una chica de tu edad", me dijo una vez Julia.»
«Sí, lo analizo todo, todos mis sentimientos. Me siento herida hasta por una palabra expresada en un tono un poco seco; no olvido las ofensas pero las perdono. Si cualquier in­significancia me hace sufrir, cualquier pequeñez me hace feliz. Le doy más importancia a los pequeños detalles que a los gran­des rasgos. En San Juan de Luz tenía una amiga inglesa, Delfi­na. Su madre era bonita y muy distinguida, pero poco efusiva como buena inglesa. El primer día que fui a su casa después de la muerte de mamá, cuando me vio con mi vestido negro, en lugar de darme la mano como lo hacía habitualmente, se inclinó hacia mí y me besó en la frente. Jamás olvidaré ese beso. También me emocioné mucho al saber que una de nuestras profesoras del colegio, al comunicar a mis compañeras la muer­te de mi madre, propuso rezar por ella. Toda la clase se puso de pie para orar.»
«Papá se siente optimista, cree que la guerra acabará pron­to. Pensar que hay niños que han nacido durante ella y no conocen más vida que ésa, bombardeos y tarjetas de abasteci­miento. Para nosotros la pesadilla terminará el día en que papá salga de la cárcel y estemos juntos en nuestra casa. Ya es tiem­po de que acabe. Hace siete años que dura; siete años durante los cuales me he convertido en una chica triste y tímida. He sufrido tanto, que el día en que llegue la felicidad me parecerá mentira. Me costará trabajo creer que no es un sueño más.»
Abril de 1944.
«Desde mi habitación, en la que estoy escribiendo, oigo el gorjeo de unos pájaros. Es una de las cosas que más aprecio de esta casa, que la ventana esté cerca dé un jardín. Por la noche, cuando la abro antes de acostarme, mis ojos contemplan con gusto el jardín. En la calle Pardiñas sólo podía ver un cuadradito de cielo y un patio del que provenían desagradables ruidos. Cuando el cielo estaba estrellado lo contemplaba y huía de la realidad que me rodeaba.»
«¡Ay, esa música! Esa música un poco difusa y dulce que me llega por la ventana abierta, esa melodía compuesta de trozos de valses. Esta paz de la tarde, esta sensación inexplica­ble que me hace ver de otra manera y sentir que vivo en otra época. A veces me siento extraña en este siglo XX del que me desilusionan tantas cosas, me hieren como un sonido brusco en medio de una suave melodía.»
«La invasión, la célebre invasión tan anunciada ha comen­zado. Ha tenido lugar en Normandía. Lo supimos el martes pero había empezado el lunes por la noche. Once mil aviones y cuatro mil barcos han atacado. El desembarco estuvo acom­pañado por el lanzamiento de paracaidistas protegidos por la aviación. Con mal tiempo y entre la espesa bruma las tropas han desembarcado. Lo que no deja de ser inquietante es la conducta de Rusia. No ha tomado parte alguna en dicha inva­sión, aunque mantiene una dura lucha en su propio suelo y corren rumores de que quieren firmar una paz por separado con los enemigos. Otros van más lejos y dicen que quieren aliarse a Alemania. Esto ya es menos probable, ya fueron trai­cionados por los alemanes una vez. Pero si llegase a ocurrir lo primero, Alemania, liberada de uno de sus enemigos, podría continuar la lucha con más fuerza.

