jueves, 30 de abril de 2009

FRANCISCO DE MENDOZA - 1

Francisco de Mendoza “El Indio”
Del libro de Francisco Javier Escudero Buendía



Apunte 1


CAP. X. Administrador General de las Minas de los reinos y de Guadalcanal (Sevilla) (1556-1562).



“Siendo como este negocio es de gran importancia,
e que requiere persona de calidad, confianza y esperiencia,
e porque todas estas cosas concurren en vos don Francisco de Mendoza,
hijo de don Antonio de Mendoza (...) y así vos mando que vallais
a todas las cibdades, villas y lugares destos reinos (...)
donde se han hallado y descubierto y se hallaren
y descubrieren las dichas minas de oro y plata”.
Comisión para visitar las minas de los reinos. 1556.


1. Visitador General de las Minas de los reinos (1556-1557): La “fiebre del oro” a la española.

En el momento en que Francisco de Mendoza entra en España en octubre de 1552 con la flota de Indias, manifiesta su intención de seguir íntimamente unido a ellas mediante sucesivos negocios, pero también y al mismo tiempo su deseo de no volver a ellas de inmediato; no podríamos interpretar de otro modo las palabras que expresa en su memorial a la Corte del año 1554: “Y asímismo se me haga alguna merced en los Reynos despaña como a otros caualleros de mi calidad”(1).
Como vimos esta petición de mercedes fue el punto de partida para la concesión del repartimiento de Pocona en el virreinato peruano, pero ante los reyes y gobernadores también le puso en la marca de salida para recibir algo más, aunque como sabemos, toda su experiencia política y de gobierno, - no hablamos ya como militar -, carecía de valor, ya que se había hecho a espaldas y sin consentimiento regio, y en su relación de méritos tan sólo constab
an sus “jornadas” de Visitador General, tanto en México en 1542, como en Perú en 1552 (2).
¿Qué ofrecerle en España? Si nos ponemos en el lugar de aquel que debe escoger, lo más sencillo es apostar a caballo ganador, y si hasta ahora ha sido un eficiente Visitador General con amplios conocimientos técnicos, ¿por qué no volver a darle el mismo cargo? En una fase de su vida de transición e indefinición, la oportunidad no tardó mucho en producirse.
La corte recibe un aviso secreto de que unos vecinos de la Villa de Guadalcanal (Sevilla) llamados Martín y Gonzalo Delgado, habían descubierto unas minas abundantes de plata, con algo de oro. Inmediatamente dieron comisión al Marqués de Falces, Gobernador de la Provincia de León en la Orden de Santiago – sucesor en el mismo cargo de D. Antonio de Mendoza – con fecha de 11 de octubre de 1555, para que informara y atrajera al ámbito de la hacienda real la tal mina (3). La producción era tan relevante e inesperada (4), que ni veinte días después, el 29 de octubre de 1555, el rey Carlos había dado una comisión e instrucciones a Agustín de Zárate, con vara de justicia, para que pusiera cobro y recaudo en las tales minas.
Éste encargo incluía facultades para averiguación, administración, nombramiento de personal con vara de justicia y salarios, localización de nuevas minas, así como metal que hubiera sido sustraido con anterioridad, sin que ni el propio Gobernador, el Marqués de Falces, Alcaldes Mayores y concejos pudieran oponerle jurisdicción, ni gobernación; su comisión es de carácter temporal con un sueldo de dos ducados diarios (5).
A pesar de que la labor de este juez de residencia especial – contador y administrador de Guadalcanal (6) – era bastante satisfactoria, y sus conocimientos sobre el terreno adecuados, los monarcas seis meses después deciden nombrar más funcionarios para gestionar los posibles nuevos hallazgos, y sobre todo, para provocarlos.
Por ello se nombra a Martín de Remoin para ir a las nuevas minas descubiertas en Aracena, y pocos días después, el 24 de abril de 1556 se da comisión e instrucciones a don Francisco de Mendoza para que reconozca, ponga cobro y recaudo en las minas del reino. Es más, al igual que le sucedió a su padre don Antonio con el Virreinato de Nueva España – ofrecido en principio al Conde de Oropesa -, el primer candidato fue don Alonso de Tovar, pero al estar enfermo, y ser una comisión con exigencia física, la Princesa gobernadora aconsejó a Felipe II que fuera elegido nuestro personaje, mucho más joven (7).

1. Ir a la Villa de Guadalcanal donde está encargado de la administración Agustín de Zárate, y después de entender de la fábrica y organización del trabajo, preparar un memorial y entregarlo al citado administrador para que lo cumpla, y lo mismo en Aracena, donde se encuentra Remoin; pero sin la facultad de poder removerlos de sus cargos.
2. Deberá poner recaudo en la forma de obtener y fundir el metal – lavaderos, relaves, escorias, fundiciones, afinaciones, cendradas, coladuras, escobillas y almártagas -, así como en el control de la contaduría de la plata.
3. Entenderá en el orden que se han tenido en los pertrechos y materiales que se han comprado, y a qué precios, habiendo mayordomo para controlarlo todo.
4. Comprobar si la madera, leña y carbón se puede obtener de partes más baratas.
5. Sobre el personal que trabaja en las minas, parece que los alemanes de Juan de Xuren cobran más de lo estipulado, que Zárate pide doscientos alemanes más, que debería contratarse todo el personal necesario para accelerar el trabajo y abrir y ahondar todos los pozos posibles durante el verano, incluidos esclavos negros si fueran necesarios.
6. Podría verse la posibilidad de traerlo de las herrerías del Condado del Ruisellón, y de Vicaya y Guipuzcoa, para que vayan con más brevedad que los alemanes.
7. Los halladores y descubridores de las minas piden compensación y parte en ellas, y se debe buscar que no se les haga agravio, se pondrán personas que lo vean y libros y cuentas, sin que se den lugar a fraudes ni hurtos.
8. Para las fundiciones y afinaciones se permite a don Francisco nombrar una, dos o más personas especializadas, con un salario – según se ordena a Zárate – de mil ducados, siempre moderado, y librar gastos y cartas de pago de acuerdo a la comisión.
9. También se estudiará la posibilidad de fabricar las minas a tajo abierto, para que fuesen descubiertas y no en pozos, y la gente tuviese menos peligro.
10. Con esta instrucción se le entrega relación de Fernando de Somonte de las minas que se han venido a registrar a la Corte, y por qué personas y en qué parte están. Habrá que investigar si los que las encontraron tenían licencia, y si están en baldíos, comunes o heredades privadas.

En ningún momento se dice que don Francisco sea en este momento Administrador de las minas del reino; ninguna de las cartas en las que el rey se dirige a él especifica cargo alguno, llamándole simplemente don Francisco de Mendoza, y dejando muy claro que se trata de un Visitador con poderes de administración (8) y de forma temporal, sin salario fijo, sino con adelantos de 500 ducados mientras la comisión durase, al igual que le sucedía a Agustín de Zárate. Para don Francisco es una continuación natural de la labor que, por mandato de su padre, llevó a cabo en el reino peruano, cerro del Potosí y oros lugares.
No hace falta ser demasiado perspicaz para darse cuenta de que ambas se solapan y son similares a las que recibió Zárate, habiendo cambiado las circunstancias y necesidades de las minas, aunque siendo el ámbito espacial más amplio en esta ocasión y estando don Francisco jerárquicamente por encima de su predecesor, lo que provocaría problemas en el futuro.
¿Por qué este cambio? Porque Zárate había sido enviado exclusivamente a Guadalcanal, y posiblemente los gobernantes no lo consideraban un hombre por sus características válido para hacer una labor de búsqueda y barrido de toda región en la búsqueda de nuevos yacimientos: No nos equivocamos demasiado si describimos esta época como una especie de “fiebre del oro” a la española, incitada sin duda por la llegada de metales americanos, lo que había producido un inusitado interés en buscadores particulares y privados que según se deduce del intercambio epistolar, registraban sus hallazgos en la Corte.
Éstos ya habían dado recientemente con ricos nichos en Guadalcanal y Aracena, sacando a la luz explotaciones antaño conocidas, pero que se pensaba estaban agotadas y en desuso (9), o quizás con los nuevos métodos ahora sí eran rentables, o simplemente y viéndolo con la perspectiva del tiempo pasado, el “fervor” por el hallazgo de Guadalcanal hizo ver filones donde quizás no los había.
Sin embargo y antes de finalizar este apartado, deberíamos volver al principio, al motivo por el que los reyes pensaron en él; el primer punto que tenemos que tener en cuenta es que no nos consta que lo pidiera expresamente; evidentemente su experiencia como visitador de las minas de Potosí y como técnico le avalaba, pero hay otros datos que nos inducen a pensar que hubo otras razones que se sumaron a ésta.
La conexión familiar, la “tela de araña” de intereses que habían tejido durante décadas los miembros de la Casa de Tendilla y Mondéjar no puede ser desdeñada; no ignoramos que su padre había sido en el año 1528 Gobernador de la Provincia de León, que incluía Hornachos, Mérida, Llerena y por supuesto Guadalcanal, lugares adonde ahora era enviado, y que conocía muy bien, y donde incluso pudo haber residido en algún momento de su vida.
Es más, su tío Bernardino de Mendoza, con el que pasó su juventud, fue Comendador de Alcuéscar y Mérida, al igual que sus primos hermanos, y hasta tal punto era intensa su relación pacense, que fue el Capellán de Mérida, donde posiblemente estaba avecindado, el que le completó su hábito de Caballero de Santiago en 1542, justo antes de partir hacia las Indias. ¿Casualidad o intención? En la historia, creemos, no existen las casualidades (10): El conocimiento del terreno, así como una hábil maniobra de los “totem” de la familia – Bernardino, Luis Hurtado -, pudo hacer el resto.

