domingo, 29 de noviembre de 2009

HOMENAJE A LAS HERMANAS DE LA DOCTRINA CRISTIANA


En la iglesia de Santa Ana, monumento nacional recientemente restaurado, se celebró ayer la primera parte del acto que con motivo de cumplirse los 100 años de la venida de las Hermanas de la Doctrina Cristiana, se ofreció a esta Comunidad.

El acto organizado por el Ayuntamiento de Guadalcanal, con la colaboración de la Asociación Cultural Benalixa y las Antiguas Alumnas del Convento, contó con la asistencia de más de 250 personas, La mayor parte antiguas alumnas y alumnos del Convento del Espíritu Santo.

A partir de las once de la mañana fueron llegando las monjas de diferentes lugares donde tienen abierta casa esta Congregación; Sevilla, Cazalla, Constantina y procedente de Madrid llegaron la Madre Superiora General y la Secretaria General.

A su llegada fueron recibidas por el alcalde de Guadalcanal, Jesús Manuel Martínez y el Teniente Alcalde, Eduardo Cordobés, concejal de Patrimonio y Turismo, así como por parte de las antiguas alumnas, de diferentes edades.

Este encuentro fue muy emotivo, -como pueden ver en la fotografía- al reencontrarse las últimas monjas y sus alumnas, motivo por el que se retrasó un poco el inicio del acto, que se abrió pasadas las doce de la mañana.

Comenzó con un concierto musical por parte de José Mª Benítez (clarinete) y Rocío Vílchez (piano), interpretando obras de Niels Gade, R. Schumann, y M. Yuste

A continuación tomó la palabra Eduardo Cordobés, que dio la bienvenida oficial a todas las Hermanas que habían venido al acto, así como al público asistente, y recordó la labor desarrollada por las Hermanas de la Doctrina Cristiana, en el convento del Espíritu Santo, durante casi 90 años.

Cedió la palabra a Ignacio Gómez, Presidente de la Asociación Cultural BENALIXA, que saludó y agradeció a todas las Hermanas su asistencia y agradeció igualmente a las antiguas alumnas la entrega de fotografías, que han hecho posible la exposición instalada en esta iglesia de Santa Ana. A continuación resumió la historia de las Hermanas de la Doctrina Cristiana, durante el tiempo que permanecieron en Guadalcanal y presentó el libro que ha editado la A. C. BENALIXA, “NUESTROS RECUERDOS” con las fotografías recibidas.

A continuación fue Salvador Isern Anglada, antiguo alumno y patrocinador del libro, que recordó todos los años pasados en el Convento, donde fue llevado con apenas un año. Entre otras cosas dijo que para sus hermanos y él, el Convento era su segunda casa y en él aprendieron la base de todo lo que hoy saben y les enseñaron valores, como el esfuerzo, capacidad de sacrificio, compromiso, diálogo, humildad y mucho respeto a los mayores, a los maestros, a las niñas, a los amigos y a la vida. Para él, fue un centro de formación y sabiduría.

Después de Salvador Isern, subieron al estrado, Luis Prieto, Guaditoca Núñez, Gracita Rivero, Rosa Yerga, que fueron explicando su paso por el Convento y agradeciendo a las Hermanas, todo lo que con ellas aprendieron y que tanto les ha servido a lo largo de su vida.

Por último, una Hermana hizo una amplia presentación de la Congregación, desde su fundación hasta nuestros días, informando de todos los lugares donde están establecidas, no sólo en España, sino además en América y África.

Finalizó el acto en la iglesia de Santa Ana, con unas palabras del Alcalde de Guadalcanal, que les hizo entrega de una placa conmemorativa, y por último la Madre Superiora General, dirigió unas palabras de agradecimiento por el acto que se había organizado por los 100 años de su venida a Guadalcanal.

Todos los asistentes se trasladaron a continuación al Convento del Espíritu Santo, donde en la fachada de la capilla fue descubierta una placa que dará nombre a la placita que está junto al Convento, con el título de: Plaza Hermanas de la Doctrina Cristiana.

Finalizado este acto se celebró una misa y al finalizar ésta, una comida de confraternidad, en el claustro del Convento, organizada por el Ayuntamiento y las Antiguas Alumnas.

Por nuestra parte, queremos agradecer las numerosas felicitaciones recibidas, tanto por la Exposición de Fotografías, como por la edición del libro, del que se vendieron más de ciento cincuenta ejemplares. Ha sido un orgullo para nosotros, estar presente en este acto de homenaje, a la labor desarrollada por las Hermanas de la Doctrina Cristiana, durante todos los años que permanecieron en Guadalcanal.

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 111


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

Se mantiene la ortografía de la época)

crece el trabajo de lo de aqui con este aleman, que está tan soberbio y de tal manera se quiere señorear de todo, que no hay quien lo pueda sufrir; é yo lo llevaria en paciencia, si viese que resultaba algund provecho ó fruto de su venida; pero ni con ruegos, ni con importunidades, ni con requerimientos he podido acabar con él que haga lo que le está mandado y á lo que vino, que es á buscar minas; y pues dice que algunas de las abiertas no van bien encaminadas, declare cómo se emiende para que yo lo haga efectuar; tampoco lo ha querido hacer, ni entender en cosa de fundiciones ni afinaciones, para ver si hay algo que mejorar en ellas: todo el negocio para ensayar que ha hallado es la cosa mas inútil de cuantas se puede hacer; pues aquello, que sea pobre ó rico, se ha de beneficiar; pero ni aun esto nos quiere declarar, ni si converná lavarlo ó no lavarlo. De todo dice que quiere ir á dar cuenta á la Persona Real de V. M., porque no me lo ha de decir á mí ni á otro ninguno; y encaresciéndole que importa que lo declare luego, porque por no tener ya que fundir, á causa que se nos acaban los relaves, se despiden dos hornos de fundicion, tampoco lo ha querido hacer. Su estilo es encerrarse en su aposento, y en toda una semana no salir de alli ni dejarse ver: dicen comunmente los plomeros españoles y algunos de los alemanes, que fuera de ensayar, sabe poco en cosas de minas; yo no osaría afirmar cosa alguna, porque no lo he visto; mas de saber que ha sesenta dias que está aqui, y no ha hecho sino ciertos ensayos, que el ensayador ordinario que aqui tenemos los hará en dos dias: todo su negocio es traer aqui flamencos y alemanes, y hacerlos dar crescidos salarios, confesando él mismo que no entienden cosas de minas: aqui se le ha hecho todo el buen tratamiento que es posible; pero todo le paresce que se le debe, y ansi no lo tiene en nada: viendo su negligencia, le he requerido con una de las ordenanzas que dejó don Francisco de Mendoza que toca á él, dándole á entender lo que ha de hacer por virtud della; y dice que no la quiere cumplir; que don Francisco no tuvo poder para hacer ordenanza en cosa que á él le tocase: y porque en la dicha ordenanza se dice que se comunique lo que á él le paresciere con Pedro de Aguilar, veedor de las dichas minas, y no lo hace, el dicho Pedro de Aguilar le hizo un requerímiento sobre ello, y tampoco se le da cosa alguna, como todo lo mandará V. M. ver por los testimonias que aquí envío: él me ha pedido dineros de su salario; no se los he dado porque no me muestra recaudo ninguno por dónde, y dice que no se le dió cédula, caso que en la que V. M. á mí mandó escribir dice un capítulo que le haga pagar su salario conforme á la cédula que me presentaría. Como hacíamos hasta agora tan gran confianza destos mineros alemanes, no los cataban al tiempo de salir de los pozos como se usaba con nuestros naturales; y agora, después que vino este aleman, viéndose tan favorescidos y regalados de él, han tenido el atrevimiento de comenzar á hurtar; y siendo yo avisado dello, los he aguardado al tiempo de salir de los pozos, y se han hallado algunos hurtos y aun en cantidad; por lo cual me páreselo que, demas de tener presos y castigar los culpados, convenía hacer saber á los dichos alemanes que todos los que entrasen en el pozo de Adan, donde se saca razonable cantidad de metal, habran de ser catados á la salida como lo son los españoles, pues habíamos ya visto la necesidad que hay dello: ocurrieron todos al dicho aleman, y hales hecho entender que es deshonra de su nacion consentirse buscar, y ansi los ha alterado de tal

viernes, 27 de noviembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 110


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

Yo le he dicho muchas veces que ya há mas de cuarenta dias que está aquí, y que sería bueno comenzar alguna cosa señalada que diese testimonio de su venida: dice que él comenzará en su tiempo, y aunque le encarezco la necesidad en que V. M. está de presente, y que nunca puede haber mejor tiempo que este, no le puedo sacar de su prosupuesto, sino rescibir todos cuantos alemanes vienen y flamencos, sepan ó no sepan el arte, y tienen su negocio aparte con su gente sin que vengan á mí mas que para la paga, como sus cabezas lo ordenan; háceseme muy duro de sufrir, pero tengo é terne paciencia, atento el poco tiempo que pienso estar aquí, y que á cualquiera cosa por menuda que sea, dice que se ha de ir á quejar á V. M.; y no quiero que con razon ni sin ella lo haga, aunque quisiera que en lo de su oficio nos mostrára en algo su habilidad.
Yo estoy cada dia esperando el mandato de V. M. en respuesta de mi última carta para irme, porque ya me paresce que estoy con fuerzas para poder caminar, y pienso que cuando esta llegue, V. M. habrá sido servido mandarme responder, cuya Real Persona nuestro Señor guarde con acrescentamiento de mas reinos y señoríos. De las minas doce de noviembre de mil quinientos cincuenta y seis. De vuestra sacra católica Real Magestad, Humil criado que sus Reales manos y pies beso.- Agustin de Zárate.

Carta de Agustin de Zárate dando cuenta de los negocios de su cargo en la administracion de las minas.
Secretaría de Estado. Correspondencia de Castilla, núm. 124.
26 de noviembre de 1556.

