jueves, 6 de agosto de 2009

Nuestros poetas

Hoy les queremos hablar de nuestros poetas y escritores. No vamos a realizar un estudio profundo de ellos, pero si comentarles una coincidencia en todos ellos. Todos ellos han recibido el mismo tratamiento en la conservación de su legado en Guadalcanal.

Juan Antonio Torres y Salvador “Micrófilo”. Tuvo que ser Juan Collantes de Terán, el único que intentara conservar algo de este escritor nacido y muerto en Guadalcanal, pero de poco valió, ya que lo que logró conservar, otros -pensamos que por ignorancia- lo destruyeron para siempre. Lo que a continuación extractamos de su artículo, habla por sí solo:

“… La expresada descripción del pue­blo corresponde, en líneas generales, a la villa en donde doce años más tarde nace Juan Antonio de Torre Salvador, el día 15 de diciembre de 1857, hijo de Lucas de Torre y de Sa­lomé Salvador. Era su padre natu­ral y vecino de Llerena; ascendencia soriana y palentina llevaba en su sangre, lo mismo que su madre que llega al pueblo acompañando a sus hermanos sacerdotes, quienes ejer­cerán su ministerio sagrado junto con la administración de diversas fincas. Fruto de ese matrimonio na­cerán los siguientes hijos: José, que se casará con la cazallera Dolores Pérez, Miguel que lo hará con Car­men Caballero, Juan Antonio -a quien dedicamos estas líneas-- y Norberto casado con Ana Franco-Romero Castelló, la cual a la muerte de su marido se desposa con su cuñado Juan Antonio; sin embargo, es­tos serían sus primeros esponsales ya que, estando viudo muy poco tiempo antes de morir, casó nuevamente con la malagueña Aurora Fuster Gallardo, de veinticuatro años, que vivía por entonces en Guadalcanal. Del primero de sus matrimonios tu­vo una única hija, Ana María de To­rre Franco-Romero, que murió el mismo año de su padre, a los diez y ocho años, a consecuencia de una tuberculosis pulmonar.Ignoro en estos momentos por qué motivos familiares Juan Antonio de Torre estudió primera y segunda en­señanza en el Colegio de las Escue­las Pías, de Getafe, incorporado al Instituto San Isidro de Madrid pri­mero, y en el Colegio de Villacarrie­do que dependía del Instituto de Santander después. De la misma forma que ignoro las razones que le llevaron a realizar los exámenes del grado de bachiller en Artes, el año 1865, en el Instituto de Valladolid. Al matricularse en la Universidad de Sevilla para comenzar sus estudios de Derecho vivía en el número ocho de la calle Placentines de aquella ciudad; y cuando en 1869 se vuelve a matricular en las asignaturas que le quedaban pendientes en la misma Facultad, vive entonces en la calle San Eloy, por lo que llego a sospe­char que se trata de las diversas pen­siones donde se alojaba cuando iba a Sevilla a inscribirse o matricular­se en la Universidad. Durante el cur­so académico de 1877-1878 aparece como alumno de Derecho en la Uni­versidad Central de Madrid; para volver de nuevo a Sevilla donde de­be concluir sus estudios, aunque no me consta que terminara definitiva­mente la carrera de Derecho, ya que en 1880, viviendo en la calle Arguijo, frente a la Universidad, no se pre­sentó al examen de ninguna de las tres asignaturas en que estaba ma­triculado todavía. Después ya no se tienen más noticias.Muy joven comienza a colaborar en importantes revistas científicas y literarias