miércoles, 29 de abril de 2009

MINAS DE GUADALCANAL - 24

Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

Desde la dicha casa donde se hacen las fundiciones, se llevan las dichas barras por cuenta á la casa de la Encomienda de Guadalcanal, que es una legua de las dichas minas donde estan hechas las fuslinas para las afinaciones, las cuales lleva un arriero, diz que es persona de confianza, cn dos cédulas de un tenor, la una envia al dicho Zárate la persona por él nombrada, y la otra envia la persona nombrada por el hallador al dicho hallador, ó á la persona que por él asiste á la afinación en las cuales se declara cuántas barras llevan, y que peso tienen.
Resolucion. Ya está proveido que estas afinaciones se pasen á la casa del campo, y que Zárate more en ella; porque estando todo junto habrá mejor recaudo, é se podrá hacer mas hacienda.
Llegadas estas barras á la dicha casa de la Encomienda se entregan en presencia del dicho Agustin de Zárate y de las personas nombradas por el dicho hallador y Juan de Xuren, y se pesan para comprobar las cédulas que llevan, y se asientan en cuatro libros que tienen en la dicha casa de la afinación, el uno el dicho Agustin de Zárate, y el otro un escribano que está con él, y el otro la parte del hallador, y el otro la parte del dicho Juan de Xuren, de manera que en la dicha casa de las afinaciones hay cuatro libros que corresponden á los otros cuatro de la casa de las fundiciones.
Los afinadores sacan las pastas ó barras de plata afinadas comúnmente cerca de la noche ó después de anochecido, y porque á la sazon estan calientes y mojadas y sucias no se pueden pesar, se escribe en ellas el nombre del afinador, y está deputada una caja en la cámara del dicho Agustin de Zárate con las llaves, una de las cuales tiene el dicho escribano, y otra el depositari, en la cual se meten las dichas pastas ó barras, y el dia siguiente en la mañana en presencia de las partes se limpian, y marcan, y pesan y se hace cargo dellas al depositario, asentando en los dichos libros de lo que pesó cada pasta afinada, y el nombre del afinador que la afinó, y en que dia.
El depositario tiene la plata en una caja de tres llaves, la una de las cuales tiene el dicho depositario, y la otra el dicho Agustin de Zárate, y la otra el dicho escribano.
Las cendradas y escobillas y coladuras que salen de las dichas afinaciones, se guardanen una cámara aparte hasta que haya buena cantidad dellas, y después se beneficienjuntas: y en una fundicion que se hizo poco ha, salieron ciento y noventa y cuatro marcos de plata.
El dicho Agustin de Zárate reside de ordinario en las casas de la Encomienda de la dicha villa de Guadalcanal donde esta las dichas fuslinas, y se hacen las afinaciones, y todos los dias de labor va después de medio dia á las dichas minas á visitarlas, y ver lo que se hace en ellas, y á la tarde se vuelve á la dicha casa donde entiende en hacer las libranzas de lo que se gasta en el amártela y carbon, y leña, y herramientas, y otras cosas necesarias, y todos los domingos se hace cuenta con los maestros, y oficiales, y jornaleros que han trabajado en las dichas minas, y se les libra y paga lo que se les debe.
Estas minas, como está dicho, estan una legua de Guadalcanal, y por residir en ellas mucha gente, han algunos puesto allí bodegones, y hecho chozas para ello donde residen de ordinario, y por la sospecha que habia de que se hacian hurtos de metal, se proveyó que los dichos bodegones se alejasen de las minas, y asi los mudaron algo lejos dellas, de la otra parte del arroyo que pasa cerca dellas, y tambien está proveido que los visiten muy á menudo para escusar los hurtos é fraude de los metales.
Antes que se proveyese que Agustin de Zárate fuese á beneficiar estas minas, se hicieron en llas muchos hurtos é fraudes, y aun después que él fue, se hicieron algunos, porque como los que entendian en la labor dellas eran naturales de Hornachos y Azuaya, y los mas dellos moriscos, y estaban acostumbrados á hacer los dichos hurtos é fraudes, no se podia quitar la mala costumbre especialmente siendo el metal tan rico, y asi fue necesario enviar al licenciado Tejada, que procede de los alcaldes de la cuadra de Sevila, para que castigase los culpados, el cual ha estado alli algunos dias, y agora de nuevo seha enviado prorrogación para que vuelva á acabar los negocios comenzados, y castigar los delitos que han sucedido. Dicen que esto ha hecho mucho provecho.
Juan de Xuren, aleman, habia traido hasta ciento y cincuenta alemanes para labrar las minas que estan á su cargo, por el asiento que con él se ha tomado, y háse tenido manera para que la mayor parte destos se ocupen en las dichas minas de Guadalcanal, porque las labran y benefician con mucha fidelidad y gran concierto, y muy mas aprovechadamente que los españoles, y con menos costas.

martes, 28 de abril de 2009

LIBROS RELACIONADOS CON GUADALCANAL

Algunos lectores de nuestro blog, nos han preguntado en varias ocasiones de la relación que tienen con Guadalcanal, algunos de los libros cuya portada insertamos a la derecha del blog.

En esta ocasión, que incorporamos el libro: Francisco de Mendoza "El Indio" (1524-1563), queremos explicar la relación de este personaje con Guadalcanal, así como hacer una breve presentación del escritor.

Gracias a la gentileza del autor, vamor a publicar en el blog los capítulos del libro relacionados con la estancia de Francisco de Mendoza en las Minas de Plata de Guadalcanal.

Francisco Javier Escudero Buendía, nace en Madrid en 1969. es Licenciado en Derecho y Diplomado en Estudios Avanzados en Historia del Derecho (Doctorado) por la Universidad Complutense de Madrid. Técnico Superior de Archivos de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha, Archivero Jefe de la Consejería de Educación y Ciencia. Como historiador, atesora varias menciones y distinciones como un Accésit en el Premio Nacional de Castellología "Manuel Corchado" (1993), "Melero Alcarreño" por parte de la Casa de Guadalajara en Madrid y "Alpujarreño Adoptivo" (1996). Sus ponencias aparecen publicadas en varios de los últimos congresos celebrados en Castilla-La Mancha, y es habitual de las jornadas de historiadores en la última década en la Mancha (Tomelloso, Socuéllamos, Villarrobledo, La Solana) y en la Casa de Castilla-La Mancha de Madrid. Su bibliografía se completa con la coordinación de los libros "Tomelloso: Arte siglo XXI" (2000), "Tras los Orígenes de la Mancha de Vejezate" (2001), y participaciones en "Castillo y murallas de Villarrobledo" (1997), y "Lagunas de Ruidera" (1999), así como artículos en la revista "Castillo de España" (1994) y en prensa, en numerosos medios locales y provinciales, y otras monografías sobre la Parroquia de Santa Catalina de La Solana (Ciudad Real) y la población manchega de Puerto Lápice. Artículos de revistas: Evolución arquitectónica de la Iglesia de Tomelloso desde el s. XVII: protagonistas y documentos. La Mancha de Vejezate, ISSN 1888-3486, Nº. 2, 2008 (Ejemplar dedicado a: La Iglesia en Tomelloso (Ss. XVI-XX)), pags. 29-81. Bombos, pozos y chozas de Socuéllamos y La Mancha Oriental: Antigüedad, tipología y técnica constructiva. La Mancha de Vejezate, ISSN 1888-3486, Nº. 1, 2007 (Ejemplar dedicado a: Arquitectura rural en piedra seca. Bombos y chozos), pags. 43-63. Colaboraciones en obras colectivas: Cofradías, capellanías y patronazgos (s. XV-XVI). I Jornadas de Patrimonio Religioso de la Villa de Socuéllamos / coord. por María Dolores Zaldívar Alarcón, Fidel Fernández Pérez, 2003, ISBN 84-7729-337-6, pags. 41-62
Libros: Francisco de Mendoza "El Indio" (1524-1563): Protomonarca de México y Péru, Comendador de Socuéllanos y Capitán General de las Galeras de España. Guadalajara: aache ediciones, 2006. ISBN 84-96236-80-3. Antonio de Mendoza: Comendador de la Villa de Socuéllamos y Primer Birrey de la Nueva España. Pedro Muñoz (Ciudad Real) : Perea, 2003. ISBN 84-7729-336-8. La Iglesia de Santa Catalina de La Solana (s. XII-XV): orígenes de la villa. Tomelloso (Ciudad Real) : Soubriet, 2003. ISBN 84-95410-24-9. Tras los orígenes de La Mancha de Vejezate. Socuéllamos : Concejalía de Educación y Cultura, 2001. ISBN 84-7729-323-6.