S. C. R. M. Habrá dos dias que ha llegado aquí nueva como habiendo ido Martin Delgado á Portugal á instancia del Rey para buscar minas en aquella provincia, creyendo que era muy experto en aquella arte, adolesció en Lisboa, aunque ya iba él de aqui harto enfermo; y siendo importunado por un tio é un hermano de su muger que le acompañaban para que hiciese testamento, él no lo quiso hacer hasta que enviasen á llamar á un Periañez, marido de su hermana, y á otros deudos suyos; y como no le podieron sacar desta opinion, porque no muriese abintestato, con un correo enviaron á llamar al dicho Periañez y á los demas, y ellos fueron por la posta, y llegados, se puso en camino, é á doce leguas de Lisboa se le agravó la enfermedad de suerte que fallesció. Dícese que hizo testamento, el cual hasta agora no se ha mostrado; pero lo que se tiene por cierto es que hizo de toda su hacienda tres partes, una dejó á su muger, y otra al dicho Periañez, demas de otra veintena que le tenia dada en la mina; y la otra tercia parte dividió, unos dicen que en seis partes, y otros en diez y ocho, repartiéndolas entré los deudos de su muger y los suyos: en podiendo haber el testamento, yo enviaré un traslado parescióme dar dello noticia á V. M. para que sepa el estado en que estan los negocios. Yo ha dias que espero la provision sobre lo destas minas, por el deseo que tengo de irme á mi casa á curarme de las enfermedades que me han quedado de mi larga dolencia, y he dejado de irme, usando de la licencia que me está dada, dejando aqui á Diego Lopez, Veinticuatro de Sevilla, sino por las razones que tengo escriptas antes de agora; y cada dia

miércoles, 25 de noviembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 109


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I


(Se mantiene la ortografía de la época)


Carta de Agustin de Zárate, dando cuenta del estado de las minas y negocios de su cargo.

Secretaría de Hacienda. Minas, núm. 28.

12 de noviembre de 1556.


S. C. R. M.-Hoy dia de la fecha desta partieron de aqui para Sevilla seis cargas de plata, en que van cuatro mil doscientos cincuenta y ocho marcos, y seis onzas, y seis ochavas, que á la cuenta que suele acudir su valor, valdrá veinte y seis mil ducados poco mas ó menos. Yo cumplí mucho mas de á lo que me proferí en la carta pasada, donde dije que desde veinte y ocho de octubre hasta ocho de noviembre ternia sacados veinte y dos mil ducados para incluir en la libranza de Hernando Ochoa con ellos la suma de sesenta mil ducados; y fue ansi que el sábado pasado en la noche siete de noviembre estaban cumplidos y puestos en la caja estos veinte y seis mil ducados, porque yo procuré que fuslinas y buitrones se diesen toda la priesa posible para afinar todo cuanto plomo habia fundido, y ansi se hizo sin quedar cosa ninguna. No se ha enviado á Sevilla desde el sábado acá, porque esperábamos las personas y recua que lo habian de llevar, ni tampoco pudo llevar mas, porque en los cuatro dias desta semana ninguna cosa se ha afinado, á cabsa de no haber plomo plata fundido, y hame parescido que era mejor emplear nuestra diligencia en que se fundiese mucho metal, porque teniéndolo en plomo, despues facil cosa es afinarlo, caso que con la priesa de la semana pasada hemos llegado á términos de poderse escusar todas las fuslinas que habia, que no era pequeño embarazo ni costa, y aun tenor de haber de cesar la obra en entrando lo recio del invierno por falta de carbon de brezo de que no se puede hacer provision por junto; bastan, aunque den metal todos los pozos, los ocho buitrones que hay, que aunque no pueden andar mas de los cuatro cada dia, afinarán mucho mas de lo que saldrá, en tal manera que deste metal muy rico de Martin Delgado afina cada uno mas que tres fuslinas, y de los relaves, mas que cuatro, y demas del tiempo se aventaja en el precio medio real por arroba, porque en las fuslinas costaba á dos reales, y en los buitrones á real é medio, porque padescíamos antes grandísima falta de maestros, aunque teníamos buitrones, y agora hay aquí cinco maestros, y creo que á porfia han de abajar un cuartillo á lo menos. También se aventaja mas de seis reales que escedía el valor del carbon de brezo que gastaba la fuslina, á la leña de encina que gasta el buitron en cada afinacion; y con toda esta baja es tan escesivo el salario de estos afinadores, como V. M. vé por esta cuenta, pues de cuarenta arrobas que afinan, el día que menos ganan sesenta reales, y sacada la costa, les queda mas de cuatro ducados horros cada dia de trabajo, y el día que afinan lo de Martin Delgado, que nos contentaríamos que hobiese para dia y medio de la semana, ganan treinta reales horros; pero como en este reino no sabemos que haya otros maestros sino estos, hanse de sufrir y cerrar los ojos á cualesquiera cosas que pidieren, porque luego se amotinan, y solo este consuelo me queda de que aventajo medio real por arroba. El alemán, ninguna cosa de nuevo hace sino estarse en su aposento cerrada la puerta comiendo y bebiendo con los de su tierra, y cuando hace buenos dias, sálese por estos cerros, y lleva algunas piedras para ensayar.

lunes, 23 de noviembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 108


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

Con la gran carestía del pan y de todos los otros mantenimientos, ha sido tanta la costa que aqui se hace y ha fecho en toda este año, que cuanto á mí, no solamente no me ha bastado mi salario ni la merced que V. M. me hizo, sino que demas de aquello he gastado mas de docientos ducados de mi hacienda, de los cuales debo al depositario destas minas los ciento y cincuenta. Ha sido la cabsa principal mi larga enfermedad y los muchos gastos que en ella se han hecho, y haber mantenido siempre tres cabalgaduras, ansi para ir á buscar de comer por las comarcas, como para enviar fuera los oficiales cada é cuando que se ofresce necesidad. A V. M. suplico sea servido hacerme alguna merced para tornar á mudar mi casa é irme á esa Corte, pues creo que mis servicios y trabajo no han merescido que demas dellos yo ponga tantos dineros de mi casa, y que vaya á buscar á esa villa con que pagar lo que aquí he gastado, en lo cual rescibiré merced de V. M.
La relacion de la plata que se ha sacado despues que y estoy en estas minas va con la presente.
Las cartas y despachos de la villa de Guadalcanal, se quedaron acá con el correo pasado, porque como cuando se despachó yo estaba en la cama con calenturas: al que cerró el pliego se le olvidó de ponerlos dentro, y ansi van agora, aunque no será nescesario proveer sobre ello cosa alguna mas de la provision que está mandada facer, con la cual se provee lo que piden, porque no solamente no será nescesario comerles su pan; pero sé que ha de haber hartas cuestiones y cautelas sobre querer ellos tomar lo que aquí se vendiere, como hacen en la carne, que como su obligado no les da abasto, los regidores é personas principales envían aquí al obligado de las minas para proveerse.
Gran fruto hará el alcalde de minas que V. M. ha mandado proveer, mayormente si fuera este alcalde de la justicia de Sevilla de quien escribí, porque es tan temido en toda esta tierra, qne nadie se atreviera á hacer hurto, y demas desto concurrian las otras cualidades que dije, de las cuales ansi mesmo creo habrá informado por escripto ó por palabra don Francisco de Mendoza, porque sé que está muy contento de su manera de gobernar, y ahorrábase el camino y tardanza del que de allá se proveyese: pero pues V. M. lo ha mandado proveer, cierto está que será en persona que este otro no haga falta. Será menester hacérsele tambien aposento en esta casa, en lo cual veo alguna dificultad, porque como no hay otro reparo, y todos estamos aquí dentro, con ser mas dé sesenta personas, pásase harto aprieto. Nuestro Señor la Real Persona de V. M. guarde con acrescentamiento de mas reinos y señoríos. De las minas último de octubre de mil quinientos cincuenta y seis años.- De V. S. C. R. M.-Humil criado que sus Reales manos y pies beso.- Agustin de Zárate.- A la S. C. R. M. del Rey nuestro Señor en su real consejo de la hacienda.

sábado, 21 de noviembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 107


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

que es ocho horas, partiendo el dia en tres duas; y ansi, con no haber hoy ha tres meses veinte mineros y tiradores del torno, hay hoy mas de noventa que hacen mas costa que casi lo restante de la mina. Viendo yo esta perdicion, hablé al aleman sobre ello, para que tratásemos de remediarlo, porque es grave cosa de oir que trabaje un natural nuestro doce horas en traer aquel torno, para lo cual ninguna industria se requiere, sino solo á fuerza, por dos reales, y que trabaja un aleman en lo mesmo ocho horas harto mas flojamente cuanto á la obra, y el que menos lleve tres reales, de manera que llevando la tercia parte mas del dinero y trabajando la tercia parte menos del tienpo, resulta que con lo que trabajan diez alemanes se pagarian treinta españoles; y á este respeto en los que entran en el pozo; que los nuestros ganen por doce horas tres reales, y ellos por ocho cuatro ó cuatro y medio. Díjome el aleman que le parescia cosa dura darles tan gran salario, porque demas de diminuirse la hacienda real, era quitar el ánimo á otras gentes para buscar minas, viendo las grandes costas que asi se hacían, é paresciéndoles que si no se hallaba la plata debajo del cesped de la tierra, no bastarian sus haciendas á complirlo. Visto su parescer, el domingo siguiente, que fue veinte é cinco deste, al tiempo de asentar la gente para entrar en los pozos la semana, hice notificar á sus cabezas que no se les daria de ahí adelante mas que dos reales al tornero por sus ocho horas, y tres reales al minero por las suyas, con lo cual quedaban igualados con los españoles cuanto al prescio, y quedaban relevados de la tercia parte del tiempo. Sabido por la gente alemana y flamenca, se juntaron en un escuadron, y casi á manera de amotinados lo enviaron á decir al aleman, teniéndolo por cabdillo, é yo tambien le fuí á hablar y le propuse todo lo que habiamos pasado, y lo que yo habia fecho en confianza dello, y que me parescia que no tenian de qué agraviarse, pues tenían la tercia parte de menos trabajo que los españoles, ó que les dariamos el salario como ellos quisiesen, con tal que trabajasen de doce en doce horas hallé tan mudada el aleman con la persuasion de sus naturales, que me dijo que todos los nuestros eran muy grandes ladrones, y que lo quellos hurtaban demas del salario, no era mucho que lo llevasen los suyos en salario crescido, diciendo grandes cosas contra todos nosotros, y cosas que no se le sufririan sino por servir á V. M. Todo esto no se trataba por intérprete que me pudiese engañar, porque nosotros no lo hemos menester; pero visto yo el daño que estaba aparejado si no intervenia gran templanza, con toda buena gracia y_disimulacion le dije que yo lo dejaba en sus manos, y le hacia moderador de todo ello para quél lo proveyese y remediase como entendiese ser mayor servicio de V. M., y con esto le aplaqué á él y á ellos, considerando que no era justo usar de ningun remedio habiendo de estar aqui tan poco tiempo, y quel que viniese lo remediaria; pero tambien es justo remediarlo con tiempo, porque no crezca el daño á juntarse trecientos ó cuatrocientos tudescos, que todos tienen sus armas, y que no se puede remediar sin mucho daño, ni es razon que yéndose adelgazando el provecho de las minas, vaya cresciendo la costa: V. M. proveerá lo que fuere su real servicio.