españolas, especializán­dose enseguida en estudios sobre antropología, etnografía y folklore, manteniendo estrecha amistad con Antonio Machado Álvarez, padre de los poetas Antonio y Manuel; y así como éste utilizó con frecuencia el seudónimo de "Demófilo", muchos trabajos de Juan Antonio de Torre están firmados con el de "Micrófilo". Formó parte de la Sociedad de Bi­bliófilos Andaluces, que presidía en Sevilla el Duque de T'Serclaes, su hermano el Marqués de Jerez de los Caballeros, Rodríguez Marín, Co­llantes de Terán, Montoto, Guichot, Asencio y otros eruditos sevillanos, que se preocuparon por editar bellí­simamente libros incunables y raros sobre temas andaluces. Juan Anto­nio de Torre Salvador asistió con frecuencia a las más importantes ter­tulias sevillanas de la época, caracterizándose por su espíritu mordaz y cáustico.Su libro más importante se titula "Un capítulo del folk-lore guadalca­nalense", publicado en Sevilla, en la imprenta de Francisco Leal y com­pañía, en 1891, muy difícil de encon­trar hoy día. Era Torre, además, desde muy joven redactor y colabo­rador de "La Enciclopedia", una re­vista científica y literaria, “El Alabardero”, “El Posibilista”, un diario democrático de intereses materiales, ciencias y noticias, según se expresaba en un subtítulo, “Folk=re Andaluz”, entre otros; escribió en varias ocasiones en el “Boletín Folk=lórico Español”, en el periódico satírico “Perecito”, en “El Aviso”, “Miscelánea” y otros. Asimismo fue director de “El Pacto”, un periódico republicano federal que se publicaba en Sevilla entre 1886 y 1887; también fue el último director de “El Cronista”, diario político mercantil, así como del seminario festivo titulado “Sevilla en Broma”, que comenzó a publicarse en abril de 1883 y sólo alcanzó diez y seis números. Colaboró igualmente en periódicos y revistas extremeños.Enfermo de una grave lesión pul­monar residió los últimos años de su vida en el pueblo que le vio nacer. Aquí murió y la fría redacción del acta de defunción no puede ser más escueta y trágica; dice así: "En Gua­dalcanal, a las once del día ocho de febrero de 1903. Juan Antonio, edad cuarenta y cinco años, ocupación propietario, domicilio en calle Gua­ditoca número 6, y murió a las diez y seis del día 7 de febrero en su do­micilio, a consecuencia de un ataque de disnea // Estaba casado en el ac­to del fallecimiento con doña Auro­ra Fuster Gallardo y que lo estuvo en primeras nupcias con doña Ana Franco-Romero y Castelló, de cuyo matrimonio deja una hija menor de edad, llamada María de Torre Fran­co-Romero.// Que no otorgó testa­mento y que a su cadáver se habrá de dar sepultura en el Cementerio Civil de esta población". (Fol. 377, núm. 11).Así ocurrió. Hace algunos años Pedro Porras y yo, con la ayuda de Rafael, el sepulturero, pudimos re­construir trozo a trozo la lápida de mármol que inútilmente, debido a la acción del tiempo, cerraba de ma­la forma su sepultura. Entonces pu­dimos averiguar, según se expresa en la piedra, que fue costeada como “tributo de amistad de D. Sebastián Gómez Ferreira". Era entonces también lo que quedaba del recuerdo de un importante personaje de Guadalcanal; y como ocurre con frecuencia, la trágica frecuencia de siempre, en este caso la tierra no le fue leve en su tierra. Vaya en esta ocasión un sincero recuerdo a su memoria. Juan Collantes de Terán…”