El libro sobre Francisco de Mendoza "el Indio" es un estudio riguroso e integral de uno de los personajes más fascinantes de cuantos España dio en su época de colonización. A lo largo de casi 300 páginas de texto se expone con detalle y rigor el peregrinar vital de este personaje, que a punto estuvo de ser el primer monarca (más que virrey) de las hispanas américas. Hijo del primer Virrey de Nueva España, el alcarreño Antonio de Mendoza, "el Indio" se vio mucho más implicado aún en la gobernación de los territorios americanos, que conoció al detalle, y en los que se le quiso siempre como un verdadero dirigente. Es este un libro que debe considerarse de historia rigurosa, pues aporta infinidad de notas y amplísima bibliografía, al tiempo que debe ser calificado de apasionante libro de aventuras, por cuanto la vida del protagonista vibró de emociones sucesivas desde su nacimiento en Socuéllamos hasta su muerte en el Peñón de Vélez de la Gomera, pasando por numerosos lugares de América, en especial del virreinato incaico, así como por las famosas Minas de Plata de Guadalcanal.

FRANCISCO DE MENDOZA - 3

Francisco de Mendoza “El Indio”
Del libro de Francisco Javier Escudero Buendía

Parte 3






7. Francisco de Mendoza de nuevo en la Corte: La enfermedad de tercianas y el asunto de Zárate (1556).

Volviendo a su etapa inicial de visitador, nos quedamos en el momento en que se le concede el permiso el 23 de julio para venir a la Corte, como él había solicitado el 6 del mismo mes, a tratar de los negocios de las minas, que no son otros que las ordenanzas de personal y pensamos que algún otro asunto particular (34). Pero no pudo ir, porque en la visita que había realizado a Sevilla y Aracena, cayó enfermo de tercianas – enfermedad que le llevaría a la muerte años después -, y todavía en septiembre no se había recuperado (35).
Este es el momento que aprovechó Agustín de Zárate para quejarse contundentemente al monarca de los métodos de Francisco de Mendoza (36), y hacer la “espantada” de su cargo, haciendo oidos sordos a sus funciones y dejándole solo precisamente cuando estaba indispuesto y más daño podía hacerle. La excusa que pone es precisamente su enfermedad, y que su jefe podía sustituirle, lo que en su boca suena completamente a ironía:

“Sabe Dios la pena que yo tengo de desamparar este negocio en tiempo de tanta necesidad (...) y aunque muriera en ella no la desamparara, sino fuera estando aquí don Francisco de Mendoza, que porná en ella el remedio que conviene durante mi absencia” (37)

Como se presumíra el 8 de septiembre el rey contesta a Agustín de Zárate denegándole el permiso para abandonar el puesto de contador (38), y aunque consigue después de mucha insistencia que le den permiso el 2 de octubre, Mendoza, que ha vuelto (39) no le dejará ir (40). Tanta fue la tardanza que no llegó a ver al rey en persona, que ya había partido para Flandes, pero remitió un memorial en Valladolid por el que sabemos que había servido en Flandes e Inglaterra, a todas luces preparando su retiro (41), y aún tendrá que sufrir un tiempo más la compañía de Mendoza que había llegado a la Corte a principios de 1557 (42).
Efectivamente, el 2 de octubre se le había ordenado que una vez que llegara el alemán, partiera para la Corte y después a Flandes (43); él no quiere ir y así se lo comunica al Secretario del Rey Francisco de Eraso; al final consigue eludir el mandato real, posiblemente después de haberlo negociado personalmente en los subsiguientes dos viajes que hará a Valladolid (44). Las razones de esta negativa no pueden encontrarse en el miedo a la batalla, - dio sobradas muestras de que no lo tenía -, sino posiblemente en la cantidad de asuntos pendientes que tenía en España y en las minas, que le permitieron salirse con la suya y revertir la primera intención regia.
Porque al estar Mendoza y Zárate fuera de las minas, el negocio se iba a la deriva, lo que hará que la Princesa gobernadora no esté muy conforme (45) y envíe a nuestro personaje urgentemente a Guadalcanal, y después de una breve “puesta a punto” – del 28 de febrero al 6 de abril - volvió a partir al lunes siguiente hacia la Corte de nuevo (46), donde ya estaba para la Pascua de Resurrección (26 de abril), y el 10 de mayo comunica al rey que los del Consejo de Hacienda no se han puesto en contacto con él en ningún tipo de negocios de las minas (47).
Algo importante se estaba fraguando, y no es otra cosa que la guerra con Francia y la batalla de San Quintín, donde por lo que se ve iban a participar multitud de caballeros, entre ellos todos los Mendoza de Tendilla y Mondéjar, incluidos su hermano Íñigo y su tío Bernardino, y ahora sabemos que también él se encontraba en la lista.

8. La Batalla de San Quintín y el nombramiento como Administrador de las minas: El Muy Ilustre Señor.

En agosto de 1557 se produce un desastre para la familia, y que cambiaría el rumbo de su vida; su hermano don Íñigo, y su tío Bernardino, su padrino, ambos sus valedores como lo fueron de su padre, mueren en la batalla de San Quintín, el uno de un arcabuzazo (48),mientras que el otro murió quince días después de enfermedad, habiendo gobernado el ejército en aquella batalla (49).
La situación había cambiado de forma radical, ya que de pasar de ser un segundón, actualmente al faltar su padre don Antonio, su tío don Bernardino, su primo don Juan y su hermano don Íñigo en apenas cinco años, él es el cabeza de la estirpe, y receptor de la herencia familiar.
Inmediatamente, según deseo de su hermano, es nombrado Comendador de Socuéllamos el 8 de septiembre en el mismo San Quintín (50), y como aún no se conocía este hecho, administrador de la Encomienda el 20 de octubre por la Princesa gobernadora. No contento con esto, y basándose sin duda en que estaba en la Corte y podía reclamar para sí los servicios tan relevantes, y costosos, de todos los miembros de su linaje, consigue el ansiado ascenso en el negocio de las minería: Es nombrado Administrador General de las Minas el 30 de octubre del mismo año (51), con tratamiento de Muy Ilustre Señor, aunque muchos pensaron que lo fue desde el primer momento, nunca antes el rey se había dirigido a él como tal (52).
Todas estas rentas y asuntos le llevarán progresivamente a desocuparse del negocio de las minas para plantearse unos retos y metas mucho más elevados, y para lo que tendrá que pasar largas temporadas en la Corte y esperar a que vuelva el rey de Flandes y a solucionar todos sus contenciosos pendientes: Salvo una temporada visitando Almadén (53) y Guadalcanal a finales de 1557 y principios del ejercicio siguiente, el resto del tiempo lo pasa en la Corte hasta nada menos que el Domingo de Ramos de 1559 (54). Tanta ausencia le obligará a intentar nombrar un Teniente de Administrador, y a pesar de la opinión en contra del Consejo, acabará nombrándolo (55).
De todas formas el negocio no pasa por sus mejores momentos – ¿sabía el administrador que muy pronto debería dejarlo? – la explotación tan intensiva provocada por la avaricia regia había ya agotado la primera veta del Pozo primitivo llamado “El Rico”, y llevaba un año y medio sin dar plata; la insistencia de don Francisco para ahondarlo, a pesar de los gastos, dio su fruto en que fuera otra vez rentable, pero todo esto le sorprende, no es lo que ha visto en la Nueva España y cada día aprende algo nuevo y le hace dudar de sus predicciones iniciales sobre la riqueza de la mina (56).
Efectivamente, los pozos no serán eternos, se agotarán muy poco después, equilibrándose los gastos y rentas alrededor de 1566, y siendo abandonados definitivamente en agosto de 1576, ambas circunstancias estando ya fallecido nuestro protagonista, que no conoció el final también de esta fugaz “fiebre del oro” hispana (57).

lunes, 27 de abril de 2009

ROMERÍA DE NTRA. SRA. DE GUADITOCA

Problemas de salud no nos han permitido este año asistir a la Romería de nuestra patrona la Virgen de Guaditoca. Estamos seguros de la gran afluencia de romeros en este último sábado de abril, día indicado para celebrar esta romería de primavera, donde se realiza el traslado de la imagen a Guadalcanal, que permanecerá hasta el último sábado de septiembre, que realizará el camino de retorno a su Santuario.