viernes, 20 de noviembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 106


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I


(Se mantiene la ortografía de la época)


Juanes de Vitemherg, aleman, promete grandes esperanzas de lo que se sacará, andado el tiempo, destas minas; porque aun dice que en los terreros hay alguna plata; pero hasta ahora no ha hecho novedad ni cosa que se pueda contar mas que mostrarse muy esperto y liberal ensayador: en lo otro creo que irá por sus pasos contados; tengo sospecha que es codicioso, y querría topar alguna cosa llena y nueva donde tuviese parte; porque habrá siete ó ocho dias que vinieron aquí ciertos mercaderes alemanes de Sevilla, que están concertados para desaguar la mina de Hornachos en que tienen parte, y luego se fue con ellos y estuvo allá hace dos días teniendo acá tanto que hacer, y á un día vino malo, y lo esta; y se agravian mucho del poco salario, y si tienen tan poca gente como agora, no terná razon; porque ni tiene caballo ni mas que dos pages, pero espántale ver valer una libra de pan medio real, y una gallina cuatro reales: yo le hice un buen aposento con sala y cámara, é recámara é chimenea comprósele una muy buena cama con sus paramentos, y otra para sus criados, y sillas, y mesas, y todo el ajuar nescesario, y todo no basta para contentarle ni consolarle sobre esto de poco salario; porque dice que pensó que le hablan de dar de comer á él y á su gente, y si tuviera muchas cabalgaduras fuera algo crescido el partido; porque valiendo trece reales la hanega de la cebada, y no hallándose paja por ningun dinero, gasta cada bestia cerca de tres reales cada dia. Desde que se sonó por estas partes la venida de este aleman, ha crescido un daño en estas minas que se va haciendo irremediable, y es que don Francisco de Mendoza á instancia suya, despidió un dia en estas minas veinte é cinco ó treinta alemanes que servian de mineros y de tirar los tornos, hallándose que los mineros no tenían industria, y los unos y los otros llevaban escesivos salarios, y aun ansi se fueron; y con algunos buenos mineros que quedaron, que serian hasta ocho ó diez, y en todos los fundidores y los ademadores, carpinteros y en los moledores é lavadores que es todo un oficio, don Francisco por su parte é yo por la mia nos dimos tal maña, que se concertaron por sueldo señalado con obligacion de servir un año, paresclendo que teniendo prendados estos oficiales, que son los que yo digo y he dicho siempre que son menester de Alemania, con haber algunos pocos mineros que industrien á los nuestros, no hemos menester aquella canalla, que no hacen tanto y llevan mucho mas que los nuestros; y ansi nos hemos valido hasta agora sin ellos; despues hase ido divulgando la venida de este aleman, añadiendo que estas minas se han de gobernar y tratar por los alemanes y ser el administrador el aleman, con cuya fima no ha quedado en Sevilla flamenco ni aleman, ni en Cádiz ni en Gibraltar, y aun desde Portugal, que no acuda aquí, como quier que es verdad, y confiesa el aleman que en todos ellos no hay hombre que sea buen minero; pero no obstante esto, y que unos son marineros y otros bohoneros, y otros que venden coplas y agujas, y otros de los romeros que pasan cantando á Santiago, que en llegando aqui, al que dice que sabe algo de minas, le dan estos dos capitanes Adam y Claudio al que entra en el pozo cuatro reales, y al que tira el torno tres y tres y medio, y todos ellos trabajan por duas,

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Presentación del libro NUESTROS RECUERDOS. Hermanas de la Doctrina Cristiana. 1909-2009

Dentro de los actos de conmemoración de los 100 años de la venida a Guadalcanal, de las Hermanas de la Doctrina Cristiana, hemos preparado una exposición de 100 fotografías, de las diferentes épocas del Convento del Espíritu Santo.

Coincidiendo con la apertura de la Exposición de Fotografías, vamos a realizar la presentación del libro "NUESTROS RECUERDOS", que recopila un total de 115 fotografías, reseñadas con fechas, personas, actos, etc . El acto se celebrará en la Iglesia de Santa Ana, el próximo día 28 de noviembre a las 12 horas de la mañana, y será presentado por Ignacio Gómez y Salvador Isern.

PRIMERAS EXPEDICIONES AL PACÍFICO SUR - 4 DE 4

Por Annie Baert

Las escalas siguientes fueron el 1 de marzo, en Rakahanga (actuales Islas Cook), y el 7 de abril, en Taumako (archipiélago Duff, en las islas Salomón), cuyos habitantes habían oído hablar de la estancia española en la cercana Santa Cruz once años antes. Habiendo dado su cacique, Tumay, informaciones sobre la existencia de otras islas al sur, la armada se dirigió hacia este rumbo, tras 10 días de descanso y abastecimiento y, el 1 de mayo, entró en una bahía grande, que fue llamada de San Felipe y Santiago. Aunque se hallaba en 15° de latitud sur, el capitán Quirós pensó haber encontrado por fin el ansiado Continente Austral : dio a su descubrimiento el magnífico nombre de La Austrialia del Espíritu Santo y fundó la ciudad de la Nueva Jerusalén -hoy se sabe que sólo se trataba de una isla, que ha conservado sin embargo parte de su nombre español, Santo. Los inevitables malentendidos con sus habitantes lo empujaron a levar anclas al cabo de cinco semanas, pero el viento recio y contrario separó a las naves.
El 12 de junio, la capitana estaba sola en alta mar y, tras algunas vacilaciones, tomó el rumbo de Nueva España, a donde llegó el 23 de noviembre -lamentando la muerte de un solo hombre, el vicario Munilla, de 80 años de edad.
La almiranta y la zabra esperaron en Santo hasta el 27 de junio. Torres decidió luego ir a Filipinas, lo que lo llevó a pasar por el estrecho que hoy lleva su apellido, realizando otra hazaña náutica. El 6 de enero de 1607, alcanzó Ternate, a cuyas autoridades españolas dejó la zabra, y la almiranta ancló en Manila e122 de mayo. Allí se desvanecen las huellas de aquel gran marino.
El capitán Quirós pasó de México a España, a donde llegó en octubre de 1607, dedicando los siguientes siete años a solicitar un nuevo despacho mediante numerosos Memoriales, que a veces mandaba traducir y difundir por Europa. Finalmente la Corona resolvió fingir que se le enviaba de nuevo al Mar del Sur, mientras dirigía una contraorden al virrey: se embarcó en abril de 1615, y murió en Panamá, camino del Perú.
España se desentendió de los archipiélagos descubiertos por aquellos dos grandes marinos, demasiado alejados del resto de sus ya amplias posesiones, y pasaron casi dos siglos antes de que surcaran sus aguas otras naves europeas, en cuyos camarotes figuraban sin embargo los relatos de Quirós y los mapas sacados de ellos.

Bibliografía

- Pedro FERNÁNDEZ DE QUIRÓS: Historia del descubrimiento de las Regiones Austriales, ed. facsimilar, Dove, Colección Mundus Novus, Madrid, 2000.
- Memoriales de las Indias Australes,
ed. de O. Pinochet, Historia 16, Madrid, 1991.
Celsus KELLY (ed.): Austrialia Franciscana, 6 vol., Franciscan Historical Studies (Australia) / Archivo ibero-americano (Madrid), 1963-1973.
- Calendar of Documents. Spanish Voyages in the South Pacific and Franciscan Missionary Plans for its Islanders, Franciscan Historical Studies (Australia) / Archivo ibero­americano (Madrid), 1965.
- La Austrialia del Espíritu Santo, 2 vol., Cambridge, Hakluyt Society, 1966.
Brett Hn.DER: El viaje de Torres, Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid, 1990.
Annie BAERT: Le Paradis Terrestre, un mythe espagnol en Océanie. Les voyages de Mendaña et de Quirós, 1567-1606, Paris, L'Harmattan, 1999.

martes, 17 de noviembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 105


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

Por la mesma carta de Martin de Valdenebro que envío, entenderá V. M. que cuando aquella se escribe, tiene rescibidos solos seis mil ducados, restando en su poder la partida de plata de los veinte mil ducados que dice que se está labrando, de los cuales será nescesario enviar á estas minas por lo menos cuatro mil ducados para los gastos dellas, y para enviar á comprar las mil fanegas de trigo que V. M. manda que se trayan de la Man-cha. De manera que le quedarán diez é seis mil ducados, de los cuales juntamente con la libranza de los treinta cuentos, se irán pagando los tres mil ducados del Clavero de Calatrava; ansi que quedarán para la libranza gruesa trece mil ducados, y con los seis mil rescibidos serán diez é nueve mil, y con los tres mil y sesenta y tantos marcos que agora partieron que tengo por cierto valdrán diez é nueve mil ducados, que son, dándose todos á Fernando Ochoa, treinta é ocho mil ducados. Tambien me atrevo á afirmar conforme al plomo é metal que está sobre la tierra que para ocho de noviembre un dia mas á menos se enviarán á Sevilla otros veinte mil ducados, y procuraremos llegarlos si pudiere ser á veinte é dos mil porque hagan número igual de sesenta mil ducados: de allí adelante como el metal no está sacado, ni sabemos lo que se sacará ni cuando, sería gran peligro afirmar cosa cierta, porque si no es deste pozo de Martín Delgado, no se funde cosa que nos hincha á la mano sino unos relaves de donde salen entre cuatro y cinco marcos por quintal de plomo; y aun para esto han de ser de los buenos y gastándose gran cantidad de almártaga, de lo cual esclama el Alemán; por qué no se espera á que haya agua para lavarlos. Es tan peligrosa materia ésta, que no me oso entremeter en dar parescer en ella ni permitiré hacer novedad en el poco tiempo que aquí yo estuviere; pero tengo muy gran dubda que en el mes de noviembre se pueda cumplir tantas libranzas como V. M, me manda escribir que están consinadas para él, porque será harta obra si de los ocho de noviembre hasta fin del mes acaban de cumplir los veinte mil ducados restantes para el complirniento de toda la libranza de Fernando Ochoa, y despues de aquella en el mes de diciembre desde principio dél hasta el día de navidad se podrán cumplir los veinte mil ducados que estaban consignados al Príncipe de Oria. Para el mes de noviembre podría ser que se sacase de tal manera metal y se diese tal priesa en fundirlo y afinarlo, que en todo este tiempo se entremetiese la libranza de los doce mil ducados de Domingo de Orbea: yo no osaría proferirme, aunque tuviese mas entera salud, segun el estado de los negocios á hacer mas que esto, y aun para hacerlo no ha de haber descuido: si subcediere alguna novedad que haga crescer ó menguar este tanteo, podráse dar aviso á V. M. y todo esto que se dice es sobre presupuesto que por mí ó por el que en mi lugar quedáre, y por los oficiales que aqui están no se dejará de poner la diligencia posible para si pudiere pasar deste tanteo; pero yo estoy muchas veces considerando, acabados estos relaves, que es de lo que agora se ceban tantos hornos, y donde se ocupan tantos oficiales y gente salariada, en qué se ha de emplear si desde aqui allá Dios por su misericordia no provee que hagan metal estos y otros pozos, que aunque cada día nos lo muestran, los dos dellos no dan cosa de sustancia; y en este tan triste suceso de no haber mas metal del pozo de Martin Delgado, yo certifico á V. M. que con dos hornos, aunque sean de los viejos, se funda en un dia, y se afine en otro en dos buitrones todo cuanto se sacare en una semana.