Hasta aquí el artículo de Collantes de Terán. Como complemento del mismo según la investigación que hemos realizado, podemos decir que el Cementerio Civil desapareció hace veintitantos años, y que los restos de los que estaban enterrados en él, pasaron al Cementerio Católico de San Francisco. Sólo los que tenían familiares conocidos, fueron ubicados en nuevas sepulturas, pero nuestro Micrófilo, al no tener familiares, ni ser conocido por las personas que gestionaron el traslado, ignoramos si fue trasladado al osario general, o se quedó reposando en la tierra en que fue enterrado en 1903.

Nuestro amigo José Mª Álvarez escribió sobre él en la Revista de Guadalcanal del año 1990 y nos amplió un dato que es el que le une a los otros dos poetas. Decía entre otras cosas:

“… Ni si­quiera descen­dencia de la familia Torre queda hoy en Guadalcanal, ya que según parece los úl­timos miembros e­migraron a Argentina an­tes de la última G­ue­rra Incivil. Pre­cisamente pocos años an­tes de la contienda, en la que fue casa de los Torre, si­tuada en la calle Guadi­toca, se produjo el triste espectá­culo que parafraseando a Cervantes se podía titular: "Del donoso y grande escrutinio que el cura y el médico hicieron en la librería de nuestro impío escritor". La llama de la intolerancia redujo a ce­ni­zas los libros de la biblioteca de Micrófilo que se consideraron nocivos para el orden público y las buenas costum­bres, entre ellos un ­ejemplar en pergamino de la Con­stitución de 1812, la popu­lar "Pepa" .
En el nuevo barrio levantado en Guadalcanal, a es­pal­das de los Grupos Escolares, se recordó a uno de los escri­tores guadalcanalen­ses c­onsortes, el poeta de Guareña, Luis Chamizo, dándole su no­mbre a una ca­lle . ¿Por qué no recor­dar a Mi­crófilo?. Tras haber sugerido sin éxito agradecer al farmacéutico ca­talán Joaquím Isern sus afanes en documen­tar en el Archivo de Indias el descubrimiento de la isla de Guadalcanal, lanzo la peregrina idea de rescatar a Micrófilo del olvido y des­conocimiento de los actuales gua­dalcanalen­ses. Con la se­gu­ridad de que no se me va a h­acer caso, hasta me atrevo a re­dactar el texto de una hipotética placa que bien podría es­tar situada en la fachada de la Biblioteca, cobijada bajo los frondosos árboles de "El Palacio", y que podría decir más o me­nos:

En memoria de JUAN ANTONIO TORRE Y SALVADOR "MICROFILO"

(Guadalcanal 1859- Guadalcanal 1903).
Periodista, poeta y folklorista Autor de "Un capítulo del folk-lore guadalcanalense"
editado en Sevilla en 1891. Su pueblo agradecido.
Guadalcanal ....19..."

Por último, de Micrófilo no queda ni calle que le recuerde, ya que la que le dedicaron (actual Santa Clara) se la quitaron al final de la Guerra Civil.

En cuanto a Adelardo López de Ayala, aunque ha tenido un mejor tratamiento por las personas de Guadalcanal, se mantiene con su nombre la calle donde nació y se conserva un monumento en la Plaza de España, sus herederos han conseguido erradicar cualquier vestigio de su paso por Guadalcanal. Según hemos podido saber, pocos días antes de morir la última López de Ayala (Manolita), varios camiones de anticuarios arribaron junto a su casa y arramplaron con todo lo que había en ella: muebles, esculturas, enseres y naturalmente, la importante biblioteca que el autor de El Tejado de Vidrio, había reunido en Guadalcanal. Dos cosas pues unen a estos dos primeros poetas, la masonería y la destrucción de su biblioteca. Por último, según hemos podido saber, la casa de López de Ayala ha sido vendida –en el testamento sólo estaba legada a la heredera en usufructo- y pronto la veremos convertida en otra “casa rural” para los veraneantes.

El tercer poeta, aunque no nació en Guadalcanal, si vivió en ella muchos años, tras su casamiento con Virtudes Cordo. El Ayuntamiento le dedicó una calle y colocó una placa en la casa donde vivió. Sin embargo sus herederos, primero desmantelaron lo que fue la bodega que él montó con las tinajas fabricadas por su padre. Por último hace pocos años, la biblioteca que se mantenía en su casa de la actual calle Costalero, se trasladó a Badajoz. Tercer poeta y tercera biblioteca perdida.

Por último tenemos a Andrés Mirón, autor de más de treinta libros de poemas y poesías y del libro sobre la “Historia de Guadalcanal”, que tuvimos la suerte de editar. Falleció un lluvioso mes de octubre del año 2004. Tuvo que morir para que el Ayuntamiento le concediera el título de Hijo Predilecto de la Villa, y se rotulara con su nombre la calle donde nació. Pero más triste es –para el que escribe- enterarse de que la biblioteca que tenía en su casa de la calle Santa Ana, ya ha sido trasladada –creemos- a Sevilla. Cuarto poeta y cuarta biblioteca perdida. Pero en el caso de Andrés Mirón, aparte que nos dolió su pérdida, por la amistad que tuvimos en los últimos años, nos duele que su muerte nos privara de lo que era su idea para cuando faltara, que no era otra que conservar todo su legado en una fundación. Así se lo dijimos a sus hijas, pero ya ven, no sólo se ha perdido su biblioteca, sino que además, han puesto en venta su casa. El nombre que elegimos para este blog, es precisamente en recuerdo de su último libro “Otoño en Benalixa” y pensando –ilusos de nosotros- que podía ser un anticipo de esa fundación que Andrés Mirón soñó.

No hemos tenido muchos poetas y escritores, pero el dicho ese de: “entre todos la mataron y ella sola se murió”, sí se lo hemos aplicado a todos. Por parte de los habitantes de Guadalcanal, por el desinterés que hemos mostrado en la conservación de sus legados. Por parte de sus herederos, por el interés que han mostrado en hacer desaparecer cualquier vestigio de su paso por Guadalcanal.