Antiguamente, la Virgen sólo venía al pueblo en contadas ocasiones, casi siempre en caso de que sufriéramos alguna calamidad, principalmente la falta de lluvias.

Pero fue el Corregidor y Capitán de guerra de Guadalcanal y su tierra, Don Antonio Donoso de Iranzos, el que quizás de buena fe, pretextando las incomodidades de los feriantes y visitantes, se propuso y consiguió, que la antigua feria del Santuario de Guaditoca se trasladara a Guadalcanal. Por auto de la Audiencia de Cáceres el 14 mayo 1792, se hizo efectivo este traslado, que como dice Antonio Muñoz Torrado, fue el principio del fin de su famosa feria.

Al principio la Virgen de Guaditoca se traía para la feria y posteriormente se instituyeron estas dos romerías que ahora conocemos, donde la Virgen es trasladada a hombros, en un bonito paso plateado.

Uno de los momentos emocionantes que tenía esta romería era la puja que se realizaba a la entrada en el Santuario en la romería de septiembre y a la entrada en el Convento del Espíritu Santo en la romería que ahora se ha celebrado. Esta puja se dejó de realizar hace doce años.

De lo importante que llegó a ser esta Feria de Guaditoca, germen de la romería actual, nos lo cuenta Antonio Muñoz Torrado, en el capítulo I de su libro “Últimos días de la Feria de Guaditoca”, editado en Sevilla 1922, en la Imprenta y Librería de Sobrinos de Izquierdo:

“… el incremento que llegó a alcanzar, en los días gloriosos del Santuario de Guaditoca, puede darnos idea el número de mercaderes y tratantes que acudían en busca de lucro y de ganancia al ferial. El cuaderno formado en 1786 para el ajuste de la cuenta de maravedises que cobró en aquel año la Justicia de la villa, nos da testimonio fehaciente de que allí se vendían desde las vituallas más necesarias para la vista, hasta los objetos más lujosos y superfluos, que podía desear el más refinado gusto. En los Portales, que formaban una gran plaza delante del Santuario, estaban las tiendas de lienzos y sedas, cintas y encajes, sombreros y zapatos, cueros y cordeles de cáñamo, estambres y paños, baratijas y alhajas de oro y plata. En los puestos de las esquinas, y en otros, ya adosados a los muros del Santuario, ya esparcidos por el valle, se vendían vinos, desde los afamados de las bodegas de la Marquesa de la Vega, hasta el mosto de la última vendimia, aguardientes y refrescos, tabacos y turrones, chacinas y abadejo, aceite y vinagre. En mesas y tablas, que arrendaba el Santuario, tenían sus vendejas los jergueros de Sevilla, de Carmona, de Tocina, de Medina de las Torres y de Fuente de los Cantos; los de Montemolín vendían costales, los granadinos pitos, los de Berlanga bayetas, los de Martos cordonería; botones los de Écija y Cabra, frutas los de Palma; sin que faltaran campanillos y cencerros, suelas y horquillas, palas y aperos de labor; herrajes y ferretería, hormas para zapatos, y calzados, paños y estemeñas, espartos, sedas y lienzos; no siendo corto el número de vendedores de garbanzos tostados y alfajores, avellanas y turrones, frutas del tiempo y quesos… y mil y mil cosas más, en que pudieran gastar dinero los peregrinos, ya para proveerse de cera y exvotos que ofrecer al Santuario, ya para llevar a los suyos algún recuerdo de aquellos días que pasaron alegres y contentos en las vegas de Guaditoca.
Pero la parte más principal del ferial era el mercado de ganados.
El sitio reunía para ellos las mejores condiciones, no siendo la menos principal el que por allí pasa la vereda real de carnes y que los pastos son abundantes en las dehesas próximas y excelente el abrevadero del río, que besa los muros del templo por el lado sur.
No faltaría ni el ganado de cerda, ni el vacuno; y concurrían, seguramente, rebaños de ovejas y cabras. De estos ganados no hablan los cuadernos de registros, dedicados solamente a la compraventa de caballerías. Hierros de las más acreditadas cuadras de Andalucía y Extremadura ostentaban caballos, potros y yeguas, mulos y asnos, siendo numerosas las transacciones y viniendo los compradores y vendedores de muy lejanas tierras. Allí se daban cita el modesto labriego y el rico labrador; aquél en busca de la yunta de poco precio que le ayudase a labrar su pegujal, y éste en demanda de brioso corcel; el tratante en ganados de la campiña andaluza y el proveedor de caballos de los regimientos del Ejército; el venido de las márgenes del Tormes y el que comercia con Gibraltar desde el vecino campo de San Roque; el de la Sierra de Aracena, y el de las vegas del Guadiana; los labradores de Carmona y de Écija y Jerez y sus comarcas y los labradores extremeños… hasta de Valencia venían en busca de potros para recriarlos. Dan esos pueblos importancia al ferial y llevan de un extremo a otro el nombre de la feria de Guaditoca.
La situación del Santuario en el centro de una extensa y rica comarca, en los confines de Andalucía y Extremadura, daba facilidades lo mismo a mercaderes y tratantes que a los compradores; pero la causa principal del incremento que adquirió la feria no era otra, que la devoción a la Virgen bendita de Guaditoca, que atraía a su Santuario legiones de devotos para asistir a las fiestas religiosas que en su honor se celebraban. Sólo las Hermandades de Guadalcanal, Valverde, Berlanga y Ayllones ya daban buen contingente de romeros, a los que hay que agregar los devotos de aquellos pueblos y de otros, aún más distantes, a más del de curiosos y gente desocupada y divertida, que por distracción los unos, por conveniencia los otros, por devoción los más, se reunían a la sombra del Santuario. Por otra parte, el tiempo de las fiestas, en plena primavera, cuando ni se sienten los fríos intensos del crudo invierno, ni los ardores del estío, convidaba a pasar plácidamente unos días en sitio tan ameno como el frondoso valle que riega el Guaditoca, hermoso vergel que rodean bravas montañas…”

domingo, 26 de abril de 2009

EL EDIFICIO DEL AYUNTAMIENTO


Vemos la fotografía del Ayuntamiento y nos parece que ha estado siempre ahí. Esto nos ocurre por pensar que el universo se inició coincidiendo con nuestro nacimiento. Pero la verdad que este edificio construido sobre el solar del penúltimo palacio del Comendador de la Orden de Santiago, es relativamente joven, ya que se edificó en los primeros años del pasado siglo XX.


Hemos investigado en el Archivo Municipal y hemos encontrado el proyecto original del edificio y su entorno. En este primer plano podemos observar la idea original del arquitecto que en 1880 diseñó lo que sería el Ayuntamiento y el Paseo de El Palacio.


En lo que respecta al paseo, guarda bastante parecido con lo que ahora conocemos. Sin embargo, el edificio del Ayuntamiento a simple vista observamos que se quedó muy lejos del proyecto inicial. La fachada principal se ajusta al proyecto, pero dónde quedó la fachada posterior que podemos ver en la parte inferior del plano.


Pero lo que más nos sorprende es ver la fachada lateral en la que aparecen hasta doce huecos, entre ventanas y puertas. Más que un edificio para el Ayuntamiento, parece uno de usos múltiples, donde suponemos habría sitio para biblioteca, colegios, instituto. etc.

Su explicación tendrá que intentaremos averiguar, pero suponemos que alguna crisis económica abortó este proyecto inicial, que como dice el dicho “no hay mal que por bien no venga”, permitió disponer de un más amplio Paseo de El Palacio.



Si comparamos esta última fotografía aérea con el plano inicial, podemos observar la gran diferencia entre el proyecto inicial y el que comentamos, que aparece en el primer plano.
................................
Fotografías y planos aportados por Ezequiel Rius

viernes, 24 de abril de 2009

Del libro Rayos de Luz, de Agustín Capitán Álvarez


A Ntra. Sra. de Guaditoca

Patrona de Guadalcanal, en la visita que hice a
su Santuario el 31 de Octubre de 1929

Agustín Capitán Álvarez

Un hijo tuyo soy, y, peregrino,
en este día ¡oh Madre! vengo a verte
porque mi alma apasionada advierte
que es paz y vida y luz tu amor divino.

¡Oh qué leve el afán me ha hecho el camino!
Y es que tu amor en bienestar convierte
el cansancio, la sed, la triste suerte
y el modesto vivir del campesino.

¡Guadalcanal risueño, Guaditoca,
mi mente y corazón siempre os evoca
al recordar mi infancia sonriente,
en lo hondo de mi alma vais conmigo
como el recuerdo dulce del amigo
lo lleva el hombre fiel que ama y que siente!


II


¿Te acuerdas, Virgen pura? Cuando niño
mi madre hasta tus plantas me traía,
y al oído, muy quedo, me decía:
«Siempre puesto en su amor ten tu cariño.»