lunes, 16 de noviembre de 2009

PRIMERAS EXPEDICIONES AL PACÍFICO SUR - 3 DE 4


Por Annie Baert

Se empezó a instalar un campo español en tierra, los futuros colonos levantaron sus «casas», pero la crueldad del maese de campo y algunos de sus seguidores para con los isleños -hasta mataron al bueno de Malope para provocar una rebelión indígena que condujera a abandonar la isla-- se convirtió en la preparación de un motín, castigada por la ejecución de tres de los asesinos. Las fiebres provocaron la muerte de numerosos hombres, entre ellos el mismo adelantado, y doña Isabel, ya gobernadora, decidió por fin levar anclas el 18 de noviembre, para ir a Filipinas a reclutar nueva gente y regresar a poblar «sus» islas.
En Santa Cruz habían fallecido 50 personas, y fallecieron otras tantas en la larga travesía de dicha isla a Manila, que llevó a cabo el excelente Pedro Fernández de Quirós, sin mapa alguno, y durante la que se apartaron la galeota y la fragata -perdida ésta para siempre. A Filipinas llegó sola la capitana, el 11 de febrero de 1596: doña Isabel fue recibida como « la reina de Sabá de las islas Salomón», se volvió a casar con «un caballero mozo», don Fernando de Castro, un lejano pariente de Mendaña, y sobrino del gobernador Gómez Pérez de las Mariñas. Aderezada la San Jerónimo, los recién casados se hicieron de nuevo a la mar: el fiel piloto mayor los condujo a Nueva España, a donde llegaron tras cuatro meses de un penoso tornaviaje, con «increíbles trabajos y tormentas».
Esta expedición, que difiere de las demás en el carácter privado de su organización, fue un fracaso en lo humano -fallecieron las tres cuartas partes de los pasajeros- y en lo político -no hubo asentamiento español en las islas Salomón-. Pero quedan en su haber la proeza náutica de la travesía hasta Manila y el descubrimiento de dos archipiélagos, las Marquesas y Santa Cruz, que han conservado los nombres que se les dieron, y han despertado la curiosidad de los siguientes navegantes europeos.
III - El descubrimiento de Vanuatu
Tras conducir a su gobernadora a Acapulco, Pedro Fernández de Quirós regresó al Perú con el proyecto de conseguir un despacho para continuar los descubrimientos. No pudiendo -o no queriendo- dárselo el virrey Velasco, aquel incansable caminante se fue para España, y de allí a Roma, a donde no llegó antes del verano de 1600. Expuso sus planes -«la salud y conservación de infinitas almas»- al Papa Clemente VIII, quien le concedió «muchas gracias y jubileos» para la jornada y le recomendó al rey Felipe III. Volvió pues a España: fue recibido en junio de 1602 por el monarca, que le dio finalmente el deseado despacho.
Se embarcó de nuevo para el Perú, que alcanzó en marzo de 1605, y se dedicó sin demora a los preparativos de la nueva expedición: el 21 de diciembre, levaron anclas dos naos -la capitana, San Pedro, y la almiranta, San Pedro y San Pablo-, y una nave más pequeña, patache o zabra, Los Tres Reyes Magos, en las que embarcaban unos 160 hombres y ninguna mujer, puesto que ya no se trataba de poblar. Destacaremos la presencia a bordo de personas de primer plano: once franciscanos, entre ellos el vicario Fray Martín de Munilla, autor de un relato de la jornada; varios entretenidos sin sueldo, entre ellos don Diego de Prado y Tovar, autor asimismo de un relato acompañado de mapas y pinturas de las islas visitadas; Luis Váez de Torres, nombrado primero almirante y luego maese de campo, que fue el primer europeo en navegar por el peligroso canal que separa Australia de Nueva Guinea; o el poeta sevillano Luis de Belmonte Bermúdez, secretario del capitán.
El propósito de Quirós era descubrir el Continente Austral, por lo que se dirigió primero hacia el suroeste, hasta alcanzar los 26°, donde el mal tiempo impuso mudar el rumbo al noroeste. Entonces descubrió, y nombró, varias islas pequeñas, aparentemente inhabitadas, y en las que no se detuvo, pasando gran escasez de agua -que trató de paliar con un prototipo de desalinizador. El 10 de febrero de 1606, las naves llegaron a Hao, que fue llamada La Conversión de San Pablo: desembarcaron algunos hombres para buscar agua -en vano-, estableciendo así con los habitantes de este archipiélago un primer contacto pacífico.

domingo, 15 de noviembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 104


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

Demas desto, el Veinticuatro tomó por opinion que los hornos de la fundicion se soplasen con unos ingenios que trujese un caballo con unas lievas que meneasen los fuelles, por decir que se escusaria mucha costa de los hombres que traían los fuelles, y el soplo dellos seria mas igual y parejo que no trayéndoles hombres. Este aleman y los fundidores alemanes y los mas de los españoles tienen la opinion contraria, y dicen que se funde mejor y con menos embarazo, y no con mucha mas costa á mano que con el Ingenio, porque los caballos nunca traen el paso igual, y ansi nunca sale bien fundido el metal, y demas desto los ingenios se desconciertan muy ordinariamente y por un diente que se quiebre, ó un tarugo que salte es menester parar toda la obra, y se pierde gran suma de plata que se está fundiendo: y dice el aleman y las fundidores de su nacion, que no fundirán ni conviene fundirse con estos ingenios como quier que para hacer lugar capaz del contorno que ha de traer el caballo, fue nescesario hacer el cuarto de los ocho hornos que estan hechos, de largura de docientos y ocho pies, y de anchura veinte é nueve , cosa que pocas veces se ha visto en este reino, porque nos hemos visto en gran trabajo en traer la madera, así para las tijeras como para los tirantes, y no se hallára con trabajo ni sin él si no tuviéramos tan á la mano el robledo de Constantina; y con todo ha costado hartos dineros cuál destas opiniones sea la mas acertada, yo no me atrevo á juzgarlo; pero en los días que aquí estuviere no permitiré que se deje de fundir sin los ingenios, por haber sido mandados facer por don Francisco de Mendoza, el cual, citando nombró al Veinticuatro para que estuviese aquí en mi lugar, no le debió tener para nombrar quien quedaria en Sevilla para el beneficio de la plata, y ansi el mismo Veinticuatro quiere nombrar personas para ello, con ser negocio que requiere grandísima habilidad y mucha confianza é gran presteza, y por no estar diestro en estos negocios, nos ha hecho padescer por no proveer dineros para la paga desta gente, que como no tienen mas que sus jornales de que se sustentar, vea V. M. lo que pasaría con estar ocho dias sin haber un real de que pagarles, mayormente en tiempo que aun por dineros no se halla el pan; y cuando se halla, cuesta medio real una libra, y vale la hanega del trigo veinte é ocho reales, y la provision del pan de la Mancha ya se hobiera hecho con mucha ventaja si tuviéramos dineros; y la forma que allá se tiene en el pagar de las libranzas, mandará V. M. ver por una carta que aquí envío, que me escribió Martin de Valdenebro que está en Sevilla para cobrar los treinta cuentos por el tesorero Hernando Ochoa, con tener una cédula Real el licenciado Salazar para que haga preferir la labor de la plata destas minas á todas las otras. Si yo tuviera salud, dejando aqui buen recaudo, yo mesmo fuera á Sevilla con tres mil é sesenta marcos que se enviaron, á veinte é siete deste, para que en presencia de Diego Lopez lo hiciera afinar, y en sentar y labrar entenderia la forma que en esto se suele seguir, y el previlegio de que goza la hacienda de V. M. en ser preferida á las otras.
Yo he enviado persona propia y esperta al licenciado Salazar, que cómo es posible que permita la tal cosa, y que la hacienda de V. M. se tenga en tan poco; que me escribió Diego Lopez que no se halló capataz en la casa de la moneda que quisiese rescibir la plata ligada para labrarla, diciendo que tenia llenas las hornazas de plata de mercaderes. Guando lo tal acontescia estando yo en Sevilla labrando la moneda de V. M. tomábamos al capataz todo lo que tenia labrado hasta en la cantidad que le queríamos dar, y dejábamosle lo otro para que lo labrase para el dueño de aquel á quien se tomaba; pues no importaba este trueco mas que cinco ó seis días de dilacion, y aun demandándolo la mucha priesa, se mandó despues que todas diez é ocho hornazas que habia, labrasen la hacienda de V. M. y no de otro ninguno hasta que se acabase, y liara lo de la cizalla y recizalla, se tenia la mesma orden cuando habia dineros de que suplirla; porque teniendo el tesorero en su poder la cizalla que sobra de la primera labor, que es ordinariamente la quinta parte, y de aquella la recizalla, que es otra quinta parte de la cizalla; de manera que en veinte é cinco mil ducados de valor de plata talegada, vienen á ser seis mil de ambas labores, no se hará muy gran destravío al tesorero en que lo dé, ocurriendo las necesidades tan puntuales como ocurren, de la primera moneda que estuviere á la mano, toque á quien tocare, puesto puede suplir dentro de seis ó ocho dias de la plata de la cizalla y recizalla que queda en su poder, pues importará mas el despachar las galeras en aquellos ocho días que no al mercader ni pasagero: ansi que conviene mucho al servicio de V. M. que desde allá se escriba al licenciado Salazar mandándole muy prescisamente que no haya en esto disimulacion, sino que se prefiera siempre la hacienda de V. M. á todas, como se suele hacer y está mandado, castigando al tesorero y escribano si á otra cosa dieren lugar.

sábado, 14 de noviembre de 2009

PRIMERAS EXPEDICIONES AL PACÍFICO SUR - 2 DE 4


Por Annie Baert

Sin embargo, a quien entusiasmó dicho hallazgo fue al propio Álvaro de Mendaña, que desde entonces no dejó de insistir para obtener el permiso de volver a las «Islas de Poniente».