lunes, 7 de febrero de 2011

NOTICIAS DE GUADALCANAL EN INTERNET - 28


La gran aventura de un marino tarifeño
Carlos Romero Romero
Decía el escritor guadalcanalense llamado Jesús Rubio, en su libro titulado La lluvia infinita, extractado del Diario de Navegación del también de dicho pueblo Mariscal de Campo Pedro de Ortega Valencia, que hace más de un año, paseando por las innumeras librerías de viejo de Charing Cross en Londres, cierto amigo, que no quiere ser citado, aunque me pesa respetar su anonimato, halló un documento que intuyó de suma importancia. Al menos para ti, dijo. Se trata de un Diario. Del Diario que escribiera Pedro de Ortega Valencia durante su expedición de descubrimiento de las Islas Salomón en 1567 a las órdenes de Álvaro de Mendaña.
Aunque yo conocía la existencia de dos memoriales escritos por el pobre Ortega, nunca pensé que existía, además de un relato directo de su puño y letra, del citado viaje, el cual es tratado de forma somera en su primera probanza de mérito que data de 1569.
No es importante reseñar aquí ninguna descripción de los sentimientos que me embargaron cuando me enteré del hallazgo.
El Libro que vendió a precio irrisorio, por cierto, el legado al que acompañaba una carta del nieto del viejo General guadalcanalense llamado Pedro, no supo decirle a mi querido amigo la procedencia exacta del mismo, aunque sospechaba que pertenecía al lote que le compró a los herederos de un paleógrafo llamado Joseph A. White.
Por pesquisas posteriores, he podido averiguar que este paleógrafo e investigador colaboró en los aspectos relativos a viajes y descubrimientos marítimos, con especial predilección por los realizados en el Pacífico y más concretamente por los de los españoles del Siglo XVI, sus estudios sobre el segundo viaje de Mendaña con el Capitán Fernández Quirós y sobre el del lugarteniente de éste Váez de Torres, el primer europeo que vio Australia, gozan todos ellos, por tanto, de gran reputación entre los historiadores.
Sabido es y eso es una verdad aceptada por los numerosos historiadores con los que contactó el escritor de dicho Libro Jesús Rubio, para con ello verificar la autenticidad del relato y de los hechos que en él se relatan, que Inglaterra, ya en el siglo XVI, quiso borrar las huellas del paso de los españoles por el Pacífico Sur, para así reclamar su legitimidad moral en los descubrimientos y colonizaciones que allí se llevaron a cabo, muy especialmente en Australia, continente que la tradición apunta al inglés Cook como primer descubridor aunque sea incierto porque ya el español Váez de Torres la vislumbró en 1605, -casi dos siglos antes que el marino inglés-, y también el holandés Tasman, setenta años después que Váez, la circunnavegó por su parte meridional desembarcando en una isla a la que le puso su nombre: Tasmania.
Queda claro pues que el interés de los ingleses, responda o no a un intento de ocultación de méritos de otros o de rescribir la historia, ha sido claro y por ello no sorprende tras un pequeño análisis, que el manuscrito de Ortega acabara a la orilla del Támesis.
Del análisis del texto, que como se verá no deja de ser una enorme carta a su mujer Isabel Hidalga, se puede certificar que Ortega cuenta toda la verdad sobre el azaroso y fracasado viaje de Mendaña para descubrir las místicas tierras de Ofit, lugar al que, según la leyenda, marchaban las naves del Rey Salomón para surtirse de todo tipo de riquezas para la construcción del famoso Templo, símbolo del esplendor que Israel vivió bajo su reinado.
Y decimos que cuenta la verdad porque de las diversas relaciones que se conservan del viaje, -Mendaña, el Piloto Mayor Gallego Sarmiento-, una cosa queda clara: en aquel viaje los recelos y desconfianzas de unos y otros estuvieron a la orden del día, como lo demuestra la campaña de difamación que Sarmiento inició contra Mendaña una vez finalizado el viaje.
En cuanto a los descubrimientos, todos son ciertos, pues así ha sido comprobado.
Se ha tratado de indagar las fechas de nacimiento y muerte de Pedro de Ortega Valencia, pero todo ha sido infructuoso, sólo podemos intuir que debió nacer hacia 1520 en Guadalcanal, por supuesto, y que en 1598 ya estaba muerto.
Sí se sabe que embarcó hacia América en abril de 1540, con rumbo a Nueva España, que se casó con Isabel Hidalga y que de su matrimonio nacieron dos hijos: Jerónimo, que viajó con él a las Salomón; y Pedro, que se casó con María de Arellano, unión de la que nació su nieto llamado Pedro.
El cronista no oficial de la villa de Guadalcanal, José María Álvarez Blanco, nos cuenta en el prólogo del mencionado Libro lo siguiente: "los españolitos que nacen en Guadalcanal (Sevilla), aprenden muy pronto por trasmisión oral, que hay una isla en el océano Pacífico que se llama como su pueblo, debido a que fue descubierta en 1567 por su paisano Pedro de Ortega Valencia, cuando cumpliendo órdenes de Álvaro de Mendaña mandaba un bergantín expresamente diseñado para navegar por los bajíos. A muchos de estos españolitos, de mayores, cuando han emigrado a los más variados destinos, les ocurren infinidad de anécdotas relacionadas con el de su lugar de origen. Así, cuando dicen que son de Guadalcanal, sus interlocutores llevan la conversación a la Batalla de la Segunda Guerra Mundial, a la Isla, al Portaviones de igual nombre y la reciente película «La Delgada Línea Roja»".
En el Diario de Navegación de Pedro de Ortega Valencia del día 16 de enero de 1567, está recogido un texto que dice: "Dios Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra, y su único hijo, Nuestro Señor Jesucristo, y su Madre la Virgen María concebida sin pecado y todos los Angeles y todos Santos, han estado con nosotros, y de ser verdad eso de que dicen que el Señor no abandona nunca a sus marineros, porque ayer, quince de Enero, cuando ya me sentía morir, recibí en compañía de mi hijo Jerónimo, de Francisco Jiménez Rico y del Alférez Enrique, la noticia tan anhelada ... ¡¡Tierra!! ..., al fin ¡¡Tierra!! ..., tal como prometió el cosmógrafo Pedro Sarmiento. ¡¡Voz!! ésta, que fue pronunciada desde la Gavia de la Nao, por el Marinero tarifeño Juan Trejo, según cuenta un rufián de los más gallitos, el que vio casi al frente la línea clara de costa de algo que hoy hemos sabido que no era La Nueva Guinea, sino una pequeña isla muy baja pero poblada, cuya isla fue bautizada con el nombre de «Jesús»".
Todo lo narrado puede considerarse como se dice anteriormente, muy valorado y cierto, pero el espíritu y objetivo del que esto comenta es informar a los lectores por creer ser una obligación en ello, que un "tarifeño" que, pienso como tantos otros, marchó de su pueblo en el año 1560 a hacer sus Américas, recalando en Perú, concretamente en Lima, y partió del Puerto de Callao en una expedición, creemos que pudo ser como grumete, en la Nao del Gran Maestre Pedro de Ortega Valencia, y fue por tanto protagonista de una "hazaña" que pienso y creo que de no desempolvarla seguiría viviendo a través de los siglos, como hasta ahora, en el mayor de los silencios, sí puedo decir que es todo cuanto se sabe de este carismático personaje.
De este navegante sólo me queda decir que no se aportan más datos del mismo, a pesar de estudios a tal fin realizados.
Descanse en paz para siempre en una de las playas de las Islas de Salomón en el Pacífico llamada Guadalcanal el tarifeño Juan Trejo, donde está enterrado.
Pongo en conocimiento de todos los que sientan curiosidad en el tema expuesto, que el día veintinueve del mes de septiembre pasado tuvo lugar la inauguración de una calle de reciente construcción, a la cual se le puso el nombre de "Juan Trejo", en conmemoración de la "gesta" o "hazaña" realizada por el mismo, en cuya placa figura un texto con el día y lugar del descubrimiento de una isla en las "Salomónicas" y cuya isla recibió el nombre de "Jesús".
Los impulsos y deseos que han mediado en mi para que esta investigación se llevara a efecto, es la misma que la que le llevó al escritor inglés llamado Robert Bronig, el cual dijo, "Que lo que ennoblece a un hombre, no son sus actos, sino la culminación de sus deseos". También decía el poeta Joaquín Bartrina:
"Que es una gran verdad veo,aunque tarde se conoce,que más aún que en el goce,está el goce en el deseo".
http://www.tarifaweb.com/aljaranda/num43/art1.htm