He obedecido fiel, pues ni la ciencia
falta de fe, ni la impiedad han logrado
verme de Ti, cual otros, separado,
ni mancillar la fe de mi conciencia.

Si el que te halló, Señora, halló el consuelo,
ni temo el padecer, ni el triste duelo,
que he vuelto a ver tu faz bella y gloriosa,
y sé que en el vivir que es un combate
donde el humano, al fin, débil se abate
en Ti hallaré defensa poderosa.

FRANCISCO DE MENDOZA - 10

Francisco de Mendoza “El Indio”
Del libro de Francisco Javier Escudero Buendía

Parte 10





CAP. XIV. Capitán General de las Galeras de España.
(1562-1563)

“Y así lunes a los dos de Agosto,
arribaron en Málaga, donde supieron
que Dios hauía sido seruido de lleuar
de esta vida a Don Francisco de Mendoça,
que pesó mucho a todos”

Pedro de Salazar. Hispania Victrix. 1570 (1).

1. Introducción.

La llegada, o podríamos decir mejor, la vuelta de don Francisco de Mendoza a sus orígenes marineros tuvo como prólogo una serie de desastres para la armada real española que no presagiaban la mejor fortuna para aquel que se atreviera a desafiar a la brava mar y a los corsarios turcos que la surcaban.
No por nada don García de Toledo, en su famoso discurso a su amigo... renuncia a su cargo de Capitán General de Galeras y a todos los honores y mercedes que por causa de la guerra y las batallas pudieran otorgarle, - que por ello, no lo dudemos, don Francisco aceptó volver a enfundarse su casaca guerrera -, si por estos perdía vida y hacienda:

“La descomodidad del andar en la mar, abrevia fácilmente la vida, porque el sol del día y el sereno de la noche, con muchos otros desordenes que se hacen, acaban la salud y de esto sucede la muerte y con ella se acaba el acrecentar la casa y la hacienda y tras esto viene la destrucción de vuestros hijos y entrar luego en mano de tutores y curadores, que vos sabéis bien en el término en que está, el que está en sus manos”.

2. El desastre de los Gelves (2).

El primero de los graves infortunios de la milicia española sucedió en la innombrable isla de Djerba o Yerba, llamada por los españoles “Los Gelves”, una isla situada al Sur de Túnez, en el golfo de Gabes, con una superficie de 60.000 hectáreas, lugar ideal como base de operaciones para atacar Trípoli (actual Libia). Precisamente esta ciudad había caído en manos del corsario Dragut, que entonces estaba en lucha con los berberiscos y con dificultades de intendencia, por lo que pudo el Gran Maestre de la Orden de San Juan de Malta convencer a Felipe II de que intentara recuperar Trípoli para las armas cristianas.
Se reclutó a un lucido ejército de alrededor de 5.000-10.000 hombres, la mayoría por la vía de la plata, es decir extremeños, ya que aunque la expedición estaba al mando del virrey de Sicilia, el Duque de Medinacelli, en la tierra era capitán don Álvaro de Sande, cacereño.
La expedición llegó a la isla a mediados de febrero de 1560; el siete de marzo desembarcaron sin oposición alguna, pero los turcos se aprestaron a contraatacar con 34 galeras, y sabiéndolo, los españoles comenzaron a embarcarse, pero don Álvaro de Sande decidió quedarse protegiendo la fortaleza. Cuando los turcos llegaron había un gran desconcierto, que aprovecharon para destrozar y apresar la escuadra, incluida la Galera Real, y su gente huyendo a tierra.
La fortaleza no se rindió, y cuando sólo quedaban 800 hombres salieron a la desesperada, los caudillos fueron hechos prisioneros, pero el resto fueron muertos y con sus cadáveres se formó una pirámide llamada “Bord-er Rious” o la Fortaleza de los cráneos, que no desapareció hasta el siglo XIX, retirada por los franceses (3).

3. El suceso de Málaga de 25 de mayo de 1561 (4).

El segundo, muy poco conocido, pero que en la tradición de la época dio lugar a un romance escrito por un juglar moderno, Alonso Gómez de Figueroa, da cuenta de un siniestro terrible ocurrido el 25 de mayo de 1561, en Málaga, no olvidemos una ciudad hermanada con don Francisco de Mendoza, quien debió conocerlo de primera mano. En ese infausto día, un galeón que transportaba quinientos soldados de infantería, a media legua del puerto, se “abrió”, y se fue al fondo con toda la gente que llevaba, quedando vivos tan sólo sesenta.

4. El naufragio de la Herradura (18 de octubre de 1562).

A la muerte de don Bernardino de Mendoza, padrino de don Francisco, quince días después de la victoriosa batalla de San Quintín, su hijo mayor don Juan de Mendoza, “heredó”, porque no podemos describirlo de otro modo, el preciado cargo de Capitán General de Galeras de España de su padre.
Cuando sólo lo había podido ejercer cinco años, el 18 de octubre de 1562 teniendo la flota fondeada en Málaga, comenzó a soplar mansamente de Levante, un viento para el que la playa de Málaga era peligrosa, por lo que ordenó salir de allí y fondear en la bahía de la Herradura, a cuarenta millas al oriente, un lugar que ya le había salvado en dos ocasiones anteriores y en el que tenía confianza.
Sin embargo el mar le traicionó una vez más; el lunes 19 desde las dos de la noche hasta las diez de la mañana, a pesar de haber estado las galeras amarradas doblemente, el viento comenzó a soplar del sur, y a bambolearse los barcos unos contra otros, y contra la tierra, destrozándose la mayor parte de ellos.
El bajel de don Juan de Mendoza, llamado “La Capitana”, era un soberbio barco de 28 bancos, construido hacía nada más que cinco meses en Nápoles, y por ello todos pensaron que resistiría y no le cortaron las amarras; en una de las maniobras, el golpe y las olas del mar entraron y lo tumaron, hundiéndose a continuación. Al Capitán General le dio un golpe un madero del barco, y no se salvó, al igual que a los niños mendocinos que le acompañaban aprendiendo ya el oficio, a don Francisco de Mendoza, hijo del Marqués de Mondéjar, al veedor Morillo y a otros caballeros.
De las veintiocho galeras se salvaron exclusivamente cuatro, entre ellas La Mendoza, la Soberana y San Juan, y las vidas que se perdieron fueron superiores a las 2.500 personas, salvándose de La Capitana de don Juan tan sólo el piloto, nueve marineros y trece forzados. Poco después don Íñigo, hermano de don Juan, General de las galeras de la Orden de Santiago, murió también en Génova, completándose el haciago discurso de la familia (5).
El quince de noviembre, un mes después de que sus primos murieran en la Herradura, Francisco encargó un administrador interino de las minas de Guadalcanal mientras él volvía a la Corte (6), y porque iba a hacer “ausencia de las minas”; quedaba claro que ya sabía su nuevo destino y lo había aceptado; la desgracia de los demás fue, por el momento, su camino hacia la gloria, y súbitamente, igual que había entrado, desaparecía de su vida el trabajo en las minas de Guadalcanal.
A principios de 1563 se convertía en Capitán General de Galeras de España (7), y así lo describe Pedro de Salazar, en su Hispania Victrix, dando las razones de por qué fue elegido don Francisco de Mendoza para socorrer Orán, cercado por el rey de Argel, que no son otras que era hijo del que fue virrey de Nueva España, cuñado del Conde de Alcaudete y sobrino de don Luis Hurtado de Mendoza, Marqués de Mondéjar:

“Ya que el rey Don Philippe uvo mandado proueer las cosas que hauemos dicho para el socorro de Orán, consideró a quién señalaría por General de las Galeras de España, en lugar de Don Juan de Mendoça, (...) pareciéndole para ello bastante persona Don Francisco de Mendoça, (...) hijo de Don Antonio de Mendoça, (...) cuñado del Conde de Alcaudete, y sobrino del Marqués de Mondéjar: Le señaló por capitán de las galeras, y dándole el título dello firmado de su real nombre”(8).

El cargo tuvo que ser ejercido de inmediato y posiblemente de forma interina, ya que Francisco de Mendoza tuvo como primera misión recoger los despojos del naufragio de La Herradura todavía en 1562 (9), y después socorrer a las plazas de Orán y Mazalquivir, en poder hispano, pero que estaban siendo sitiadas por el rey de Argel, envalentonado en la confianza de que los españoles con tanto desastre no podían poner en marcha flota alguna.

jueves, 23 de abril de 2009

UNA MUESTRA DE LA ARTESANÍA DE LA ISLA DE GUADALCANAL Y UN POEMA DEDICADO A DICHA ISLA POR UN POETA GRIEGO

Por José María Álvarez Blanco
23-IV-2009

La isla de Guadalcanal, tan vinculada a nuestro pueblo desde que Pedro de Ortega la descubriera hace 441 años, ha entrado en mi vida de un modo más intenso hace unos meses a raíz de la visita que hizo a la misma, mi entrañable amigo Salvador Isern. Siempre conservaré, además de fotografías y publicaciones, la cabeza en piedra tallada por un nativo, un claro ejemplo de la artesanía autóctona, que ha tenido a bien regalarme y de la que adjunto la foto correspondiente.