II - El descubrimiento de las Islas Marquesas y Santa Cruz
Frente a la indiferencia u hostilidad del virrey Francisco de Toledo, Mendaña no tuvo más remedio que regresar a España, donde en 1574 consiguió Capitulaciones, válidas por dos vidas, según las nuevas Ordenanzas de descubrimientos que regían desde el año precedente: tendría el título de adelantado y «Marqués del Mar del Sur», con licencia para fundar una población española en San Cristóbal, pero la expedición se haría a su costa, sin que la Hacienda real gastase nada en ello -hasta pagó unas fianzas de 10.000 ducados.
Regresó a América, donde tuvo que enfrentarse a la hostilidad del presidente de la Audiencia de Panamá y de varios virreyes del Perú, cuyo efecto fue dispersar o desanimar a los que se declaraban voluntarios para la jornada, desbaratada varias veces seguidas, hasta la llegada a Lima de don García Hurtado de Mendoza, cuarto marqués de Cañete. Tras dedicarse a mejorar la situación del país, afectado por catástrofes naturales y sanitarias (un terrible terremoto, y luego la peste) y llevarse una victoria sobre el pirata Hawkins, le vendió al adelantado una nao de la armada real, sustituida por la que tomó al inglés, y le adjudicó la artillería y municiones que se habían requisado en ella.
En 1595, la armada estaba lista: dos naos, la capitana San Jerónimo y la almiranta Santa Isabel, y dos naves más pequeñas, una fragata, la Santa Catalina y una galeota, la San Felipe -todas propiedades particulares- en las que embarcaron unas 430 personas: familias de colonos que iban a asentarse en las islas Salomón y habían vendido sus bienes para costear su viaje, amén de soldados y marineros, y cuatro sacerdotes. Destacaremos la presencia a bordo de la propia esposa del adelantado, doña Isabel Barreto, su hermana y tres de sus hermanos, y la del 'piloto mayor, Pedro Fernández de Quirós, autor del relato de la expedición.
Dejaron el Perú el 16 de junio y, como siempre, la travesía se hizo sin dificultades, «celebrando haber venido a popa, breve el tiempo, amigo el viento, bueno el pasto, y la gente en paz y sana y gustosa». El 21 de julio, llegaron ante un archipiélago desconocido, al que dieron el nombre de Las Marquesas de Mendoza, «en memoria del marqués de Cañete». Los mapas modernos todavían lo indican, si bien su nombre indígena es Fenua Enata, junto con los topónimos cristianos de Magdalena (Fatuiva), Santa Cristina (Tahuata), Dominica (Hiva Oa) o San Pedro (Mohotani, o Motane). Se quedaron en dichas islas dos semanas, marcadas por la inevitable alternancia de enfrentamientos y momentos de fraternización, que nos han dejado la primera descripción de los polinesios, sus tatuajes, casas, piraguas y herramientas. Pero no eran las islas Salomón, y las naves levaron el ancla el 5 de agosto.Tras otras cinco semanas de navegación, esta vez menos serenas porque iba pasando el tiempo, llegaron el 7 de septiembre frente a un cerro volcánico, cerca del cual desapareció la almiranta, que era de doña Isabel, y en la que iban 182 personas. Aunque no era San Cristóbal, Mendaña decidió detenerse para buscarla y las tres naves restantes anclaron en la isla vecina, que fue luego llamada Santa Cruz (otro topónimo que se ha conservado). Durante las expediciones de búsqueda, que resultaron vanas, empezaron los contactos con los isleños, y en particular con su cacique, Malope, que procedió al tradicional cambio de nombre con Mendaña, y se mostró muy hospitalario.

viernes, 13 de noviembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 103


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

Las siguientes cartas de Zárate de fechas 31 de octubre, 12 y 26 de noviembre, que se imprimen á la letra, manifiestan ventajosamente su pericia, zelo por el real servicio, y buena expedicion de negocios, dando una idea clara y circunstanciada del estado de las minas, y el juicio que formaba sobre la habilidad y trabajo de los alemanes y flamencos.

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Carta de Agustin de Zárate avisando el estado de las minas y demas negocios de su cargo.
Secretaría de Estado. - Correspondencia de Castilla, núm. 124
31 de octubre de 1556.

S. C. R. M.- Rescibí una cédula de V. M. de veinte é cuatro deste; y en lo que toca á mi salud, habrá ocho ó diez dias que en Llerena se me quitaron las tercianas; y ansi por rematar ciertas cuentas particulares que aqui habia que hacer, como por dejar en los libros y escripturas la orden que yo pudiese poner segun mi flaqueza y pocas fuerzas, y aparejarme entretanto para hacer la jornada conforme á la licencia que me estaba dada, é también por hacer buen hospedage é regalos á este alemán , determiné venirme luego á estas minas, donde he estado ocho dias ha, y caso que, conforme á lo que suelen usar conmigo, me tornaron luego las calenturas, yo he determinado no curarme mas ni salir de aqui si no fuere para esa corte, pues con mi estada aqui no hago el fruto que yo deseo, aunque se hace harto mas de lo que solia; y ansi estaré hasta que esté para poder caminar, pues el mandato de V. M. para que me detenga es sobre presupuesto que don Francisco de Mendoza no habia proveido persona en mi lugar que administrase esta hacienda hasta tanto que ido él á esa córte, los del consejo proveyesen persona que estuviese aqui de asiento: siendo asi que llegó don Francisco á muy buen tiempo, él despachó y nombró en mi ausencia á Diego Lopez, Veinticuatro de Sevilla, para que viniese á entender en ello, al cual es tan aficionado, que es de creer que, despues de llegado allá, le nombrará para que de asiento se quede aqui, en lo cual hallo muy grandes inconvenientes, porque en los principales presupuestos de esta hacienda el aleman y él son muy contrarios en opinion; porque el Diego Lopez dice que casi ningun metal ni relaves dél se han de meter en el agua ni lavarse, y el aleman dice que casi ningunos se han de dejar de lavar, el cual alemán en presencia de don Francisco y del mesmo Veinticuatro ha hecho espiriencias una y dos y tres veces sobre ver lo que se pierde ó se gana en esto: lo que resultó della él lo escribirá; y ansi yendo cada uno por tan diferente camino, y tomando su opinion por punto de honra, no puede dejar de padescer la hacienda y haber divisiones, de donde aun se podrian seguir mayores daños.

jueves, 12 de noviembre de 2009

PRIMERAS EXPEDICIONES AL PACÍFICO SUR - 1 DE 4


Por Annie BAERT

Tras un ciclo de cuatro expediciones trágicas, la idea de navegar por el Mar del Sur fue abandonada por las autoridades españolas hasta la jornada de Miguel López de Legazpi, en la que Fray Andrés de Urdaneta inventó el tornaviaje y logró regresar al continente americano. Se abrió entonces una nueva era, de más de dos siglos, de navegaciones regulares entre México y Filipinas, con fines políticos y comerciales, que se «limitaron» al Pacífico Norte y no dieron lugar a nuevos «descubrimientos» geográficos.
En el virreino del Perú, aproximadamente en aquellos mismos años, y sin que se pueda establecer una relación de efecto a causa entre los dos acontecimientos, nació la curiosidad por unas hipotéticas y míticas islas diseminadas en un hemisferio sur todavía inexplorado por naves europeas -corría un rumor según el cual existían tierras ricas a poniente, en las que había llenado sus naves de oro y otras riquezas el famoso rey Salomón.
I - El descubrimiento de las islas Salomón
Habiendo recibido de Felipe II, en 1563, la orden de organizar expediciones de exploración, descubrir tierras nuevas y traer informaciones sobre sus riquezas y las costumbres indígenas, con la prohibición de emprender conquistas o adueñarse de los bienes de los «indios», el presidente de la Audiencia de Lima, don García Lope de Castro, otorgó a su propio sobrino, -el joven Álvaro de Mendaña y Neira, que tendría unos 25 años y ninguna experiencia náutica-, el mando de una pequeña armada de dos naos, Los Tres Reyes y Todos los Santos, comprados por la Hacienda real. Entre sus 160 hombres, destacaban el piloto mayor, el veterano Hernán Gallego, el «cosmógrafo» Pedro Sarmiento de Gamboa, y el «factor» Gómez Hernández Catoira, amén de cuatro franciscanos.
Salieron de El Callao el 19 de noviembre de 1567 y, navegando viento en popa hacia el oeste, avistaron el pequeño atolón de Nui, en las actuales Tuvalu, y llegaron el 7 de febrero ante Santa Isabel, la primera de las islas que hoy forman el archipiélago de las Salomón, en el que permanecieron seis meses, explorándolo concienzudamente gracias a un pequeño bergantín construido en el lugar con materiales traídos del Perú y bautizado Santiago, pensado para salvar los bajos y acercarse a los arrecifes -en los mapas modernos se ven todavía topónimos españoles que recuerdan la onomástica del día (San Jorge), el aspecto del paisaje (Florida) o la patria chica de algún tripulante (Guadalcanal)-. La estancia de los navegantes fue marcada por acontecimientos de diversa índole: el tradicional cambio de nombre entre Mendaña y el cacique Bile, las dificultades de abastecimiento y los inevitables malentendidos, emboscadas y represalias, la muerte «a traición» de nueve marineros que iban por agua y fueron luego comidos -según dijeron sus compañeros-, o la impresión ambigua experimentada frente a las mujeres nativas, «hermosas pero de dientes negros» (por la costumbre de mascar betel).
El 11 de agosto, se hicieron a la mar para regresar al Perú, rumbo al norte para hallar los grandes «vientos generales» que, al precio de más de cinco meses de serios sufrimientos, les permitieron alcanzar Santiago de Colima en la costa novohispana el 23 de enero de 1569. No llegaron al puerto de Callao antes del 22 de julio siguiente, lamentando la muerte de 35 de los tripulantes, y concluyendo por fin una navegación de ida y vuelta de 22 meses, cuyo resultado principal, el descubrimiento de las islas Salomón, no convenció a las autoridades limeñas ni madrileñas.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 102


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

É asi fecho el dicho inventario de las cosas susodichas, el dicho Francisco de Chaves dijo: Que se obligaba, é obligó, de dar cuenta de todo ello segun é como está obligado por la orden é forma que el señor don Francisco de Mendoza le dijo en el dicho su nombramiento; é firmólo de su nombre, é se dió por entregado dello.- Testigos.- Sebastian Castellanos, é Francisco de Arriaza, estantes en las minas.- Francisco de Chaves.- Pedro de Valencia Vivanco, escribano.