domingo, 6 de febrero de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 62

Imagen del General Castelló cedida por Antonio Rivero Morente

Presenciaron el acto don Diego Hidalgo, mi defensor, don Ricardo Benítez de Lugo y el Jefe que me había acompañado.»
Respecto del asunto Noreña habla él mismo más tarde. El Teniente Coronel Noreña recibió orden de presentarse a las autoridades militares. Fue al Ministerio de la Guerra y manifes­tó que iba a entregarse porque estaba idealmente sublevado con sus compañeros. Le dijeron que se presentara ante el Ge­neral Castelló, que estaba en Capitanía. Allí hizo las mismas declaraciones. Lo detuvieron. Noreña no fue a pedir protección, sino a entregarse. Tras su detención, otros oficiales que esta­ban a las órdenes de mi padre le manifestaron que ellos tam­bién estaban sublevados idealmente y que esperaban una opor­tunidad para pasarse al bando nacional con sus compañeros. Mi padre no los denunció.
Una noche perdió el sueño a causa de una visita. A altas horas de la madrugada llamó a su puerta L. de M, a quien le había tomado afecto.
-«¿Tiene usted algo de beber?»
-«Tengo un poco de vino.»
-«Pues deme una copa, necesito reponerme.» Cuando se la hubo tomado le contó:
-«Estaba en el Casino Militar y he oído decir que esta ma­drugada lo fusilarían y vine a despedirme de usted. Los oficia­les de guardia me han confirmado que no han recibido el menor aviso, pero ya que estaba aquí quise darle un abrazo.»
Bien podría haberse ahorrado la visita -pensó mi padre-. Muy «agradecido» por esa muestra de cariño tan inoportuna, ya no pudo conciliar el sueño, puesto que si esos rumores co­rrían por círculos militares bien podían tener fundamento.
La sentencia fue llevada al Jefe del Estado, quien no quiso firmarla; dijo algo así como que la dejaran para más adelante. Dieciocho meses después, en una reunión del Consejo de Minis­tros, previendo que se trataría la sentencia de mi padre, el Ge­neral Asensio, gran amigo suyo, habló con otros ministros para que llegado el momento de la votación lo hicieran negativa­mente. Pero la votación no hizo falta. El General Franco dijo simplemente:
-«Tengo aquí la sentencia de muerte del General Castelló; no hay lugar a deliberación: he decidido indultarlo.»