Aprovecho la ocasión, de dar constancia gráfica de este obsequio, para insertar el texto del poema dedicado a la Isla por el poeta griego Dimitris Chouliakiris, que he encontrado en la www (¡cómo no!), así como una breve reseña biográfica.

Ignoro, por ahora, la lengua original del texto (tal vez griega), cuya traducción al español, dada la nacionalidad de la página web supongo que ha sido realizada por una persona de nacionalidad salvadoreña.

Dice así:

Guadalcanal (Solomon Islands)
Por Dimitris Chouliarakis (Atenas, 1957)

Guadalcanal, te ví surgir del océano
el ocaso hacía incierto tu semblante
y la vegetación salvaje engañaba los sentidos.

Si eres verdad o mentira no lo sé
en tus playas horadadas el terrible espejismo
de uno que perdió la razón por la cortina de obuses
en los confines se elevan columnas de agua
sudor que huele a orina y azufre.

Guadalcanal, eres las montañas perennes
los pájaros del paraje tus reptiles
eres la selva putrefacta, tus cefalópodos púrpura
tu soledad letal, la emboscada traidora de la espesura.

Guadalcanal, eres tus aguas heladas
la bruma repentina en la llovizna de la tarde
tus lodos, tus costas enfurecidas
la ametralladora que siega los golpes sordos por la noche
y las cabezas voladas con todas las moscas encima
eres el estertor el sollozo los virajes
aquella bala tuya disparada contra mí.

Guadalcanal, eres la irritación de la mente
cuantos locos te pueblan, cuantos lunáticos
cuantos romeros quieren verte
Guadalcanal, eres la nada y eres el todo
un espíritu cuando lates en una pantalla vacía
con subtítulos antiguos con pipas y helado.


Guadalcanal jardín soñado de la muerte
con tu forma singular, te quiero
habrán huido todos pero yo me quedaré
tirado boca abajo entre la hierba crecida
en mis oídos retumbará
el trueno de tu virginal tormenta.

Todas las criaturas corren a esconderse
y yo inmóvil, de piedra
presa y cazador
como un extraño Robinson
olvidado por los años.

-----
Dimitris Chouliarakis
Nace en Atenas, en 1957. Poeta, traductor y pianista. Ha vertido a su lengua a escritores de la talla de W. B. Yeats, R. Kipling, J. Joyce, E. O’neill, E. Yevtushenko, W. Szymborska, entre otros. Ha sido traducido al inglés, francés, español, italiano, húngaro, sueco y esloveno. Sus libros: “Los negros metales del deseo”, “Superga espera”, “Las reliquias de los días”, “Vida encerrada” (Premio del “Diavazo”). Su poesía se conduele con los sucesos que han hecho llorar a la humanidad, pero también es un poeta que canta la cotidianidad.
Fuente: http://www.clic.org.sv/pdf/notas/resena.htm .

martes, 21 de abril de 2009

Dos pintores relacionados con Guadalcanal

A finales de diciembre de 2007, nuestro amigo José Mª Álvarez Blanco, incansable investigador en todo lo relacionado con Guadalcanal, nos "levantó la liebre" al encontrar el cuadro que aparece sobre estas líneas. Posteriormente Plácido Cote Rivero, aportó el segundo que aparece en este artículo (más abajo a la derecha en blanco y negro).

Hemos seguido investigando y a continuación les ofrecemos lo encontrado. Como curiosidad les diremos que otro amigo nuestro ha adquirido hace pocos meses, un cuadro de este mismo pintor.

José Pinelo Llull fue un pintor andaluz nacido el 14-10-1861 en Cádiz. Su relación con Guadalcanal no sabemos si se inició porque eligió nuestros paisajes para sus cuadros, o bien, porque se casó con Ana Yanes Ferro, que era nacida en Guadalcanal. Fuera como fuere, tuvo cinco hijos (uno de ellos, también pintor que murió joven: José Pinelo Yanes) y debió vivir varios años en nuestra localidad.

Expuso en América y Europa, ganando varios premios en alguno de los concursos que se presentó.

Fue nombrado Miembro de la Academia de San Fernando de Sevilla el 31 marzo 1913 y condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica y la Encomienda de Carlos III.

Sus obras principales: Ribera de Santiponce, El pinar de Oromanas, El lavadero, Patio de las costureras. La Ribera es de 1915, óleo sobre lienzo.


Aunque no están registrados como obras principales, en lo que nos atañe más directamente, les ofrecemos los dos cuadros que aparecen los primeros, ya que sin lugar a dudas fueron realizados en Guadalcanal. El primero de ellos (que aparece en color) claramente podemos ver que es el callejón de La Cava, a la altura de su inicio al final de la calle Espíritu Santo, fechado por el autor en 1902. En el segundo (en blanco y negro) del que no hemos podido conseguir el orginal en color, el pintor ha variado ligeramente el encuadre a la derecha y descendido, quizás por el Cordel de la Sierra, antiguo camino usado por los franciscanos para visitar a las monjas del Convento del Espíritu Santo.

Hay otro también realizado en Guadalcanal, por el título: Romance en el patio Guadalcanal 1901. El empedrado del patio es característico al que existía por las calles de la villa.

José Pinelo Llull falleció en Sevilla en los últimos días de 1922.

En el número 993 del 7 de enero de 1901, la revista La Ilustración Artística, decía de nuestro pintor:

“... José Pinelo forma parte de esa pleyade de artistas sevillanos que reivindican en el glorioso periodo del renacimiento artístico peninsular el buen nombre de aquella escuela y sus excelentes tradiciones. Si las obras que ha producido no bastaran para atestiguar sus aptitudes para el arte que cultiva, demostrarianlas desde luego los premios y recompensas alcanzados en varios concursos. A semejanza de las obras de sus paisanos, distínguense sus cuadros por su carácter marcadamente andaluz, ya que sus asuntos son exacta reproducción de tipos y costumbres meridionales. De ahí que Pinelo, saturado su espíritu por el agradable ambiente de los cármenes y de los añosos bosques, arranca de su paleta combinaciones de color, de que tan gallarda muestra ha dado en el lienzo que reproducimos, copia de un cuadro observado en su actual residencia de Guadalcanal...·”

De su hijo José Pinelo Yanes –también pintor- poco hemos podido obtener hasta el momento, pero incluimos estos dos últimos cuadros pintado por él.



Nació en el año 1890 y murió joven en el año 1926 , a la edad de 36 años.

sábado, 18 de abril de 2009

La Escuela de doña Hermo-2


El pasado 15 de febrero, publicamos la fotografía del colegio de doña Hermo, donde además de las alumnas, aparecían cinco niños, cuya presencia extrañábamos.

Una de las niñas que aparece en la fotografía, nos ha explicado el motivo y la fecha de la fotografía, que insertamos al final.

Aprovechando los comentarios de Virtudes y la sugerencia de un amable lector, pensamos que la mayoría de las personas que nos visitan, de alguna forma tienen que estar relacionadas con Guadalcanal, y por lo tanto, disponer de fotografías antiguas, de interés para el resto de lectores del blog.

Pensamos que este blog ganaría mucho, si aparte del fondo de fotografías que disponemos, nuestros lectores nos enviaran las que poseen y que de alguna forma consideren interesante su publicación. Al igual que ahora veremos hace Virtudes, el envío se podría complementar con unos comentarios sobre el motivo de la fotografía, personas, edificios, fecha, etc.

Las fotografías y comentarios los pueden enviar al siguiente E-mail: fundacionbenalixa@gmail.com

A continuación insertamos los comentarios que Virtudes nos hace de la fotografía del colegio de doña Hermo y que estamos seguros nos podría completar con los nombres y apellidos de todas las niñas:

“…tuve la gran suerte de estar en el colegio de Doña Hermo desde los cuatro a los once años. Como tu bien dices, no es de extrañar que estemos de diferentes edades, aunque si de que haya niños, que son mis hermanos y primos y alguno más y eso es lo que te quiero aclarar.Esta foto que tú cuelgas y que yo conservo, se hizo en el verano de 1959. El motivo fue el siguiente: Cuando terminó el curso escolar nos encontramos con una triste noticia para todos, Dña. Hermo y su hermana Doña Victorina se marchaban del pueblo. Entonces fue cuando unas cuantas de alumnas tras reaccionar de la triste noticia decidimos que no se podían ir sin llevarse algún recuerdo nuestro. Esos niños que aparecen en la foto nos ayudaron a recaudar fondos para comprarles un detalle, es por eso que vinieron con nosotros a entregárselo.Espero que esta nota te haya sido de utilidad y aclarado tus dudas.Si algo mas necesitas me tienes a tu disposición. Virtudes…”

viernes, 17 de abril de 2009

MINAS DE GUADALCANAL - 23

Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

La orden que se tiene en el beneficiar de las minas de Guadalcanal despues que fue á poner recaudo en ellas Agustin de Zárate, contador de su Magestad, es la siguiente.