Respuesta á las cartas de Agustin de Zárate de 9 de octubre de 1556, sobre los negocios de las minas.

Contadurías generales, núm. 3072.
24 de octubre de 1556.
EL REY.- Agustin de Zárate, mi criado: Ví vuestras dos cartas de nueve deste, y hame desplacido que vuestras indisposiciones duren tanto; y pues por ellas no podeis entender en la fábrica de las minas, fuera bien que don Francisco de Mendoza hubiera proveido de persona que sirviera en vuestro lugar, para que pudiérades venir á descansar y curaros en vuestra casa; y pues no lo hizo, y será aqui presto, será bien que os esforceis á dar recado en esa fábrica lo mejor que pudiéredes, que en llegando él se dará orden como os podais venir.
Los ochenta mil ducados que estan librados en las minas á Hernando Ochoa, conviene mucho que se le paguen lo mas presto que ser pueda, porque son acá muy necesarios para cosas que importan á un servicio; y pues segun lo que escrebis, demas de haber cumplido todas las resultas de lo de Oran, se le podrian dar los veinte mil ducados en plata, poco mas ó menos, que habíades de enviar á Sevilla dentro de dos dias, avisarme heis si se le habrán dado estos, y de lo que mas se le podrá dar de lo que procediese desas minas en este mes, y dentro de qué tiempo se le acabarán de cumplir poco mas ó menos; cumpliéndose tambien con Andrea de Oria los sesenta mil ducados que se le han de dar en los tres meses venideros, en cada un año la tercia parte, y con Domingo de Orbea los doce mil ducados que se le han de pagar en el mes de noviembre, y con los tres caballeros valencianos los quince mil ducados que se les han de dar en el mes de diciembre del sueldo de sus galeras. Asimesmo avisareis con el primero qué podrán rentar esas minas cada mes de mas de los gastos que se hacen en la fábrica dellas, poco mas ó menos, porque todo es menester saber acá para lo que se ha de librar y consinar en ellas.
Los de Guadalcanal nos han enviado acá sobre el socorro para lo del pan; y pues se va encareciendo de cada dia, paréceme bien lo que decís que se haga alguna provision dello
para esa fábrica, y con esto los de Guadalcanal no ternán que quejarse; y asi os mando que hagais comprar hasta mil fanegas de trigo de donde se pudiere haber mas barato, y traellas á esa fabrica y entregallas á la persona que os pareciere para que las tenga á recado, y haga moler trigo y cocer pan, y dallo á la gente que trabajare en la fábrica al precio que saliere, de manera que no haya en ello pérdida ni ganancia; y acabadas estas mil fanegas, si fuese menester mas , irse han comprando y gastando por la misma orden; y cuando fuese pasada la necesidad, se volverán los dineros al dicho pósito.
El alcalde de minas está ya proveido é irá presto, conque os aliviareis de algun trabajo. De Valladolid á veinte y cuatro de octubre de mil quinientos cincuenta y seis años.- La Princesa.- Por mandado de su Magestad, su Alteza en su nombre.- Juan Vazquez.-Señalada de Gutierre Lope de Padilla, y el licenciado Briviesca de Muñatones, y el doctor Velasco, y el contador Almaguer, del consejo de la hacienda de su Magestad.
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martes, 10 de noviembre de 2009

¿Eran « grandes ladrones » los isleños del Mar del Sur... 6 de 6


¿Eran « grandes ladrones » los isleños del Mar del Sur que acogieron a los navegantes europeos en los siglos XVI-XVIII ?

Dra Annie Baert


Otra fuente antropológica de interés es la de Bernard Rigo[1], que coincide con Tcherkézoff al afirmar que, en las sociedades polinésicas precristianas, no existía dualismo ni barrera entre lo humano y lo divino ; sólo había cierta distancia que se podía franquear gracias a varios ritos, como el de las dádivas y contradádivas.

Explica que en los tiempos preeuropeos, el océano era un lugar sagrado, como un « marae », y que la llegada de los dioses se expresaba con el término marítimo de « fano » : por allí precisamente fue por donde llegaron aquellos forasteros.

Evoca en particular la tradicional ceremonia del « pai’atua », que señalaba los grandes acontecimientos de la vida social y política, y en la que el sacerdote mayor ofrecía a los representantes de otros dioses las plumas rojas, señal visible del « mana », del poder, del gran dios Oro, que adornaban el palo oblongo, o « to’o », envuelto en un tejido de « tapa », que figuraba a aquel dios. A su vez recibía otras plumas rojas de ellos. Aquella ceremonia servía para, o consistía en, « captar el poder divino ».
Parece que es más o menos lo que se produjo cuando llegó el capitán Quirós a la isla que después llamó Espíritu Santo, el primer día de mayo de 1606. Lo cuenta así Fray Munilla :
« Estaba mucha jente enboscada por la arboleda y para engañar a los nuestros hecharon muchos muchachos por la playa y los de las piraguas quisieron hacer lo mismo y pusieron en un palo en el agua unas plumas bermejas que parezian martinetes para quando los nuestros las fuesen a tomar flechallos…
[2] »

La presentación del palo con plumas rojas no deja lugar a dudas : los nativos vieron a los recién llegados como representantes de los dioses, y les hicieron el consiguiente regalo. Desgraciadamente, los forasteros no eran capaces de interpretarlo así y sólo vieron en dicha actuación una tentativa de « engaño » y « traición » : hablaron los arcabuces, despidiendo sus rayos mágicos de fuego y de luz, y siguió el malentendido…

Rigo también explica que en un mundo regido por la « necesidad existencial de la circulación de los objetos », eran los hombres los que tenían la iniciativa del intercambio con los dioses, lo que hacía de éstos los obligados de los humanos. Dar algo a los dioses equivalía entonces a ejercer una coacción o un poder sobre ellos, bajo la forma de una tácita exigencia.
Si se aplica este principio a la situación de los primeros contactos, en los que los isleños trajeron regalos a aquellos hombres recién llegados del alta mar, vistos no como dioses propiamente dichos sino como enviados o representantes de los dioses, se entiende que la exigencia de la contradádiva se extendió hasta al coger los extraños y en cierto sentido maravillosos objetos que traían consigo. Lo que fue sistemáticamente interpretado por los occidentales como « robos ».

Podemos por consiguiente responder negativamente a la pregunta que hicimos al empezar : aunque sí robaron a los navegantes — y esto es indudable —, no eran « grandes ladrones » los nativos del Mar del Sur. Pero sin embargo parece que se produjeron muchos robos, auténticos.

3 - ¿No hubo también auténticos « ladrones » ?

Hemos visto que cuando Mendaña estaba en las Islas Salomón, él y sus compañeros fueron víctimas de robos por parte de los isleños. Pero al poco tiempo, la situación cambió del todo y esto es lo que se se lee en los relatos de la jornada :
« queriendo cortar vna palma de cocos para comer, porque no nos avian querido dar comida por nuestro rrescate, començaron aborotarse y a tirarnos flechasos de tal manera que defendiendonos con los alcabuzes, mataron a vn capitançillo […] ; nos fuemos a vna ysla pequeña […] y alli nos direon vn puerco como los de Castilla, sino que era montés y muy chiquito y de rruin sabor […] con que selebramos la pascua : fue la primera carne […] que se comio fresca despues que del Piru salimos »

« en este tiempo [a fines de mayo de 1568], no se daba rracion sino a ocho onças de bizcocho […] y a media libra de carne salada, y alguna bez salia dañada ; y las rraizes se nos acababan, y estaba la gente flaca, ansi del poco comer como de enfermedades y se quexaban mucho deziendo al señor General mandase buscar comida pues thenía justificada con ellos su causa pues muchas bezes se la abia pedido por rrescates, y no lo abian querido azer y lo abian visto los rreligiosos. […] determinó entrar en las casas a tomarla… »

« Viendo que de la comida que sacamos de Pirú se auia gastado mucha, y que no sauiamos lo que nos detendriamos en la tierra y los tiempos que nos darian, me pareció que era bien ayudarnos de la que auia en la tierra, y para esto traté con algunos tauriquis […] que me diessen comida y que les daria de las chaquiras y cascaueles y de los rrescates que lleuaua, los cuales me dixeron llanamente que no ; y viendo la poca virtud que en ellos auia, con acuerdo […] de rreligiosos, se entró por la tierra a buscar comida… »

« A lo qual el dicho fray Francisco Galvez, vicario, rrespondio diziendo que el avia entendido que yo avia hecho todas mis diligençias y amistades con el tauriqui, que es el señor, y con sus yndios, […] que podia muy bien entrar la tierra adentro a buscar comida, pagandola en otra cosa ; y que no queriendola dar los naturales por rrescates, la podia tomar con moderaçion, que no tomase tanta cantidad que ellos quedasen desposeydos della … »
[3]

Aquí tenemos todas las claves : seis meses después de dejar El Callao, escaseaban tanto (« se habían gastado ») los víveres que la situación se había puesto insoportable : sólo comían « ocho onzas (algo más de 200 gramos) de bizcocho y media libra de carne salada, a veces dañada » al día, y el puerco con que celebraron la Pascua fue « la primera carne fresca » del viaje.
Los hombres, que sufrían del hambre, presionaban a su jefe para que les consiguiera comida más sustanciosa. Debajo del verbo « se quejaban », hay que entender que las cosas podían convertirse en rebelión abierta, o motín, lo que Mendaña, a pesar de sus pocos años, no podía descartar. A esta sensación de inseguridad se añadía la ignorancia de cuánto había de durar la jornada : « no sabíamos… ».
Verdad es que se habían previsto estas necesidades, al embarcar los « rescates », tan oficiales que venía en la armada un hombre encargado de velar por el uso que de ellos se hiciese, el « thenedor de los rescates », nadie menos que el propio autor de una de estas crónicas, Gómez Hernández Catoira. Según la mentalidad europea, propia de una civilización urbana, de aquella época, cuando alguien necesitaba un artículo, cualquiera que fuera, podía « comprarlo », en una tienda, o en un mercado, a cambio de dinero o de otro producto que le conviniera al eventual vendedor. Sólo era una cuestión de precio.
Los navegantes no podían imaginar que aquel intercambio no tuviese sentido en las islas del Mar del Sur, en cuyas sociedades la circulación de objetos sí existía y tenía un papel fundamental, pero no en la acepción occidental de « comercio ».