Queremos terminar con unos versos de Andrés Mirón:



Y AQUÍ SE ACABA TODO.
Este verano
volverá cuando, ausente, mi familia
explore mis carpetas,
este cuaderno de decir lo mucho
que debo silenciar por si se enojan
y pongan bocarriba
el clamor de este turbio balbuceo.
Y mientras me descubren,
todo será pensar que estaba urdiendo
alguna tesis importante
que me libere del terruño.
Pero yo me he dolido de que el aire
proclame la verdad de una sequía
que no ahuyenta del pueblo
la tristeza que acude por la tarde.
Aquí se acaba todo. Aquí se acaba
el tiempo de que disponía. Debo
volver a la ciudad. Allí me esperan
las prisas y las prosas.
Los poetas
seguro que van a sonreírse
cuando sepan que he escrito
lo que ocurre en un trozo de mi patria.
(No es cosa que me incordie. Lo que ansío
es conservar lo que me dieron).
Aquí se acaba todo. Cualquier tarde
el sol se ocultará tras el castillo
y dejará en el aire un crisantemo
clamando que el otoño
empieza a deshojar el paraíso.

5 comentarios:

José María Álvarez Blanco dijo...

Hola Ignacio, te felicito y suscribo todo lo que dices, excepto que discrepo en la calle que llevó nombre de Micrófilo. Según mi entender no fue Santa Clara, sino la actualmente llamada Dr. Antonio Porras, y que antes -(desde 1939 hasta el final del franquismo)- llevó el nombre de Calvo Sotelo, en el tramo comprendido entre el Banco Español de Crédito y el Cantillo de la Concepción. Esto tal vez lo puedes confirmar en el Archivo Municipal, dónde quizás esté el acuerdo de dar el nombre de la calle al fol-klorista. A este respecto describí, en una Revista de un año posterior al 1991, que al quitar la lápida con el nombre Calvo Sotelo, apareció por su dorso el nombre de Juan Antonio Torre Salvador "Micrófilo". Lamentablemente parece que a las dos lápidas habrá que darlas definitivamente por perdidas, salvo que tú las encuentres. De la que en vida llegó a tener Rafael Rodríguez Márquez -(la que estaba en la fachada de Banesto)- tengo una foto de pésima calidad, que voy a intentar encontrar. Si hay suerte y aparece ten por seguro que te encargaré un arreglo con el Photoshop.

José María Álvarez Blanco dijo...

En el comentario anterior, se me olvidó decir que en el texto de la lápida que propuse había un error de fecha. Dice que la muerte de Micrófilo se produjo en 1902, lo cual es incorrecto. Las fechas correctas del nacimiento y la muerte, ambos en Guadalcanal, de este escritor maldito fueron 15 de diciembre de 1857 y 7 de febrero de 1903 según la obra de Mario Méndez Bejarano, titulada "Diccionario de Escritores, Maestros y Oradores, naturales de Sevilla y su actual provincia".Tomo III, página 18, Sevilla, 1922. Tipografía Gironés, O'Donell, 13.

Lucas Pita dijo...

Leo con mucho interés las entradas de este blog y veo que no aparece como escritor o personaje famoso de Guadalcanal Lucas de Torre Franco-Romero, hijo de Norberto, hermano de Juan Antonio de Torre Salvador (Micrófilo).

Además de mi bisabuelo, era un importante escritor y militar, y estaría muy interesado en conocer cualquier rastro de su familia que pueda haber en su hermoso pueblo o cualquier información relacionada con su vida y obra.

Gracias, enhorabuena por su publicación y un saludo

José María Álvarez Blanco dijo...

Para el Sr. Lucas Pita:

Tengo publicada la biografía completa de su abuelo en dos partes: La primera en la Revista de Feria de Guadalcanal de 1995 y la segunda en la de 2017. Pongase urgentemente en contacto conmigoy le las mando

Mis tfnos 914164859 - 639251356
jmab280341@ gmail.com
q65es@telefonica.net

Lucas Pita dijo...

Como veo que no me ha llegado la información y por si acaso no le ha llegado mi correo, se lo incluyo en este comentario : Lucaspitasp@gmail.com

Gracias y un saludo
Lucas Pita de Torre