Contadurías generales, núm. 3072.

En cada pozo de las dichas minas andan de ordinario cinco hombres, lo dos dellos dentro en el pozo cavando, y otros dos fuera que traen un torno con que sacan el metal y se desagua el pozo, y otros que rige la maroma y descarga el metal y vácia el agua, los cuales dichos cinco hombres se remudan de ocho en ocho horas, de manera que en casa pozo trabajan diez hombres cada dia.
Lo que se saca de los pozos se divide en tres partes; la una que llama gaborro, que es la peña que vá arrimada al metal, la cual en sacándose se echa en los torronteros junto á los pozos; la otra es la tierra que sale entre el metal y el gabarro que llaman lavadura; la otra es la beta del metal se llama cochizo, que es lo mas rico, la cual dicha lavadura y cochizo, en sacándolo de los pozos, se pone en dos montones cada cosa por sí aparte, y en cada pozo está puesto una guarda para que lo guarde, aunque esta dicen que se podrá escusar en los pozos que labran los alemanes, porque son muy fieles.
Desde los dichos montones se lleva la dicha lavadura y cochizo por dos hombres, una espuerta de cada cosa, acompañandolos una guarda á una casa que está hecha para guardarlo, en la cual hay un apartamiento donde se pone y cierra con tres llaves, launa de las cuales tiene una persona puesta por el dicho Zárate, y otra puesta por el hallador de la mina, y otra por Juan de Xuren, que es el que pretende tener parte en las minas por razon del arrendamiento que está hecho de las minas de su Magestad.
Junto a la dichacasa está un corral pegado con ella, cercado y con puertas que se cierran, dentro del cual se ha metido el agua de un arroyo pequeño que pasa por allí cerca, en que están hechos los lavaderos y molederos para moler y lavar el dicho metal, y desde dicha casa con asistencia de los que tienen las llaves donde se guarda el dicho metal lo levan al dicho corral, y las lavaduras que no es necesario molerse, se entregan á los lavadores alemanes, los cuales las lavan con unos harneros que tienen, el suelo d ehilo de alambre, de manera que no se pierda consa ninguna de metal, y los cochizos se entregan á los moledores, los cuales los quiebran y lavan, de manera que tampoco se pierda cosa ninguna d
ello, porque enesto tienen mucha mas destreza y diligencia los alemanes que los españoles.
Después d elavado el dicho metal, se torna á poner en otra pieza que está en la dicha casamm que se cierra con otras tres llaves que tienen las dichas personas nombradas por Zárate y el hallador, y Juan de Xuren.
Después que está escurrida el agua del dicho metal y ello queda seco, lo sacan de la dicha pieza, y se pesa y entrega por peso a los fundidores que tienen los hornos de las fundiciones en la dicha casa, y en cada fundicion se echan treinta arrobas del dicho metal lavado, y deciseis arrobas de almártaga, mezclada y sembrada encima dello, y mas las escorias de las fundiciones de antes, y se asientan asi por escrito con dia, mes y año en cuatro libros; el unoo que tiene la dicha persona nombrada por el dicho Zárate, y otro nombrado por el hallador, y otros nombrado por Juan de Xuren, y otro el que es lengua ó intérprete de los alemanes, y al tiempo de la fundicion estan presente las dichas tres personas que no se quitan de alli, aunque tambien dicen que se podria escusar en las fundiciones que hacen los alemanes por ser, como está dicho, muy fieles.
Los dichos hornos se encienden el domingo después de media noche, y arden hasta el sábado siguiente á la media noche sin cesar, y los van cebando de metal y carbon y leña rajada en su proporcion, y cuando ven que es tiempo, abren un caño por donde sale el metal derretido, y va á dar un hoyo que tienen hecho, y allí se hacen las planchas de plomo-plata que sale.
Estas planchas que se sacan, se pesan en acabándose cada fundicion en presencia de las personas nombradas por los dichos Zárate y hallador, y Juan de Xuren, y echan en las planchas de lo de las minas que halló Martin Delgado un sello en dos partes en que dice REY, y en las de Gonzalo Delgado en una sola parte, y en los dichos libros al pie de la partida que se echó en la tal fundicion, se asienta el número de barras que salieron della, y lo que pesan.

martes, 14 de abril de 2009

Nuestras fábricas de aguardiente

Otra de las cosas que ha perdido Guadalcanal, son sus famosas fábricas de aguardiente. Aquí podemos observar la que posiblemente fuera la última en cerrar, propiedad de la familia Fernández, situada en la calle San Sebastián.

Cuántas de las botellas que vemos, vendería Alfredo en el bar de La Puntilla, o su hermano Joaquín en el bar “de los Pepes”, o Tomás en el bar Cazalla.

Vemos la fotografía y admiramos la tranquilidad de los empleados que miran al fotógrafo. Con igual calma, lo hace el gato –blanco y negro- que reposa sobre las cuatro cajas ya cerradas.

La existencia en aquéllas fechas de esta fábrica de anís, le salvó la pierna a Rafael Torrado, en la última guerra civil.

Nos contaba este verano en amigable charla, la historia que vivió y que ahora les resumimos.

Estando en el frente recibió una herida en la pierna bastante importante. No pudo ser evacuado en un primer momento, por el fragor de la batalla y cuando lo intentaron hacer, tuvieron que abandonarlo, para evitar los múltiples disparos.

Cuando por fin pudieron rescatarlo, observaron que la herida era muy importante y propusieron su traslado para que fuera operado.

Después de múltiples peripecias en el traslado, que obligaron a retrasar la llegada a su destino, por fin llegó a un hospital, donde el médico cirujano le explicó que debido al retraso y a las condiciones en que se encontraba la herida, no había más solución que amputarle la pierna.

Pueden figurarse lo que pudo sentir nuestro amigo Rafael, en un lugar desconocido, sin nadie que le ayude y a punto de perder una pierna.

En ese momento, entró un capitán médico, que saludó efusivamente al cirujano que le estaba comunicando la decisión. Este militar, suponemos que por tratar de animar al herido, le preguntó que de dónde era, Rafael desanimado le dijo que de Guadalcanal. En ese momento el capitán sonrió y dirigiéndose a nuestro paisano le dijo: No me diga que es de Guadalcanal, tengo un gran recuerdo de ella, porque un amigo me regaló una caja de botellas de anís “Flor de la Sierra” y nunca había probado un anís como ese.

El militar, que también era cirujano, se apartó un poco con su amigo, y Rafael muy atento a lo que hablaban, le oyó decir: Si me lo permites, me gustaría intentar salvarle la pierna a ese soldado. El amigo, saturado de trabajo, no puso ningún impedimento en esta ayuda, autorizando la intervención.

La pierna le ha seguido acompañando. Cuando al cabo de unos días volvió el militar, Rafael agradecido le dijo: Qué puedo hacer para agradecerle lo que ha hecho por mí. Nada, nada… bueno sí… cuando llegue a su pueblo, mándeme unas botellas del “Flor de la Sierra”.

Rafael Torrado volvió a Guadalcanal, pero la fábrica por motivos de la guerra, estaba cerrada. Dos años después de nuevo se inició la producción de aguardiente y Rafael pudo enviarle dos cajas de nuestro famoso anís.

Lo último que recordamos del local que ocupaba la fábrica, son los bailes que se organizaban en el Carnaval, con el sonido del violín de Luis Fernández.

domingo, 12 de abril de 2009

Semana Santa 2009




Nueva imagen de Jesús Resucitado, que ha procesionado hoy por primera vez en Guadalcanal.



Jesús Resucitado y María Magdalena, con el fondo de la Plaza de España y la iglesia de Santa María de la Asunción
.
.
.
.
.
.
Virgen de los Dolores a su paso por la calle Juan Carlos I, el pasado sábado.
















Cristo de las Aguas.












Virgen de la Soledad a su salida de la iglesia de Santa María, el pasado Viernes Santo.








Paso del Santo Entierro










Virgen de la Amargura y San Juan en la madrugada del Viernes Santo.














Nuestro Padre Jesús por la calle San Sebastián









Virgen de la Cruz, de la Hermandad de la Veracruz.










Cristo Amarrado a la Columna.






domingo, 5 de abril de 2009

El Sermón de las Siete Palabras


Si días pasados hacíamos referencia a cosas que nuestra Semana Santa ha perdido, hoy les ofrecemos este artículo que Pedro Porras Ibáñez publicó en la Revista de Guadalcanal de 1962.