Nació entonces otra incomprensión : los europeos, que necesitaban comprar comida y tenían con qué pagarla, se encontraron con que sus dueños se negaban a vendérsela (« me dijeron llanamente que no »), lo que pasó por « poca virtud », o poca caridad humana. ¿Qué hacer ? No pudiendo lógicamente resignarse a dejarse morir de hambre, apelaron a la suprema autoridad moral, los « religiosos » de la armada, testigos — y víctimas también — de aquella negación a trocar pacotilla por puercos para que confirmaran que en el fondo los había constreñido la necesidad, y absolviesen lo que se disponían a cometer, robar comida, como meros bandidos.

Tenemos otros ejemplos que ilustran la manera como fue evolucionando esta situación sin salida. Primero actuaron con cierta « moderación », tal y como lo recomendó el vicario de la armada :
« pedieronles comida, que se la pagarian, mostrandoles chaquira. No lo quisieron azer, antes se alborotaban y daban alaridos, tocando sus atanbores para juntar gente ; y bisto que no aprobechaba con ellos, mandó don Hernando [el alférez general] que los rrodeleros les mirasen las casas, do allaron en ellas mucha comida […]. Sacaron alguna […]. Mando don Hernando colgar dos sartas de chaquira a las puertas de los boyos donde tomaron la comida… »

« Don Hernando dexo en ella el rrescate que le parescio balio lo que della se tomo, que fue poco. »
« Miraron todos los boyos, y allaron thener poca comida, y tomaron alguna parte por no les desposer del todo y se dexo el rrescate a las puertas de las casas. »

Se nota la voluntad de comprar y « pagar », y el escrúpulo del alférez en robar pura y sencillamente la comida de los naturales : aunque encontró víveres, sólo tomó una cantidad limitada, y la « pagó », dejando lo que estimó ser su precio en la puerta.

Pero luego desaparecieron los problemas de conciencia :
« …començaron a llegarse con el vergantin a tierra, para saltar a rrescatar o tomar algunos puercos o gallinas que abian bisto el día antes muchos. Pues, como los yndios les bieron […] les arronjaron piedras con gran furia […] huyeron todos, dexando desanparado el pueblo ; allaron almendras y rraizes y tres puercos […]. Mataronlos con los arcabuzes, y acudieron donce cantaba vn gallo y le allaron con tres gallinas y las mataron con las espadas […]. Llegaron a otro pueblo do mataron otro puerco, y allaron vna manada de gallos […] y mataron como vna dozena ; […] tomaron dos canaluchos grandes y con ellos metieron mucha comida de almendras y raizes… »
[4]

De entrada, se trataba de « rescatar o tomar » : aquellos hombres contemplaban ya la posibilidad de que, como ya les había pasado en otras islas, los nativos se negaran a « rescatar », por lo que estaban determinados a « tomar », o sea « robar », los víveres que hallasen, como lo escribió claramente Catoira en el momento de hacerse a la mar para emprender el viaje de regreso :
« A esta sazon [principios de agosto de 1568] se yban acabando de aderesçar los nauios […]. El señor general […] determinó de enbiar el vergantin a buscar mas comida de la que los naturales thenían, por no gastar la nuestra para poder nabegar »
[5]

También se produjeron sustanciales robos en la isla de Espíritu Santo, en mayo de 1606, como lo relatan el capitán Quirós y el Padre Munilla :
« el capitán ordenó al maese de campo que con la gente se entrase la tierra adentro […]. Los nuestros hallaron dos puercos asados y todas otras sus comidas, que comieron a su placer y a buen sabor : trajeron vivos doce puercos, ocho gallinas y pollos […] ; el capitán envió al maese de campo con treinta soldados a reconocer cierto alto, a donde hallaron un grande y apacible valle y pueblos […]. Cogieron allí […] veinte puercos… »

« era zierto alli donde estaban los yndios abria lo que se yba a buscar que era alguna comida porque teniamos nezesidad […] se allaron quatro casas buyos y en ellos atados una dozena de puercos chicos y grandes y uno se allo asado en barbacoa que luego hicieron los dichos caballeros marineros con sus bienes […]. Allaronse muchos puercos que si fuera mucha jente pudieran traher mas de 50 ; trajeron 15 porque no yban mas de 25 a 26 personas… »
[6]

En estos casos, no se trata de latrocinios desdeñables, sino de cantidades tan grandes que buena falta habían de hacerles a los aldeanos, pero el buen franciscano justifica dichos « robos » por la necesidad que tenían de encontrar la comida imposible de conseguir por medio del rescate.

Si los navegantes se condujeron como bandidos, sus confesiones sugieren que fue de mala gana, por obligación, y con un hondo sentimiento de vergüenza y de humillación, que además nacía de las risas de los isleños. Es lo que evoca el piloto mayor Hernán Gallego :
« los yndios se pusieron en arma contra nosotros i haçiendo burla de nosotros porque les pediamos de comer… »

La razón de dicha burla podría parecer salida de la imaginación del marinero, pero la aclara Catoira, con un detalle lingüístico que no deja lugar a dudas — las palabras que designaban los alimentos eran las primeras que habían aprendido de los idiomas locales :
« tan cerca estaban las casas de los yndios en la playa que los nuestros los oian ablar en las casas, y las rrisadas que daban deziendo nanbolos, que quiere decir “puercos”, deziendo mas nanbolos y rreyrse mucho […] despues en conversacion azian burla de nosotros porque les pediamos puercos y comida »
[7]

Tenían la impresión de ser vistos literalmente como « muertos de hambre », una imagen que no correspondía con su posición social, que evidentemente juzgaban superior a la de aquellos « bárbaros desnudos ».

Parece que no se repitieron estos robos en los siglos posteriores — o que sus autores los disimularon u omitieron en sus relatos —, sin duda porque las condiciones prácticas de las expediciones habían progresado lo bastante como para que ya no se diera su urgente necesidad — o porque, como los de Taumako, los nativos habían aprendido que era mejor « comerciar » con aquellos extraños forasteros, y que así se limitarían las pérdidas.

xxx

En conclusión, hemos pasado de indígenas referidos como « grandes ladrones », cuando en realidad y según su propio sistema intelectual no lo eran, a descubridores y exploradores convencidos de la ventaja de su propia cultura, que las circunstancias forzaron a mostrarse pésimos representantes de dicha « superioridad ».
El interés de estudiar este detalle de los primeros viajes europeos por el Pacífico, por secundario que sea, es que pone de manifiesto lo relativos que pueden ser los juicios aplicados a otras civilizaciones, y revela que es necesario ponerlos sistemáticamente en tela de juicio.
Teniendo siempre en cuenta los distintos esquemas de pensamiento y las particulares condiciones de la vida cotidiana es como podemos recorrer los caminos del pasado escapando a la irrisoria tentación de juzgar a los actores de la Historia con nuestras actuales escalas de valores.
En fin, éste es el mensaje que traté de comunicar a los vanuatenses que hace un mes me hicieron tantas preguntas sobre lo que ocurrió entre los hombres de Quirós y sus antepasados, en una perspectiva humana que permitiera evitar las caricaturas habituales en películas de « buenos » y « malvados ».
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[1] Bernard Rigo : Altérité polynésienne, ou les métaphores de l’espace-temps, Paris, 2004, ed. CNRS.
[2] Relación de Fray Martín de Munilla, in Austrialia Franciscana, ed. Celsus Kelly, Franciscan Historical Studies / Archivo Ibero-Americano, Madrid, 1963, I, p. 61.
[3] Relación « anónima », y relaciones de Mendaña y de Catoira, op. cit., IV, p. 316-317, II, pp. 14 y 102, y III, pp. 204-205. El subrayado es mío.
[4] Relación de Catoira, ibid., pp. 118, 130, 145, 170-172. El subrayado es mío.
[5] Relación de Catoira, ibid., p. 184. El subrayado es mío.
[6] Historia del descubrimiento…, op. cit., I, pp. 321-323 ; Relación de Fray Munilla, in Austrialia Franciscana, op. cit., I, pp. 73-75. El subrayado es mío.
[7] Relaciones de Hernán Gallego, in Austrialia Franciscana, op. cit., III, p. 130, y de Catoira, ibid., II, p. 103. El subrayado es mío.


lunes, 9 de noviembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 101

Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

Horno de Cornelio Aleman.
Una parada de fuelles con sus cañones de hierro.
Dos palas de hierro.
Un garabato de hierro.
Cuatro espetones de hierro.
Dos horquillas de hierro.
Dos rodillos de hierro.
Dos pícayos de hierro, y una limpiadera.
Un martillo de hierro, y una herrada con su guarnicion de hierro.
Horno de Melchor Alvarez.
Una parada de fuelles con sus cañones de hierro.
Un espeton grande de hierro.
Otro espeton de hierro mas chico, para sacar barras.
Otro escarzador de hierro.
Una horquilla de hierro.
Una limpiadera de hierro.
Dos palas y un rodillo de hierro.
Un martillo y un picayo pequeño de hierro.
Fuslinas.
Una parada de fuelles con sus cañones de hierro.
Cuatro barras de hierro.
Una pala de hierro.
Otra.
Una parada de fuelles con sus cañones de hierro.
Cuatro barras de hierro.
Una pala de hierro.
Otras tres.
Tres paradas de fuelles con sus cañones.
Doce barras de hierro, en otras tres fuslinas.
Dos palas de hierro.