“... Había, como ahora hay, sermón de la Eucaristía; sermón de Jesús; sermón de la Soledad. Pero cuando se hablaba de “EL SERMÓN”, éste no era otro que el de las Tres Horas. ¡Hermoso sermón de las Siete Palabras de Cristo en la Cruz! Luego que el Cristo de las Aguas en la moribunda interpretación de su autor, ofrece, en plena calle, el altísimo ejemplo de su Agonía, es colocado en el presbiterio, y junto a Él, se pone a Nuestra Señora de los Dolores.
Ya en el púlpito del predicador, canta el coro, con música muy emotiva -¡la música de las Tres Horas!, ésta:

Introducción
Al calvario, ¡almas, llegar!
que nuestro dulce Jesús,
desde el ara de la Cruz,
hoy a todos quiere hablar.

Terminada la introducción, se van exponiendo, una por una, las Siete Palabras; pero al acabar la exposición de cada palabra, el coro entona, con la misma bellísima música, estas devotas coplas:

A la primera palabra
Pues que fui vuestro enemigo,
mi Jesús, como confieso,
Rogad por mí, que con eso
seguro e perdón consigo.
Cuando loco te ofendí
no supe lo que me hacía;
¡buen Jesús del alma mía,
rogad al Padre por mí!

A la segunda palabra
Reverente, el buen ladrón
implora vuestras piedades
yo también, de mis maldades,
os pido, Señor, perdón.
Si al ladrón arrepentido
dais lugar allá en el Cielo
ya, yo también, sin recelo,
la Gloria, mi Dios, os pido.

A la tercera palabra
Jesús, en su testamento,
a la Virgen, hoy , nos dá.
¡Oh María!, ¿Quién podrá
explicar tu sentimiento?
¡Hijo vuestros quiero ser!
¡Sed vos mi Madre y Señora,
que os prometo, de ahora,
firmemente obedecer.

A la cuarta palabra
Desamparado se vé,
de su Padre, el Hijo Amado
¡oh maldito mi pecado
que de esto la culpa fue!
Quien quisiera consolar
a Jesús en su aflicción
diga de veras: ¡Señor
me pesa; no más pecar!

A la quinta palabra
¡Sed!, dice Cristo que tiene.
Más, si quieres mitigar
la sed que le llega a ahogar,
darle lágrimas conviene.
La hiel que le brinda un ministro,
si la gusta, no la bebe.
¡Cómo quieres tú que pruebe
la hiel de tu culpa, Cristo!

A la sexta palabra
Con voz quebrada, tu Dios
yhabla ya muy desmayado
dice que, del pecado,
la Redención consumó.
Ya, Jesús, se vé expirar;
ya, Jesús, se vé morir;
¿Quién, pues, no llega a rendir
la vida con el pesar?

A la séptima palabra
A su eterno Padre, ya
su espíritu le encomienda.
Si tu vida no se enmienda,
¿en qué manos parará?
En las tuyas, desde ahora,
mi alma entrego; Jesús mío,
no me mires con desvío
en aquella fatal hora!

Como fin, se considera, por quien predica, el pasaje evangélico de San Lucas: “Et haec dicens expiravit” –Y Jesús, en diciendo estas palabras, expiró. Concluida esta consideración, vuelve el coro, con igual melodía, a cantar. Y lo que canta ahora es este:

FINAL

Ya murió mi Redentor,
Ya murió mi Padre amado,
Ya murió, en la cruz clavado,
Mi Dios, mi Padre, mi Amor.

Todavía, cuando ya parece que todo ha terminado, queda aún un grande momento emocional. Envuelta en nube de incienso la Imagen del Señor, todos los presentes, de rodillas, cantan el Credo: “Credo in unum Deum, Patrem omnipotenten factores caeli et térrea...”
Ya que hoy, por causas diversas, no se pronuncia el Sermón de las Tres Horas, sirvan estas líneas de ayuda para perpetuar su recuerdo...”

jueves, 2 de abril de 2009

Los Alabarderos

Hemos recuperado de nuestro archivo, este interesante artículo que Antonio Burgos escribió en una de las últimas revistas de Semana Santa, que se publicaron por los años sesenta y que completamos con fotografías de los Alabarderos y otros personajes que él describe.

Los Alabarderos

Artículo de Antonio Burgos
Publicado en la Revista de Semana Santa de Guadalcanal año 1962

Bajo plumas vistosas y temblonas, entre latas, relucientes a trancas y barrancas, vestido el ropón de terciopelo, que aún olía a la flor de la naftalina –abierta todo el año en el fondón de un armario familiar y nostálgico-, calzadas las sandalias que mal que bien simulaban sobre el suelo el paso legionario, cubiertas las piernas con las mismas medias color carne que en las tardes de toros impedían ver el miedo que corría por las piernas de los asendereados peones a tres cuarto el capotazo, allí iban ellos ascendiendo los últimos empedrados. Senado y Pueblo Romano, todo en una pieza, dando alegría verdadera y fingida romanizada la Semana Santa del Pueblo, la que Anfión nunca había visto y presentía ahora desde la nostalgia de la ciudad, precisamente cuando en El Paraíso empezarían a verdear los primeros árboles y en la Plaza empezaría a brotar el azahar, mientras las campanas seguirían llenando con sus tañidos las tardes de muerto, yendo Villita enfrascado en cantar con voz atinajada los versículos del Miserere, abriendo Víctor el Tonto la fúnebre comitiva –porteador del estandarte negro y extraño- calle Libitiana adelante, y preparando el Pregonero la tierra que cubriría durante siglos al muerto reciente, que vuelve el polvo al polvo, y –tire por donde tire- gira siempre el año sobre sí mismo y viene por fin a parar sin más remedio en la Semana Santa, nada más aflorar la primavera por detrás de las sierras del horizonte.
Pensaba Anfión en los “alabarderos” y no podía figurárselos. Y en su soledad creaba un extraño sonido, que podía ser el de sus tambores, o era despertado a veces por unos metálicos cantos de gallo, que muy bien podían ser sus clarines estridentes. Pasarían los “alabarderos” por delante del Casino, marcaría la chiquillería el paso en la esquina de la calle de las Sombras, junto a la plaza de Abastos (“Abasto”, según rezaba oficialmente su azulejería) y habría en esa misma calle de las Sombras una muchacha triste de ojos entornados que lloraría ausencias imposibles, mientras que –en la ciudad- Anfión recordaría aquel mundo y se dolería de que nunca más pudiera regresar a él, lo mismo que nunca más podría tomar en “La Esquina” –la tasca en cuya pared colgaban el pizarrón del cine de verano- una caña de blanco el muerto que con tanta, tan alta y tan bien pagada campanería había sido enterrado en una primera tarde de setiembre, cuando en El Llano se empezaba a levantar el esqueleto de la feria y medía “Trócolez” –gorra municipal, bastón y cinta métrica en la mano- el terreno que habrían de ocupar los “güitomas”, la yerba que arrancarían nuevo caballo de Atila las “carmelas” o la tierra sobre la que durante varias noches habrían de girar incansablemente y ruidosamente las “burras guasonas”
Pensaba Anfión en los “alabarderos” y allá iban ellos desfilando procesionalmente por su memoria –lo mismo que “el Amarrao”, los verdes, los blancos, los moraos, los negros la Soledad, el Santo Entierro o Nuestro Padre Jesús- y no eran más que puras teorizaciones de una Semana Santa que nunca había visto transcurrir entre los olivos, ya que cuando él iba al Pueblo –¡ay, infancia que no vuelve!- era en verano, cuando paseaba la gente por el Paraíso o subía la Banda Municipal jolgoriosamente por la calle de las Piedras (hoy del Poeta Romántico) llenando la alborada del diecinueve de agosto con notas de pasodobles tristes, que también se pone triste la música que de por sí es alegre en cuanto se pone a conmemorar el recuerdo de los muertos antiguos y de las guerras injustas. Pensaba Anfión en los “alabarderos” y allá iban ellos subiendo por las últimas calles bajo sus plumas vistosas que hacía ondear el viento de la sierra, entre unas armaduras de lata que en sidol y bicarbonato se habían encargado de desenmohecer y hacer relucir a trancas y barrancas, vestidos con los ropones de rojizo terciopelo que aún olían a la largamente florecida naftalina y calzados con las sandalias que mal que bien simulaban el paso romanamente legionario sobre los empedrados y las calles lloviznadas de gotones de cera, mientras tenías las piernas cubiertas con las mismas medias color carne que llevaban los toreros que aquella vez fueron al Pueblo en la apenas recortada feria del año cincuenta y dos, pocos años después de la batalla campal entre gitanos, en la que tan gloriosa y decididamente actuara “Trócoles” aquel año en que vinieron unos señores de Madrid y montaron en El Llano una improvisada, portátil y desmontable plaza de toros.