De todas las cuales dichas cosas que en el dicho inventario van escritas é declaradas, se hizo cargo al dicho Francisco de Chaves, y él las rescibió y se encargó dellas y se obligó por su persona é bienes de dar cuenta dellas, y de todo lo que en el dicho inventario está dicho y declarado, conforme á la orden que el señor don Francisco de Mendoza le dio en su nombramiento del dicho oficio é cargo de mí el escribano; para lo cual cumplir obligó su persona é bienes, dió poder á las justicias de S. M. que á ello le apremien como por sentencia difinitiva pasada en cosa juzgada, é renunció todo derecho é leyes que sean en su favor, é la ley general. Testigos.- Pedro Alonso, vecino de Valencia de la Torre.- É Alonso del Puerto, estantes en las minas; y el dicho Francisco de Chaves, lo firmó de su nombre.- Francisco de Chaves.- Pedro de Valencia Vivanco, escribano de su Magestad.
E despues de lo susodicho, en nueve de diciembre del dicho año de mil é quinientos é cincuenta é seis años, por presencia de mí el dicho escribano, se inventarió é hizo cargo al dicho Francisco de Chaves, mayordomo susodicho, de las cosas siguientes.

Un peso con sus balanzas de palo.
Tres pesas de hierro de á quintal.
Una pesa de hierro de dos arrobas.
Otro peso grande con las balanzas de cobre, con que se pesa la plata.
Una pesa de azofar de cincuenta marcos.
Otra pesa del dicho metal de veinte y cinco marcos.
Un marco con su caja metido en una bolsa de cuero, de sesenta y cuatro marcos, y falta una ochava.
Dos cajas grandes que se trujeron de Sevilla para guardar la plata, con sus cantoneras de hierro, y en cada una dellas tres cerraduras con sus llaves.
Otra caja grande para lo dicho con otras tres cerraduras.
Tres alabardas.
Siete bombas de madera.
Doce candados que están á las puertas de los buitrones y casas de metal, y otras puertas.
Tres romanas de hierro, que la una está para pesar el almártaga, y otra para el carbon, y otra para las planchas.
Cinco harneros de hierro para cernir metal.

domingo, 8 de noviembre de 2009

¿Eran « grandes ladrones » los isleños del Mar del Sur... 5 de 6


¿Eran « grandes ladrones » los isleños del Mar del Sur que acogieron a los
navegantes europeos en los siglos XVI-XVIII ?

Dra Annie Baert


El oriente era el lado del sol. Y sus objetos coincidían también con la valoración de lo brillante y de la luz, vinculada a la idea de dios y de antepasado : el destello de los objetos de metal (pensemos en las ollas y calderas de cobre que se lavaron en un arroyo de Taumako) o de cristal, los reflejos de los espejos, o el fuego de los cañones y de los mosquetes, que fue asociado al dominio del rayo y el trueno, dos atributos fundamentales del demiurgo Tangaroa y de los demás dioses primordiales.

Los polinesios también admiraron las herramientas de hierro. Ellos veneraban las que tradicionalmente utilizaban para cortar, porque permitían labrar casas y piraguas, que siempre estaban consagradas a los antepasados y cuya fabricación era una prueba de estatuto social. Las que descubrieron en los navíos representaron un auténtico « tesoro » por el progreso que significaban pero también porque se insertaban en una clase de objetos « tabú », o sea sagrados, cuyas virtudes multiplicaban, y las adoptaron en poquísimo tiempo — 30 años después de la escala de Wallis en Tahití, las azuelas de piedra ya eran consideradas como artículos anticuados.

Otro elemento que participó de esta visión sobrehumana fueron los vestidos de algodón que llevaban los navegantes. Por una parte, porque cuando aquellos recién venidos sacaban riquezas desconocidas de sus bolsillos, parecía que las sacaban de sus propios cuerpos. Por otra, porque en la sociedad tradicional preeuropea, se ofrecían « tejidos » ceremoniales a los jefes y la cantidad de « tejido » con la que se envolvía el cuerpo era una señal de estatuto social. Dichos « tejidos » eran el llamado « tapa », que se fabricaba — y se sigue fabricando — con la corteza de ciertos árboles, machacándola con un palo erizado de numerosas púas hasta obtener algo que se parece a una tela, más o menos fina y flexible según el uso que se pretende, y cuyo color varía según el árbol escogido. La primera descripción que tenemos de ello la debemos a don Diego de Prado y Tovar, quien lo descubrió en la isla de Tikopia (Islas Salomón) en 1606, y dice así : « son de las corteças de unos arboles y pareçen texidos como medias de punto », y a Luis Váez de Torres, quien escribió que le « presentaron una cascara de palo que parecia ser un lienzo mui fino de cuatro baras de largo y tres palmos de ancho de que ellos se visten
[1] ». Los polinesios no conocían el algodón y le descubrieron una infinidad de virtudes : no sólo resistía al agua, mientras que su tradicional tapa se deshacía bajo la lluvia, sino que ofrecía varias capas superpuestas, y los vestidos que con él se hacían ostentaban colores asociados a lo divino, el rojo y el dorado.

Finalmente, para los polinesios, los recién llegados eran sin duda sobrehumanos, pero difíciles de clasificar porque hacían más que los antepasados propiamente dichos y menos que los dioses — que crearon el mundo, inventaron el rayo y el trueno y pescaron las islas con sus gigantescos anzuelos. Para un espíritu racional de occidente, los hombres y los dioses no pueden ser confundidos, y la pregunta es : « ¿humano o divino ? ». Pero esta interrogación no tenía sentido en la Polinesia precristiana, y hubo que forjar palabras nuevas para designar a aquellos seres hasta entonces desconocidos.

Una de ellas es « papalangi » que en muchas islas del Mar del Sur se suele utilizar para designar a los europeos — y la palabra « popa’a » o « papa’a », con la que se los llama en la Polinesia oriental, como por ejemplo en Tahití, sería una deformación y/o abreviación de « papalangi ». Pero, en el siglo XVIII, para el capitán Cook o para el español Alejandro Malaspina, « papalangi » designaba « los vestidos de los forasteros », y según John C. Beaglehole se refería de manera más general a « los objetos que trajeron los forasteros ».
Una hipótesis reciente
[2] hace venir esta palabra « papalangi » del malayo « barang », que significa « cosa, objeto, artículo », que habría sido adoptado por unos polinesios al escucharlo en boca del navegante holandés Tasman, en 1643 — en aquella época los holandeses habían incluído un gran número de palabras malayas en su lengua cotidiana y seguramente varios de los tripulantes de Tasman hablaban malayo.

Los polinesios oyeron probablemente que aquellos recién llegados les decían que los regalos que les ofrecían (vestidos, perlas de cristal, herramientas de hierro) eran « barang », y la palabra nueva conoció una transformación fonética lógica : barang > *palangi, con la también explicable reduplicación que llegó a « papalangi ».

Parece pues que el sentido de « papalangi » pasó de « artículos europeos », en tiempos de los primeros contactos, al de « hombres europeos », y que los polinesios pronto olvidaron el sentido original de esta palabra, para la que fue inventada además una supuesta etimología « auténtica » : « papa » + « lagi », « gente [que viene del] cielo ». Esta explicación es tan presumidamente eurocéntrica que no puede retenerse, como lo indica la controversia entre Marshall Sahlins — éste escribió, con razón, que en Hawaii, el capitán Cook fue visto como una manifestación visible y algo inesperada del dios Lono —, y Gananath Obeyesekere — que lo acusó de mirar con condescendencia a los indígenas, y estimar que eran lo bastante tontos como para que tomaran a un europeo por un dios.

En realidad, lo interesante de esta hipótesis sobre el origen de « papalangi » es que asocia a los recién llegados con sus « tesoros », sus artículos desconocidos y tan deseables, y que puede ofrecernos una clave para comprender la atracción que ejercieron dichos objetos-regalos más o menos divinos sobre los polinesios que, como en sus ritos tradicionales, se abalanzaron sobre ellos para apropiárselos — y los « robaron » a los forasteros.
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[1] Relación de Prado y carta de Torres, in : New Light..., op. cit., pp. 118 y 224.
[2] Paul Geraghty & Jan Tent « : Exploding sky or exploding myth. The origin of papalagi », Journal of Polynesian Society, 2001, 110 (2) : 171-214

sábado, 7 de noviembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 100


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

Pozo tercero de la Mineta.
Un torno de madera con sus cigüeñas de hierro.
Una maroma de cáñamo con sus garabatos de hierro.
Una zaca en el torno primero.
Otro torno y otras dos zacas en el pozo de abajo.
Dos picayos grandes de hierro.
Una azada pequeña.
Tres candiles.
Pozo de Adan.
Un torno de madera con sus cigüeñas de hierro.
Una maroma de cañamo con dos pares de garabatos.
Cincuenta piquetes de hierro.
Tres picayos de hierro.
Dos azadas.
Un martillo de hierro.
Cinco candiles.
Buytrones de Juan Gallego.
Una parada de fuelles con sus cañones de hierro.
Diez barras de hierro en un buitron.
Otras diez barras de hierro en otro.
Otra parada de fuelles con sus cañones.
Dos ganchos largos de hierro.
Una espumadera de hierro.
Una horquilla de hierro.
Otra cortadera de hierro.
Buytron en que afina Juan Francisco.
Fuelles con sus cañones.
Ocho barras de hierro.
Un gancho largo de hierro.
Una cortadera de hierro.
Una horquilla de hierro.
En el Buytron de Morales.
Una parada de fuelles con sus cañones.
Nueve barras de hierro.
Dos garabatos largos de hierro.
Una espumadera de hierro.
Una horquilla de hierro.
Otro Buytron.
Una parada de fuelles con sus cañones de hierro.
Un gancho de hierro.
Una horquilla de hierro.
Una espumadera de hierro.
Un escoplo de hierro.
Otras diez barras de hierro viejas en otro buytron.

Hornos de fundiciones.

En el horno de Garay.
Una parada de fuelles con sus cañones.
Dos palas de hierro.
Dos espetones de hierro, uno chico y otro grande.
Un rodillo de hierro.
Una horcada y un garabato de hierro.
Un martillo de hierro.
Otro horno. En el horno de Gaspar Gomez, unos fuelles con sus cañones.
Dos palas de hierro.
Dos espetones, y un rodillo de hierro.
Una horcada, y un garabato de hierro.
Un martillo de hierro.
Una hoz de hierro para limpiar.